Arqueología, explorar lo inexplorado

(Fotos: IDEAus- CENPAT y APN)

Anahí Benegas y Ariadna Svoboda forman parte de un equipo que estudia el parque nacional próximo a Camarones; una de las áreas menos estudiadas por la arqueología del país. Allí encontraron las únicas pinturas rupestres de la costa atlántica y restos de entre 1.500 a 2.500 años de antigüedad.

Tallados en piedra: las puntas de flecha eran utilizadas para cazar guanacos (abajo, izquierda). Los lobos marinos eran cazados con unos artefactos que se llaman rompecráneos (arriba, derecha).

(Por Daniela Zamit) Un camino de ripio conduce desde Camarones hacia el Sur, donde se encuentra el ingreso al Parque Interjurisdiccional Marino Costero Patagonia Austral (PIMCPA). La estepa domina el paisaje continental con arbustos y pastizales que se sacuden y silban cuando el viento los atraviesa. Reparo, escondite, alimento y hogar de guanacos, choiques, maras, pingüinos y otras aves. La riqueza natural se revela a los ojos sin apuro, atentos y silenciosos. La belleza del paisaje es abrumadora.

Sin embargo existe otra riqueza menos accesible aún: los rastros de vida de grupos que poblaron el lugar miles de años atrás. Este área es una de las menos estudiadas por la arqueología en nuestro país, solo cuenta con algunos escasos estudios realizados en los años 90 y una somera caracterización de los sitios arqueológicos realizada por profesionales de Parques Nacionales durante la elaboración del Plan de Gestión. Está todo por descubrirse, el lugar es un tesoro arqueológico. En el área se hallan, por ejemplo, las únicas pinturas rupestres de la costa atlántica.

Ariadna Svoboda y Anahí Banegas son arqueólogas del Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus) del CONICET-CCT CENPAT, en Puerto Madryn. Cuando terminaron sus doctorados decidieron poner la lupa en Camarones. Comenzaron su investigación con el objetivo de conocer la antigüedad del poblamento y cómo fue evolucionando a través del tiempo el modo de vida de los grupos cazadores-recolectores que habitaron este sector costero. Ya obtuvieron los primeros resultados.

“La antropóloga Soledad Caracotche, de Parques Nacionales, realizó un relevamiento y frente a la abundancia que halló y el estado de conservación, algunos sitios estaban muy expuestos y en riesgo, nos convocó para empezar investigaciones. Lo que tiene de destacable este área de la costa de la Patagonia es que todavía no había recibido ninguna investigación arqueológica sistemática”, detalló la comodorense Ariadna.

El grupo de investigación liderado por Julieta Gómez Otero -que cuenta con 30 años de experiencia en la zona– realizó desde fines de 2017 unas tres campañas. Luego en el laboratorio estudian los materiales hallados: fogones, pinturas rupestres, talleres líticos, algunos chenques, cerámicas, restos de animales que servían de alimento, entre otros elementos de importancia.

El año pasado conocieron la antigüedad de los carbones hallados en uno de los fogones y constataron por el método de datación por radiocarbono, que se remontaban a unos 1500 a 2500 años. Julieta Otero obtuvo dataciones para la zona que llegan incluso a los 7000 años antes del presente. Según Anahí este “es el rasgo esperable de antigüedad que se conoce, no quiere decir que en algún momento no aparezcan fechados más antiguos… ¡esperemos que aparezca algunos!”.

Para Ariadna era importante conocer ese pasado, estudiarlo y contribuir para que se preserve. “La arqueología tiene mucho para aportar en ese sentido -sostiene Anahí-. Nuestras investigaciones buscan conocer cuál fue la antigüedad del lugar, cómo vivían, de qué se alimentaban, qué tipo de tecnología tenían”.

En el campo: la investigadora Ariadna Sbovoda.

Llegan al campo llenas de preguntas y equipos; regresan con algunas respuestas que funcionan como piezas de un enorme y complejo rompecabezas, además acarrean el cansancio de las horas de caminata al sol y del traslado del material que suele estar alejado de los caminos.

Las primeras piezas de rompecabezas con las que cuentan están echadas en la mesa, y son las investigaciones que anteceden ¿Qué conocen hasta ahora?

El equipo de trabajo ya registró toda la parte norte del parque que es donde los sitios arqueológicos corrían mayor riesgo al quedar expuestos y desenterrase por la acción del viento y el agua. Los más visibles son los denominados conchales, que son una especie de basurero donde estos grupos arrojaban los restos de fauna de vertebrados, de lobos marinos, peces, guanacos, restos de carbones con los q cocinaron y también restos de material lítico. Los restos óseos humanos son también muy vulnerables.

“En los sitios encontramos de todo lo que uno puede encontrar en arqueología de costa: concheros, materiales líticos -osea desechos en talla de piedra- también fogones con restos de comida, cerámicas y enterratorios humanos. En uno de los enterratorios el material fue levantado y lo llevamos al laboratorio con el permiso de la Secretaría de Cultura porque estaban realmente en riesgo, los otros los dejamos en su lugar y los hemos acondicionado para que no se sigan deteriorando. También los monitoreamos con la gente de Parques para ver si avanza o no la erosión sobre esos restos”, explicó Ariadna y añadió “encontramos arte rupestre que no es muy común, de hecho es el único lugar en toda la costa atlántica con pinturas rupestres, sí hay unos grabados que se encontraron en la zona del golfo San Matías, pero estas serían las únicas pinturas”.

La zooarquelogía, una subdisciplina de la arqueología, ayuda a través de diferentes tecnologías a  identificar las especies a las que pertenecen los restos hallados y reconstruir cómo fueron consumidos esos animales o, por ejemplo, saber si fueron trasladados desde lejos al lugar en el que fueron consumidos. En esta subdisciplina se especializó la Ariadna Sbovoda.

Sacando provecho del mar

Un aspecto interesante es el de la abundancia de lobos marinos de un pelo que registran antes de la explotación lobera ocurrida en los siglos  XVIII y XIX. Ariadna explica que hay evidencia que demuestran que estas poblaciones cazadoras-recolectores hacían uso de los recursos del mar con bastante énfasis, “más de lo que nosotros veníamos viendo en los 30 años de investigación arqueológica en la costa norte de Península Valdés. Los sitios tienen una abundancia de restos de lobos marinos muy alta, también registramos la especie que es el lobo marino de dos pelos, una especie que hoy por hoy está restricta a solo dos islas del parque y nosotros los estamos encontrando en tierra, en la parte continental, con una abundancia muy alta. Lo que nos  muestra esto es que en el pasado había otro paisaje ecológico ambiental”.

Además de moluscos recolectaban plantas, cuyo registro es más difícil de obtener porque no sobreviven en el tiempo como los restos de piedra o óseos. El uso de las plantas queda registrado en la cerámica y los morteros o a través de isótopos estables que se efectúan sobre los esqueletos humanos. Según las investigadoras, el consumo de plantas era muy alto.

“Lo que sabemos de las fuentes históricas que nosotros también lo tomamos para conocer esta historia, es que vivían en toldos, eran grupos chicos, de entre cinco y seis familias, cada familia la integraban cuatro o cinco personas, serían grupos de no más de diez o 15 personas. Pero sí había épocas en el año en que se reunían, entonces había una fusión y fisión de los grupos”, explicó Anahí. Según la investigadora físicamente eran parecidos a los tehuelches, tenían  contextura alta, lo que conocen a partir del análisis de los huesos. “En nuestro equipo quienes se encargan de la antropología biológica, estudian los huesos y estiman la estatura. Las mujeres medían en promedio 1,67 metros y los hombres 1,70 ó 1,75 metros, eran altos” describe la investigadora.

Según Benegas los grupos analizados demostraron poseer cierta complejidad. “Lo vemos a través de sus manifestaciones artísticas, de su tecnología, del conocimiento que tenían del medio en el que vivían y las especies que consumían. No son grupos primitivos en términos de sencillos, tenían una organización social que fue útil para ese medio”, agregó.

Aunque los objetivos por el momento es culminar la etapa de relevamiento del parque y conocer los lugares que corren mayor riesgo, las investigadoras proyectan afrontar nuevos trabajos en el sector Sur, en Bahía Bustamante, Bahía Aristizábal y en sitios arqueológicos que han aparecido en algunas de las decenas de islas que posee el parque.

“A largo plazo queremos salir de la costa, ir hacia el interior unos 30 kilómetros para  conocer cómo se relacionaban con la costa. Las primeras preguntas son conocer la antigüedad, ir viendo las tendencias en la dieta y contrastarla con el registro de los huesos humanos para ver qué nos dicen sobre la alimentación”.

Un análisis químico que se realiza sobre las piedras permite obtener información sobre la fuente de donde fueron extraídas, de esa manera pueden establecer redes de intercambio y circulación de materias primas. Según describen las investigadoras los resultados hasta ahora muestran que están más relacionados con el sudoeste de Santa Cruz, el área conocida como Pampa del Asador.

Juntando piezas, reconstruirán hoy una historia que comenzó miles de años atrás, pero en la que también se sustenta el futuro.

En campaña: (De izq. a der.) Soledad Caracotche, Julieta Gómez Otero, Anahí Banegas, Ariadna Svoboda y los guardaparques que colaboraron.

Piedra libre para el patrimonio

-¿Qué debemos hacer cuando encontramos algo?

-Anahí Benegas: Lo más importante es no levantarlo, saber que hay una Ley Nacional que protege el patrimonio arqueológico y cuyo organismo de aplicación es la Secretaría de Cultura de la provincia de Chubut; ellos son los que regulan, protegen y ponen en valor este patrimonio. Cuando uno sale a caminar, antes era una práctica común que los pobladores levantar el material, muchos sin saber, pero lo importante es no levantarlos, sacarle una foto, si pueden tomar la posición con GPS y dar aviso. Si hay un equipo de arqueología avisarles o a la Secretaría de Cultura de la provincia porque ellos a su vez dan aviso a los arqueólogos. Lo importante es no levantar. Incluso si el lugar es privado. Los coleccionistas privados pueden dar a conocer su colección a la Secretaría de Cultura. Ellos son tenedores oficiales, en la Secretaría no se la quitan pero sí tienen que registrarla para que entonces cualquier investigador que quiera estudiarla puede localizarla y saber que está a disposición.

-Ariadna Sbovoda: A veces los coleccionistas, que hay muchos, tienen cierto miedo de mostrar su colección, de que se la saquen. Cuando las colecciones ya están formadas pueden dar aviso a las Secretaría de Cultura y de alguna forma “blanquear”su colección y que no pierda su valor. A veces sucede que las personas que tienen colecciones fallecen y las colecciones quedan en cajas, la familia no sabe qué hacer y se pierde el contexto de dónde fue hallada esa pieza; así toda la colección pierde su valor. Hay diferentes formas de conocer, el conocimiento que pueda aportar un coleccionista, el que nosotros aportamos desde la ciencia, el de las comunidades. Estamos siempre abiertos a recibir a otras personas para que nos cuenten, para que se integren con el trabajo científico y también para que se comprometan con el patrimonio que es de la humanidad, no es nuestro, ni de los coleccionistas, ni de nadie.

Integrantes equipo: JulietaGómez Otero, Anahí Benegas, Ariadna Sbovoda, Soledad Caracotche, Guillermo Gutiérrez (arqueólogo subacuático), Gabriela Millán, Laura Parolín, Silvia Dahinten (antropología biológica).

Pueblo histórico: “Camarones fue recientemente declarado Pueblo Histórico y Pueblo Auténtico por los Ministerios de Turismo y Cultura de Nación en el marco del Programa Pueblos Argentinos. Este programa espera potenciar los beneficios derivados del turismo como oportunidad para el desarrollo territorial. Para ello propicia la revalorización y apropiación del patrimonio natural y cultural como parte de la identidad local de pueblos con características únicas y distintivas. Bajo este enfoque, resulta esencial el conocimiento del patrimonio arqueológico y el trabajo conjunto con la comunidad local”.

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