Gastón Ergas: Sudestada

“Trae aire fresco y nuevo, sopla desde el sudeste provincial y patagónico. Ahí vamos resistiendo”, impone quien, hace tres décadas, maneja las riendas del entretenimiento en esta ciudad. La pandemia cambió las reglas. Y, no sólo en ello se inmiscuye, con sus cinco décadas a cuesta, don Gastón Ergas.

(Por Marcelo Melo) La pandemia que nos recubre y amenaza, aleja, promueve el distanciamiento como arma para detener los contagios, mantenerlos a raya. Si nos metemos en una sala de teatro, cine, de expresión artística, hasta las coreografías tienen en cuenta los dos metros.

DOM fue al encuentro de quien lleva las riendas de los alojamientos de la expresión, sea pantalla mediante, o con el cuerpo y el alma enfrentando -libreto mediante- al público. Los cines, Teatro Español y Coliseo, la historia de la representación en la ciudad. Hoy, están atravesados de lleno por una realidad que les exige achicarse, recepcionar menos público, y tomar medidas inevitables que lleven a que el virus no se propague.

Gastón Ergas, desde su Patria amada, el Kilómetro 3, aborda el desafío de explicar cómo la está llevando, fomentando la industria del entretenimiento y reflexión, a partir de encender la proyectora y dar de lleno en la pantalla.

“La única salida es para adelante. No miro -tanto- para atrás, a los 51 pirulos, pero soy de memoria activa. Digo, ¡construyo y reconstruyo como actitud y sentido!  Nací en un hogar peronista. La injusticia social se estudia pero, sobre todo, se siente y se vive; y el peronismo, además de una ideología, es un sentimiento, “una sinfonía”, diría Favio. Esta sensación de tierra arrasada, que dejó en el 2019, el neoliberalismo, se repite. Es la misma política, que hospedó a los tradicionales partidos populares argentinos: en los 90 el peronismo y en los 2000 radicalismo; y luego nuevamente, en 2015, al radicalismo. Quiero superar esta contingencia económica en la que estamos, luego de un año fuera de pista y con 20 familias, sin dejar a ninguna en la calle. Pero, sobre todo, deseo prioridad: que se detenga la muerte de millones de personas del planeta, invisibilizados, desconocidos, gente amiga, conocida, y salir uno vivo de este laberinto de temor, estrés y preocupación que agregó esta triste y mortal pandemia” inicia su diálogo con DOM, quien ya cruzó medio siglo.

El panorama que expande, de entrada, es acuciante y asusta. “¡El cine no escapa a tal realidad! Casi un 30 % de las salas cerraron en 2020. La mayoría, cines de pueblo, salas municipales del estado e instituciones intermedias, cines de empresarios familiares argentinos que no pudieron resistir. Obviamente, la capacidad de adaptación de las empresas transnacionales de publicidad, producción, exhibición y distribución de cine es formidable, y seguramente avanzarán en la concentración del mercado. Depende de nosotros y nuestra inteligencia, que no se si debe estar anclada en la lucidez del marketing.

La única salida es humana y solidaria. Y trabajar para censurar esta porno prohibida para menores de 100 años, de quienes quieren seguir estableciendo reales privilegios de dueños del mundo, comportándose como violadores seriales, pretendiendo seguir abusando con guerras, guita y cultura hegemónica, de la diversidad natural, cultural y humana. Creo que esta es una tarea urgente”. No solo esta “condicionada triple xxx” confesión realiza, sino que proyecta, ya que estamos, sus sueños de realizador audiovisual. Se abre el telón.

Siendo parte del engranaje de la industria, con tres décadas de laburo encima ¿cómo fuiste afectado? por medidas que fueron inevitables…

Pues, con mucha fuerza y virulencia. Muy difícil. Los costos allá arriba (por la desfachatez de los shocks cambiarios e inflacionarios de sectores verdaderamente privilegiados de la economía, que en medio de la tragedia aumentan precios y tarifas desmesuradamente) y la recaudación en el 30%, por el aforo de ingreso a sala, con el lógico protocolo de distanciamiento social obligatorio.

Siento que es peor el remedio que la enfermedad, al reabrir, pero no queda otra. Mi hijo Joaquín dio sus primeros pasos en la sala del Cine Teatro Español en 1993. Hoy es mi socio y, con mi primo y varios compañeros de trabajo incondicionales, que nos acompañan con fuerza, armamos la producción por completo -hasta embolsado de pochoclos para llevar a los kioscos barriales-, generar la fuente de ingresos, parar esta sangría económica indetenible. Tuvimos la oportunidad de trabajar en el proyecto Autocine Municipal -con otras pymes de espectáculos-, poder flotar en este año cerrado. ¡En fin! Créditos, manos, ayuda mutua que brindamos y nos brindaron! ¡Así vamos, remando sin parar!

¿Cómo avizorás el futuro, cercano y lejano, post pandemia, tanto para la fase cultural, como el escenario de la economía que imaginás?

Lo vamos a superar. Vivimos un tiempo líquido. No es previsible, hay que adaptarse o perecer, es muy darwiniano, desde lo psicológico también. Las estructuras se van hacienda laxas, tenés que fluir, la disrupción, el cambio brusco, palabrita que caracteriza a los neoliberales de la escuela de Chicago. ¡Ya está! ¡Nueva Roma ya está, te cura o te mata!, como dice el Rock.

Ser flexible, estar lúcido y fluir. No es fácil, a mí me cuesta. Soy de sangre caliente, si no controlás las emociones, que nos detonaron a todos, por estos días de agobio y angustia ¡te electrocutás!

Son desafíos profundos, mar de fondo fuerte. Nuestra empresa se llama Sudestada, que no es sólo un viento sureño. Trae aire fresco y nuevo, sopla desde el sudeste provincial y patagónico. Ahí vamos resistiendo, con nuestra naturaleza y junto a ella. Madre naturaleza, a la que tratamos cada vez peor. Estamos muy preocupados con las pandemia, pero más aún: atentos al cambio climático y la contaminación. En ello, igualmente voy a trabajar.

Hay que parar la pelota y dejar de emitir CO2, !Ya!. Veo un cambio de eje en las políticas, y en el tablero de predominio de los países y potencias del mundo. Querían un cambio y ser disruptivos. Bueno, bánquense el cambio, hay otro mundo en Oriente. Bueno, hoy los tenemos inyectados en nuestros brazos, por motivos de salud pública y que no significan brazaletes de nacionalidades.

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¿Continuarán quizás las políticas buitres?. De capitales financieros que aparecen luego de las tragedias y con la muerte, para saquear recursos humanos, naturales y económicos, que desembarcan tras las catástrofes naturales a comprar, a precio vil, la tierra y las empresas arrasadas y devastadas por los acontecimientos naturales, las pandemias y por las crisis impuestas, para poder repartir miseria y seguir concentrando recursos. ¡De nosotros depende!

Como me dijo un periodista una vez al aire en una radio: “¡Andá, andá Vos! ¡Andá a dar Cine Americano!” Y la verdad que no es tan binaria la cosa. No es ponerse un tatuaje o una inyección de marca de un establecimiento ganadero. Hay un pueblo Americano lúcido, humano, intelectual y artístico que, como en Argentina, China, Haití o Bangladesh, que valora lo positivo de cada expresión cultural e impulsa el cine como industria. Después hay un poder corporativo que lo pervierte todo. Utiliza el arte como método de propaganda o política exterior en la guerra cultural. ¿Eso les legitima el cine? Y, ¡nooo! ¡El cine es una de las tantas bellezas culturales de expresión de los pueblos! La Industria y la escuela de cine Americano han hecho un gran aporte a la Historia de la Humanidad.

¿Cuáles de tus sueños iniciales, esas jugarretas del imaginario que proyecta, no haz alcanzado hacer realidad y te gustaría concretar?

En exhibición de cine, voy a seguir apostando, con esperanza, a los fenómenos concentracionarios humanos masivos. Por suerte, yo opté por salas grandes y en el momento se abrían salas chicas. Hoy, eso ayuda cuando podés meter solo 1/3 de la gente. Tenemos que seguir resistiendo y sumando con actitud esperanzadora en salud pública, situación de normalidad, que tenemos el deber de recuperar.  A nivel de producción audiovisual, tengo ganas de dirigir documentales de naturaleza en Patagonia, con Panorámica, una productora de publicidad y documentales, en la que soy socio con mi hijo Joaquin, y Emanuel Díaz, un amigo director de fotografía, editor y también productor.

Cuando estaba empezando a poder generar más tiempo para ese espacio, y dedicarme a lo que más me gusta…¡nos cayó la pandemia y acá estoy ahora, juntando los pedazos, para volver a empezar!

A nivel salas de Exhibición, presenté a las autoridades del colegio Dean Funes y al intendente Municipal, Juan Pablo Luque, el Proyecto de Recuperación y Puesta en Valor del CineTeatro Dean Funes, para que el Municipio tenga su Cine Municipal, proyecto para seguir trabajando, con la arquitecta, Marina Villelabeitia, una amiga y además reconocida profesional en la material. Ella me acompañó en el proyecto de restauración del Cine Teatro Español, que en 2005 fue gestionado por el entonces Senador Marcelo Guinle, durante la presidencia de Néstor Kirchner, como Monumento y Patrimonio Histórico Nacional.

Gestionamos, en 2010, el Espacio de Cine Argentino, apadrinados por Leonardo Favio. Apertura del Km 1810 del Incaa, que se proyectó por años. Y en 2012, la apertura de la Estación Federal de Cultura del Plan Nacional de Igualdad Cultural,  Sistema de Transmisión Simultánea de Eventos, desde el Centro Cultural Kirchner de la Capital Federal, equipamiento y antena vigente en la sala. A la espera de poder restablecer ese circuito que cerró la era Macri. Esos son mis sueños y proyectos por delante: no fundirme con Sudestada, que es la sangre del proyecto y que nos da de comer; y si Dios quiere, seguir mejorando como pyme.

¿Cómo te relacionas con la ciudad y personajes, empresarios etc, de la Ciudad de la Furia según Cerati, “donde atiende Dios”, según el tango?

Tengo la mejor relación con la mayoría de los medios, con este medio, Diario Crónica, la Familia Zamit me acompañó incondicionalmente, siempre, desde el inicio y se sumaron sin problemas. También la familia González –Párez, del Diario Patagónico, luego compró Grupo Indalo y, también, siempre acompañaron. Tengo buena onda con casi todas las radios.

Trabajé bastante equilibradamente con casi todas las gestiones Municipales, el Cine Teatro Español, es una Institución de la Ciudad. Y tratamos de gestionarlo para que confluyan -en él-, la diversidad de propuestas y corrientes de organización de producciones de eventos.

En Buenos Aires, muchos amigos y colegas en las distribuidoras. Viví años allá y sigo en contacto virtual. Me dicen que estoy un poco loco, que me dedique a vender cine pochoclero, pochoclos y me deje de joder -ríe-. Pero bueno, vió cómo es esto de la identidad, e intentar ser lo más coherente y consecuente posible, con uno mismo y su palabra.

¿A qué debería apostarse en estos momentos, más con el manto pandémico, a fortalecer, realizar, comenzar a llevar a cabo desde el plano municipal?

Creo en este proyecto político, en las personas que están llevando adelante la gestión municipal, más aún en este tiempo difícil, colaboro en lo que puedo, desde mi lugar. Ví muchas actitudes perversas, y mala leche, de opositores, en la TV del país, pero también por parte de políticos militantes de redes locales, en Comodoro. ¡Dan Vergüenza ajena! Es bochornoso comprobar cómo actúan, en esta trágica situación, que nos atraviesa. Me enseñaron que no se pone palos en la rueda y menos se pega en el piso, que hay principios que contemplar, aún más: cuando es cuestión de vida o muerte. La bronca ante las miserias exhibidas, por los anti-pandemia, las canalicé trabajando, bancando con acciones mi posición ideológica y los principios del hogar en el que me crié. Tengo la suerte, de tener a mi madre Elisa, viva, bien de salud, con sus 85 años, doblemente vacunada. Mi hija Sarita, mi flor más hermosa en el planeta, que me alegra la vida en este tiempo, y es motivo de seguir con alma y vida. Mis hermanos, primos y una gran familia, que está cuando las papas queman. Y muchos amigos de la vida y compañeros, que llevo siempre en el cuore, aunque no los vea por meses o años. Y el 3, el barrio, mi lugar, al que volvería a elegir para nacer y vivir los mejores años. Preservarlo, disfrutarlo y devolverles la vida a sus lugares, en el tiempo que me queda de película.