La imposibilidad de trabajar en pandemia y cómo es volver al ruedo con muchas cuentas por pagar

Julia Pérez vive en Comodoro hace once años. Vino desde Jujuy buscando un mejor porvenir para ella y su familia. Obviamente, hace once años Comodoro Rivadavia era una ciudad totalmente distinta y, además, el contexto económico nacional era otro. La economía argentina era otra, muy diferente a la que hoy se observa. Los años pasaron y el entorno cambió. “Buscar el mango” es cada vez más complicado, o por lo menos eso dice Pérez.

En marzo del año pasado, cuando se decretó el aislamiento preventivo, social y obligatorio, los vendedores ambulantes de todo el país sufrieron un golpe muy duro. A raíz del decreto del gobierno nacional que establecía que no se podía salir de los domicilios, este sector se quedó sin su fuente de ingresos, y sin ingresos no hay comida durante los mediodías y noches en la mesa. Julia Pérez es una vendedora ambulante que trabaja frente a la terminal de ómnibus desde hace años. En diálogo con Crónica, contó cómo la afectó la pandemia del coronavirus y cómo trata de adaptarse a la nueva normalidad que impuso el virus en todo el país.

“Cuando empezó la pandemia dejamos de trabajar por mucho tiempo. Recién cuando se empezaron a reabrir algunas actividades pudimos volver al trabajo. Empezamos con horario cortado, y ahora trabajamos muy poco. Las ventas son muy bajas, y ahora la gente trata de cuidar la plata, entonces eso a nosotros nos complica”, confesó la mujer.

Pérez señaló que hace algunas semanas atrás las ventas estaban acomodándose, ya que el contexto sanitario y económico había empezado a repuntar, pero con la llegada de la segunda ola de contagios del virus y los anuncios hechos por el presidente, el contexto volvió a complicarse. “Este mes habló el presidente y anunció restricciones, lo mismo el gobernador. Este tema de la segunda ola nos está complicando. La gente ahora tiene miedo, guarda la plata y compra solo cosas específicas, se concentran más en tener para comer que otra cosa, si es algo que necesitan de manera urgente, sí, lo compran, pero sino no” señaló.

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En el puesto de la mujer puede observarse una gran cantidad de objetos a la venta: gorras, medias, barbijos, cargadores para celulares y más. “Acá no se junta mucha gente, una o dos personas, más no. Y nosotros trabajamos siempre con el protocolo, con alcohol en gel y un cartel que tiene las normas básicas para convivir con el covid. Trabajamos de lunes a viernes. Si bien haciendo esto tenemos para comer, la situación que hoy vivimos es muy complicada. Todavía no logramos salir de las cuentas de los alquileres, ahora se juntó todo, volvió todo para atrás”, cerró la vendedora.