Lucho Martínez, cantautor patagónico

Los premios Carlos Gardel, el reconocimiento de la industria discográfica a los que afinan, harán saber los nominados a fines de este mes. Según un semanario especializado, son más de 4250 postulaciones. DOM te presenta a uno de los comodorenses que va por un lugar entre los reconocidos.

(Por Marcelo Melo) Según la revista norteamericana Billboard, la entrega XXIII de los Premios Gardel –al igual que los anuncios de nominados y ganadores del 2020 – no serán presenciales sino virtuales. El semanario, especializado en rock, da a conocer que, la edición pandémica, va rodando en burbuja con 4.250 postulaciones, un 40% más que en 2020, superando así con un récord total las demandas de las ediciones anteriores de reconocimientos, que homenajean al cantor histórico, el de la notable sonrisa. “Córdoba, Rosario y Mendoza son las ciudades del interior que más postulaciones presentaron”.

Los Carlitos Gardel dan de lleno en el corazón de la industria, dada su carga especializada, ya que el Tribunal elector está integrado por artistas, periodistas especializados, ingenieros de grabación, y “trata de un jurado que cuenta con representantes de todo el país y de todos los géneros musicales, afianzando el carácter federal e inclusivo de los Premios.​ Los Nominados se darán a conocer a fines de Abril”, explican en el sitio web. “Mucha música de todo el país y un jurado de lujo para seleccionar a los finalistas que tendrán su chance de ser Gardel”, sumaron desde el espacio que los galardones se reservan en la red social Instagram, anunciando el comienzo de la votación.

Se consideran los reconocimientos con mayor amplitud federal, ya que las diferentes regiones argentinas conocen nuevos artistas, que se mezclan con los de mayor historia, promoviéndolos a escenarios de todas las zonas características del país. Y Comodoro no va a faltar a la partida, que ya zarpó, con los postulados, uno de ellos es el cantautor Lucho Martínez, quien se autodefine como un creador formado por la radiofonía, “soy un Patagónico que escribe canciones, desde que empecé tocar la guitarra, y a cantar a los artistas que me iban llegando a través de la radio, me nutrí de los artistas que ella me hacía conocer, no a través del campo, ni por transmisión oral ni étnica. Sino nacido, criado y formado por lo que la radio transmitía, cuando nos juntábamos con los amigos del barrio a tocar la guitarra, tocábamos a los que teníamos como ídolos, y lo que irradiaban las emisoras, como Los Gatos (la banda de Lito Nebbia), Almendra (la icónica formación de Flaco Spinetta) y Sui Generis (el legendario dúo Charly García/Nito Mestre), toda la caterva del rock nacional, lo que más me pegó. Nos aprendíamos los acordes, sus canciones y al mismo tiempo éramos atrevidos y componíamos nuestras cosas, lo que queríamos decir, lo lindo de la vida, la rabia, las alegrías y tristezas, las describíamos a nuestra forma”.

El creador consideró ante DOM que se paró frente al gran público en el 1982, ante gran cantidad de público, en el festival “Sur Rock” que se realizaba en Caleta Olivia, organizado por el productor –sigue en actividad- Armos Moreno. “Fui llevado a la rastra, por los amigos, y porque me secuestraron la guitarra. Frente a una multitud canté tres canciones propias, que fueron premiadas con muchos aplausos, muy bien recepcionado, ahí dije esto quiero ser”. Para quien hila notas musicales y letras, quedar nominado es un premio al trabajo, al esfuerzo, la porfía de ser compositor y mostrar las propias canciones. “También he musicalizado poetas de toda la región patagónica. Hice mi primer disco casero, cassette artesanal grabado y producido por Canario Quiroga, con el que ganamos un Pre Cosquín en 1996. En el ’98 hice Desde el Interior Patagónico, como solista, luego un CD, siempre artesanal, Gracias a Dios”.

Años más tarde, tras compartir un dúo con Marcelo Falcón un buen tiempo, “Los Mensajeros del Viento”, anduvieron recorriendo varios lugares, con él salió “Canción Inédita-Canción de Cuna para un niño Mapuche”, con la que también se alzaron con una estatuilla Pre Cosquín. Registro de Cultura (editorial), luego, dos producciones solistas, con 12 artistas de la Patagonia, dos canciones cada uno, “Patagonia canto y poesía”, al que le continuó “Abrazo”. Ahora, el nominado “Siga el viaje”, también con el mismo respaldo y ahí sale la postulación a los “Premios Gardel 2021” narró el comodorense, agregando que, de otros colegas, conoce que están nominados Eduardo Guajardo, cantautor santacruceño que escribió la canción “Retumbo de los guanacos”, y “Daniel Reynoso, de acá. Yo solo subí mi trabajo, rodó, gustó y lo postularon. Es todo un honor”.


¿Qué rescatás de este reconocimiento?

Es la primera nominación, es ya un reconocimiento, porque lo que posibilita ello: es que mi trabajo complace, ya es todo un premio. Se va a visualizar en una audiencia mucho mayor, en Patagonia tenemos una densidad poblacional mucho menor que los grandes centros urbanos, Córdoba, Rosario, conurbano bonaerense, etc. Ya la difusión en esos lugares está muy bueno y le doy una importancia significativa, ya que se pueden abrir muchas puertas a partir del premio, del reconocimiento, si se diera.

¿Cómo se fue haciendo el Lucho artista?, reconstruyendo el rompecabezas del derrotero desde esos inicios a la actualidad…

Soy músico desde que tengo 5 años, edad en la que ya jugábamos a que armábamos bandas y tocábamos y actuábamos, interpretando que cantábamos. A los 12 años, iba a cantar tangos con el profesor Baldomero Terrazas. Me daba golpes en el estómago, para que cantara con el diafragma y no “de garganta”, cantaba tangos, me gustaba mucho cantar. Luego, cuando comencé a salir de mochilero, a los 15/16 años, empecé a ejecutar la guitarra y se armaban rondas, hasta que me di cuenta que, el que tocaba, atraía la atención, las chicas se sentaban al lado, eso estuvo muy bueno.

A los 18/20 años nos intercambiábamos los discos, nos decíamos ‘vos comprate el de Almendra’, ‘yo voy por el de Sui’, y luego nos los prestábamos y sacábamos sus canciones. Hacíamos esa con todos. Me acuerdo, como ejemplo, la movida donde estaba Jacinto Piedra, Peteco Carabajal, Teresa Parodi, Chango Farías Gómez, Cuchi Leguizamón, folclore más roquero. Empecé a participar de los Pre-Cosquín en el 96, cuando también pude tener talleres de formación con Raúl Carnota, Leda Valladares, me entró más el folclore, al rock que ya tenía dentro, y se mezcló todo. El folk argento me fue formando, la guitarra y los fogones, las pasadas de letras, las canciones y acordes. Hasta que en ese recital del 82 dije y me declaré artista músico.

¿Quiénes fueron influencias claves, formadores indispensables, para modelar el cantautor que hoy sos?

Fueron todos los monstruos que te fui contando, que emergieron a través de la radiofonía. Y ahí quiero rescatar al difusor Luis Eduardo Capovila, cuando tenía su programa La Vitrola, empezaba “Desde la tierra de los vientos…”, comenzábamos a descubrir a los artistas e íbamos y comprábamos sus discos. Fue el primero que me grabó un cassette en cinta abierta, de tres canciones que cantaba en ese tiempo, un día se perdió, y ese testimonio quedó en el camino. Pero fue un gran puntapié en el 81/82, Luis Eduardo fue el que me empujó con sus consejos, con sus programas, con su tarea de difusor.

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Con respecto al cantautor que soy hoy, he madurado, primero eran canciones de amor, y luego apareció la lucha, con mucho más contenido. Me considero un cantautor ecologista, con los pies en la tierra, sabiendo que si no cuidamos donde vivimos, y no lo relacionamos con el cielo, con el mundo espiritual, no hay que separarlo, mis canciones andan por ahí, con conciencia de que hay que cuidar el planeta, tener igualdad y multicolor a la hora del pensamiento. Ser empático con el otro, con las formas de ver y creer en el mundo, convivir con todos los colores, ese cromatismo saludable, somos fruto de la diversidad, no tenemos que lastimarnos y no tiene que haber alguien sobre otro, el amor por el otro, es amor hacia nosotros.

¿Cómo analiza el movimiento actual para los artistas de la zona, pandemia mediante?, ¿qué hay que tener en cuenta hoy a la hora de salir a escena?

Hoy, a la hora de salir a la escena, la pandemia trajo algo nuevo, y bueno: se ha visualizado a los artistas que estábamos ‘como escondidos’, con toda esta movida de los canales de internet, Youtube, Spotify, otras plataformas. Abrió un nuevo mundo, antes siempre tenías que irte a Buenos Aires, al Cosquín en Córdoba. Acá tuvimos un grupo sensacional, como los 113 Vicios, fabulosos, pegó grosso a nivel patagónico, mientras que a nivel nacional escaseó su llegada, no existían estas herramientas. Hoy, los canales de difusión se han abierto y han aparecido muchas alternativas. Y la solidaridad, movernos en grupo, como Canto Fundamento, Trovadores Patagónicos, en el que había guitarras con muchos colores y el respeto serio por el trabajo del artista. En grupo, todo se puede rodar mejor, pertenecer a una movida como la Trova Rosarina (Lito Nebbia, Fandermole, Fito, Lalo de los Santos, etc), la Cubana que nos trajo a Silvio Rodríguez y Pablo Milanes, entre otros muchos. Gracias a esos movimientos hemos podido escuchar a poetas y compositores maravillosos, que han tenido mucha influencia sobre nosotros. Creo que, el moverse en trova, es lo que le faltó a la Patagonia. Pero, no es tarde, viene un grupo de jóvenes con improntas nuevas, que hablan y le cantan a nuestro querido lugar, con sus luchas, rabias y alegrías, plasmadas en distintos géneros y estilos musicales. Un día escuché a un hombre que anduvo mucho por la Patagonia, Oscar Giménez, dijo ‘a la Patagonia hay que cantarle con cualquier ritmo’. Ahí me saqué el corset de querer hacer música con el ritmo Loncomeo (estilo musical y danza del folklore tehuelche-mapuche), vislumbro que se vienen un montón de creadores que están haciendo muy bien las cosas, música patagónica con mucha fuerza.


Describinos el género que abordás, la canción, de autores que han influenciado tu constitución como artista…

Tuve influencias del rock, por la escucha radiofónica, por el grupo de músicos folcloristas, de Raúl Carnota a Cuchi Leguizamón, Lito Nebbia, Flaco Spinetta, Charly García, Miguel Abuelo, Federico Moura, Fito Paéz. Después, escuchaba mucho folk yanqui. En un negocio de nuestra ciudad, Robermar, había una guitarra Gibson roja, y se nos caían las babas por tocarla. El oído no tiene párpados y hago la música que me sale, si me sale con aires de chacarera, o celta, o samba, o con influencias de músicas étnicas, maravilloso, no me sale con aires de tango, aunque algunas de mis melodías estén influenciadas por el 2×4.

No lo dije yo, sino Charly García: ‘el mejor compositor es el que mejor roba de todas las influencias. Y éstas son múltiples y variadas. Y, con todo eso que entró en este oído que no tiene párpado, sale algo y lo que uno no quiere es plagiar, pero me dejo llevar por mis pulsiones e influencias, que pueden ir desde Mercedes Sosa a Juan Ramón. No tengo ni tuve ídolos, pero si admiré a muchos y ellos son mis mayores influencias.

¿Cómo analizas el movimiento en Comodoro, la promoción de recitales, festivales, escenarios para artistas? ¿Qué cree que podría colaborar para aumentar su llegada al gran público comodorense?

Humildemente, creo que se tendría que promover política cultural en la que haya un muestreo, igualmente estamos en este lapsus de pandemia, donde haya recitales, convocatorias desde el área Cultura, no solamente para los escenarios de esta zona, sino de intercambio con otras regiones, a festivales, encuentros. Siempre sentí, y vi, que todo es a pulmón, esfuerzo por parte de los artistas. Alguna vez, cuando se han hecho recitales en masa, he recibido invitación de las Direcciones de Cultura, pero apuntan a artistas masivos, y poco a lo que se está creando artísticamente en Comodoro. Hubo un intento grosso, en el 83, en el Centro Creativo Sur, en el Helénico, liderados por Daniel Alonso, generaron un lugar de encuentro de poetas, cantautores, pintores. Me había ido a vivir a Río Negro y llegaban los ecos. Y tenían mucho apoyo oficial.

¿Qué artistas rescatás de esta ciudad, fueron influencia, etc?. ¿A nivel nacional?

Mis primeras influencias provinieron de músicos de los C113, el Negro Ramírez (guitarrista), José Luis Jara (guitarrista), Luis Ahumada, amigos con los que salíamos de rondas y hacíamos reuniones musicales. Influencias muchas, Edgardo Heredia, Tony Astete, Juan Carlos Peric, que me enseñó a amar a Moris. Fueron los que me formaron, cuando arranqué. Cada uno conforma su alma, su espíritu, su cuerpo, en esta parte de lo artístico, estuvieron esos muchachos, Carlitos Márquez, Ramón Queipul, que me han acompañado en el mismo formato y estilo.

¿Cuáles son tus planes futuros a corto, mediano y largo plazo?

Componer, escribir, y una vez que esté la obra: poder grabar y mostrar todo eso que sale de uno. Siempre se propicia un escenario, ahora está la virtualidad, que se agrega como herramienta para la difusión, el artista es el que muestra, mientras que, el que guarda: tiene un hobby. Y yo me considero creador/artista, me gusta mostrar lo que hago, hasta que me muera voy a seguir componiendo, grabando, mostrando.

¿Cómo analizas las políticas culturales que se desarrollan en la ciudad?

Para sacarse el sombrero, fue la gestión de Daniel Alonso, con el Centro Creativo Sur; después los festivales que se hacían, los de “La Canción Patagónica”. Allí, me presenté con mi canción “Narciso”, en 1986. Creo que, como políticas culturales, fueron vidrieras muy lindas. Pero hay que mantenerlas en el tiempo, propiciarlas, como el Festival de Pico Truncado, si lo hubiéramos mantenido hoy serían un golazo, con gente viniendo de otros puntos del país. A las políticas culturales hay que mantenerlas en el tiempo, se propiciaban todas las artes, era un buen muestreo de lo que hacíamos.

¿Si toco solitario o armo banda?, el compositor compone solo, escribo y compongo. Y cuando se puede, me junto con gente que respeto, que tiene talento y trabajo encima. Y los convoco a que vistan mis canciones con sus sonidos, ya que nacen desnudas, con algunos colores, con sus sonidos de viola, de percusión, bajo, pero a veces: las circunstancias hacen que todo lo haga. Uno a veces anda solo y, a veces, con músicos. A seguir componiendo y escribiendo. Y cuando se pueda exhibir: ¡A mostrarlo!