PASO: el oficialismo le vuelve a correr el arco a la oposición

En sus poco más de 14 meses como presidente, Alberto Fernández se ha mostrado como un practicante avezado en ejercicios de supervivencia. Consecuente con su historia política, más allá de algunos arrebatos retóricos disruptivos. Coherencia entre estética y praxis. Rara vez desafía los grises. En pocas ocasiones disgusta a sus interlocutores de turno. Solo cuando tiene asegurada una ventaja indescontable apuesta (o logra que parezca que lo hace).

La discusión que vuelve a atravesar el escenario político por estos días sobre la realización, postergación o suspensión de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) cristaliza aquella imagen. Fernández no aparece como un conquistador, sino un recolector. Aunque el tema haya sido instalado por sus aliados y socios, no arriesga capital político escaso. Reproduce el método que lo llevó a la primera magistratura. Que las circunstancias jueguen a favor. Que se alineen los planetas o que los alinee la estrella en torno de la que orbita la coalición gobernante. Y Cristina Kirchner en esta cuestión aún no ha asomado.

Así, Fernández evita desairar a los gobernadores, que no tienen más destino que atar su suerte a la del Presidente. La propuesta de los mandatarios provinciales oficialistas para suspender las primarias contó desde el inicio, a fines del año pasado, con su aval para plantearla. Pero no con su apoyo para imponer el aplazamiento.

El equilibrista había tomado nota de la resistencia inicial (ahora matizada) de la cada vez más poderosa exagrupación juvenil kirchnerista que comanda Máximo Kirchner. Dejar hacer, pero no hacer. Por ausencia de convicción o estrategia (hay exégesis cruzadas). Como en muchas otras instancias y cuestiones de su joven administración.

En las últimas semanas, La Cámpora ya ha relativizado su resistencia a tocar el instrumento que en 2009 impulsó Néstor Kirchner, tras la derrota personal sufrida en territorio bonaerense a manos de Francisco de Narváez, el fugaz asteroide ya extinguido del firmamento político.

Mientras las decisiones no tengan costos políticos, el camporismo da señales de flexibilidad. Y contra algunos supuestos, este cambio no afectaría su proyecto de acumulación de poder. El armado electoral de 2019 podría estar anticipando el futuro. Los lugares que entonces cedió en las listas los compensó ampliamente con puestos ejecutivos claves, multimillonario manejo de fondos y despliegue territorial.

Puede decirse, entonces, que nada está definido todavía sobre el calendario electoral. Aunque, tal vez, en solo un par de meses, ya se haya definido mucho: ahora casi todo es posible. La mezcla de preocupación por temas más urgentes, bajas expectativas de mejoras en la calidad de vida y desilusión con algunas instituciones políticas, que anida en buena parte de la sociedad, resulta terreno fértil para que el oficialismo explore la manipulación del calendario electoral. Por ahora, sin mayores costos. Sobre todo si advierte que el frente opositor puede y empieza a agrietarse frente a esta opción.

La limitante que implicaba la ausencia de suficiente capital legislativo en dos de los principales distritos (la ciudad y la provincia de Buenos Aires) para suspender las PASO locales ya empezó a mostrar algunas fisuras. Los estrategas oficialistas no son discípulos de Einstein, pero saben que todo puede ser relativo si se alteran las condiciones ambientales.

Cerca de Horacio Rodríguez Larreta ya empiezan a admitir lo que prenunciaban hace poco en la Casa Rosada. No le será fácil sostener la realización de las PASO para elegir los candidatos a legisladores porteños si el oficialismo decide avanzar con el proyecto derogatorio o de prórroga en el Congreso de la Nación. El Frente de Todos cuenta con mayoría en el Senado y podría lograrla en Diputados con aliados no tan circunstanciales que suelen darle sus votos para sacar las leyes impulsadas por el Gobierno.

El argumento del riesgo sanitario que entrañaría la realización de una elección en medio de la epidemia del Covid-19 encuentra arraigo en los temores y en la incertidumbre de la sociedad, además del señalado desinterés por temas que parecen lejanos (o ajenos a sus intereses). Poco importa que la realidad muestre que en más de 100 países se han realizado comicios desde que se desató la pandemia sin que haya evidencias de que provocaran una disparada sustantiva de los casos, como acaba de destacar la ONG Transparencia Electoral. Miedo mata datos.

Por eso, desde el gobierno porteño ya han enviado algunos exploradores para tantear la posibilidad de que los comicios se posterguen, pero que no se suspendan. Al mismo tiempo, otros dirigentes cambiemitas están dispuestos a ofrecer que se hagan solo en los lugares donde haya competencia interna. El partido arranca con un gol convertido desde el vestuario por el Gobierno. Ahora, formalmente, las PASO dejarían de ser lo que se pretendió que fueran (y nunca llegaron a ser): un instrumento para fortalecer la participación política, revitalizar la vida partidaria y democratizar la selección de los candidatos.

La cuestión sanitaria, sin embargo, no es el único elemento que ha empezado a horadar la resistencia opositora, expresada con energía y urgencia por los presidentes de los partidos que componen Juntos por el Cambio (JxC). Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo y Maximiliano Ferraro se enfrentan al dilema de quedar expresando posiciones testimoniales o de abrir un frente de tensión en la principal fuerza opositora. Toda una prueba de carácter y de propósitos para los cambiemitas. Buscar el poder y ponerle freno a un gobierno puede ser un conflicto difícil de resolver.

A Larreta y algunos referentes bonaerenses de JxC les resulta difícil encontrar muchos elementos para defender la realización de primarias solo distritales. Si la preselección de candidatos para cargos provinciales nunca ha sido pasión de multitudes, temen que ahora el contexto las haga ver inapropiadas e inoportunas.

A ello se suma el interés de gobernadores radicales como Gustavo Valdés, de Corrientes, o Gerardo Morales, de Jujuy, de retener el monopolio de la lapicera que otorga el poder de controlar ambiciones internas, premiando o castigando a aspirantes a cargos legislativos. Sin contar con que el flujo de oxígeno contante y sonante que va del Tesoro Nacional a las provincias también es un ordenador político. Más en tiempo de pandemia, endeudamiento y caída de ingresos propios. Federalismo de amigos.

En la Rosada disfrutan sin disimulo viendo correr el arco opositor. A falta de goles propios, las dificultades ajenas para alcanzar la meta suelen marcar diferencias. La postergación hace a la supervivencia. A eso sigue apostando Fernández. Fuente: La Nación.

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