El Dean Funes comienza ciclo lectivo pero con incertidumbre de continuidad por salarios

Dentro de las diversas situaciones que se plantean ante la situación de pandemia, la posibilidad de vacunación de docentes y de salarios adeudados, o que hace impredecible el comienzo del ciclo escolar 2021, el colegio Dean Funes confirmó ayer, a través de su director Andrés Quezada, el comienzo de clases el 1 de marzo aunque, afectados también por deudas a su personal, con inquietudes respecto a la continuidad si se mantiene la falta de pagos.

El titular directivo señaló que “hay diferentes factores como variables de continuidad pero estamos dispuestos, con todo el personal, a dar inicio y a comenzar las clases con todos los protocolos dispuestos, tanto los generales como los internos propios que tenemos previsto para ofrecer la mayor seguridad posible a toda la comunidad educativa”.

A pesar de confirmar que la institución se encuentra con finanzas en rojo, luego de cubrir masa salarial de su personal por los atrasos del Estado, y por ello sin perspectivas de desarrollo con las diferentes obras programadas, Quezada destacó que “el inicio se dará de manera dual, tanto virtual como presencial –atento a los espacios- con la intención de incorporar gradualmente la presencialidad de acuerdo a la evolución de la epidemia, tanto de manera general en la sociedad como teniendo abierta la posibilidad de algún caso interno”.

De esta manera, ante la incertidumbre respecto a qué sucederá con los pagos salariales ya que solo se dispone de fondos suficientes para afrontar la próxima masa salarial de la institución, existe de manera cierta la posibilidad de que en abril no se pueda cubrir el pago a los docentes y todo el esfuerzo realizado podría derrumbarse y afectarse hasta con el cese de actividades de la reconocida institución educativa.

Con un panorama oscuro, sin fondos propios para cubrir más salarios, para proyección institucional o para enfrentar cualquier imprevisto, el colegio Dean Funes enfrenta una complicada situación que tiene en vilo a centenares de estudiantes, más allá del propio personal operativo, a la espera –como muchos sectores- de la respuesta que brinde el Estado de manera urgente.

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