Elecciones en Ecuador: por qué se convirtieron en un referéndum sobre Rafael Correa

Hace tres años se habló del fin de un ciclo en Ecuador. En un referéndum, impulsado por el presidente Lenín Moreno, los votantes le dieron la espalda al exmandatario Rafael Correa, que perdió por primera vez un proceso electoral. Entre otras cosas, no le permitieron postularse a la presidencia en 2021.

Pero en América Latina los años pasan y el pasado sigue ahí. Aunque Correa no participa en las elecciones generales de este domingo, en las que se presentan 16 candidatos,su nombre es el que más resuena en el debate público del país.

Correa sigue tan presente en Ecuador que no pareciera que vive en Bélgica. Instalado con su familia en Bruselas desde que dejó el poder, en 2017, el expresidente no puede volver ahora su país porque enfrenta una condena de cárcel de ocho años por corrupción.

Aunque quedó inhabilitado para ser candidato a vicepresidente, Correa se dio el lujo de designar a su delfín, el joven Andrés Arauz, que este sábado cumple 36 años, un exministro de su gobierno que no era muy conocido, pero sí muy leal.

De la alianza Unión por la Esperanza (Unes), Arauz se enfrenta a 15 candidatos, pero lo más probable -según marcan las encuestas- es que haya una segunda vuelta entre él y Guillermo Lasso, un exbanquero conservador, que busca la presidencia por tercera vez con su partido CREO.

Las últimas encuestas le dan a Arauz un 32% de intención de voto y a Lasso, 21%. Más atrás está el candidato indígena Yaku Pérez, con 13%. Desde la campaña de Lasso temen que, aupado por su líder, Arauz obtenga una diferencia mayor.

“Arauz tiene un voto fijo del 20% por el correísmo, pero nuestro miedo es que con el voto secreto suba a más. Nos preocupa porque podría llegar a un 40%. El que esta ‘frenteando’ y dando la cara es Correa, porque Arauz no pesa nada”, dice un colaborador de la campaña de Lasso que habló con LA NACION y pidió mantener el anonimato.

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La imagen de Correa aparece en los afiches de propaganda en los que ni siquiera está presente su delfín. Los más críticos dicen que Arauz imita hasta la forma de hablar del expresidente. Acerca de su relación con Correa, Arauz dijo: “El presidente seré yo y el economista Correa será mi principal asesor”.

Pero para José Hidalgo Pallares, economista y Director General de la Corporación de Estudios para el Desarrollo (Cordes), “no hay duda de que Correa es el que manda y quien elige a los candidatos”.

“Su imagen está presente en todas las publicidades del movimiento porque él es la figura conocida”, señala a LA NACION.

¿A qué se debe tanta exposición? “El expresidente es un buen recuerdo para cierto público de una época de bonanza económica y de más empleo”, responde Hidalgo Pallares. “Si bien es cierto que en el gobierno de Correa hubo crecimiento, se redujo la pobreza y la desigualdad, eso sucedió en todos los países latinoamericanos exportadores de commodities durante la bonanza. Y en el caso de Ecuador, una vez que el precio del petróleo cayó, se vio que era un modelo no sostenible”, añadió.

Arauz insiste en remarcar los buenos indicadores del gobierno anterior (2007-2017), pero nunca hizo un mea culpa de los temas que Correa no manejó bien. El lado B de la “revolución ciudadana” -como se llamó el proyecto del expresidente- fue el ejercicio de un poder sin contrapesos, los cambios en la Constitución, el control de los movimientos sociales y el asedio de los medios de comunicación independientes. Además, cuando se fue, Correa dejó al país en medio de un frenazo económico y con una amplia grieta política.

Particularidades

Para Santiago Basabe, profesor de Ciencias Políticas, de Flacso Ecuador, Correa “es un fenómeno particular en el país andino porque a diferencia de liderazgos anteriores, como el de Abdalá Bucaram, que solo tenía apoyo en sectores populares, tiene rasgos de lo que sería el peronismo en la Argentina, un apoyo diseminado en varios estratos”.

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Más allá de eso, para el experto, “las deficiencias del gobierno de Moreno han servido para fortalecer la imagen de Correa”. La aprobación de Moreno -que se distanció de Correa después de llegar al gobierno en medio de acusaciones mutuas de traición- cayó del 77% con que inició su mandato al 8%, según la consultora Cedatos.

El presidente deja un país golpeado por la pandemia, con una economía maltrecha -que se contrajo 8,9% en 2020- y una tasa de desempleo que creció del 3,8% en diciembre de 2019 a 8,6% en septiembre pasado. El país tiene un endeudamiento de alrededor de 60% del PBI y un déficit fiscal de poco más de 6%.

Para salir de la crisis, Arauz ofrece replicar el modelo de Correa de expansión de gasto público -aunque ahora no hay boom petrolero que pudiera ampararlo- y su propuesta bandera es la entrega de un bono de 1000 dólares a un millón de familias en su primera semana de gobierno, lo que despertó preocupación por la caja fiscal.

Por su parte, Lasso busca generar un millón de empleos en un hipotético primer año de gobierno.

Gane quien gane, coinciden los expertos, se espera más polarización política y una Asamblea dividida. Con respecto a Correa, la gran duda es si volverá a Ecuador, como le piden sus seguidores, o continuará -como dijo- con su vida familiar en Bélgica y “dedicado a la academia”. “Ganar las elecciones no resuelve las 39 investigaciones criminales que tengo. Habrá que seguir luchando a nivel jurídico”, dijo en una entrevista. Muchos creen que no solo dará batalla en la Corte, sino que seguirá digitando el destino político del país. Hoy, la “descorreización” de Ecuador, de la que tanto se habló en el referéndum de 2018, parece mucho más lejana. Fuente: La Nación.

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