Putin-Alberto y la trama local de las vacunas

Festejo político por publicación de The Lancet, que confirma efectividad de Sputnik. China, en la mira.

La Argentina tiene problemas serios para hacerse de una cantidad importante de vacunas contra el covid-19. Es una realidad que la política no puede ocultar, aunque luego haya lugar para ir buscandos por dónde están las responsabilidades. Ayer Alberto Fernández tuvo buenas noticias que le dieron aire en medio de incertidumbres: un llamado a Vladímir Putin y el anticipo de una negociación para traer vacunas chinas en alrededor de un millón. Su sumó una conferencia de prensa providencial de Kirill Dmitriev (hay que memorizar este nombre porque será clave en la interna oficialista), el jefe del Fondo de Inversión Directa que maneja la Sputnik V. Funcionó en armonía con las declaraciones del día anterior de Eduardo Zuain, nuevo embajador en Moscú. El funcionario ruso prometió más vacunas y explicó que no habría problemas para empezar a hablar de una producción en el país.

No debe olvidarse que las vacunas, aquí y en el mundo, ya no son solo un elemento sanitario, sino una arma política esencial. Quien consiga vacunas gana elecciones. De ahí el festejo en el oficialismo tras la noticia más importante del día para el peronismo: el informe en la revista Lancet sobre la efectividad de la Sputnik (ver página 16). Fue tanta la euforia que hasta activó un tuit de Cristina y un comunicado oficial del PJ: “Hoy es un mal día para los odiadores, para los que buscaron, por todos los medios posibles, desgastar a un Gobierno que buscó, desde que se desató la segunda pandemia, proteger la salud de los argentinos”.

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Las noticias de ayer en el país fueron un respiro para Alberto F. en medio de todos los hechos que en los últimos meses abonaron las dudas sobre la provisión de vacunas. No se entiende por qué el Gobierno no pudo cerrar un acuerdo con Pfizer para comprar sus vacunas. Argentina fue huésped de la prueba en fase 3 de ese laboratorio y se presumía que iba a existir un contrato con cierto nivel de prioridad. No lo hubo y aún no hay explicaciones claras y creíbles de por qué. El país también está produciendo componentes de la vacuna de AstraZeneca-Oxford, lo hace el laboratorio que dirige Hugo Sigman en tándem con México, y a pesar de eso aún habrá que esperar a marzo-abril para que haya dosis disponibles. A cambio, ayer hubo un dato que dolió en el Gobierno: un avión británico aterrizó en Malvinas con 3.000 dosis de la vacuna de AstraZeneca para los isleños. Hace dos semanas Sigman había estado reunido con Alberto F. en la Casa Rosada para informarlo sobre la marcha de la vacuna que ayuda a producir.

Los vecinos de Argentina están recibiendo vacunas y en cantidades importantes. El país tiene una estructura privilegiada en Latinoamérica en laboratorios medicinales y científicos preparados y por eso hay puntos que resultan incomprensibles.

Alberto Fernández pidió ayer la llamada con Putin. El Presidente escuchó del otro lado de la línea la tranquilidad que estaba buscando. El presidente de Rusia le prometió continuar apoyando a la Argentina y recordó que hizo una excepción con el país, ya que envió dosis antes de garantizar la provisión en la Federación.

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Cuando Alberto F. inició esa conversación, el Gobierno ya sabía de la publicación en Lancet. Fue todo en tándem con la conferencia que daba en Moscú el señor Dmitriev apoyando la idea de fabricar en el país la Sputnik y confirmando la existencia del armado de otro vuelo de Aerolíneas Argentinas para traer más dosis. Lo que sigue no esta confirmado. Es decir, quién y dónde se fabricará la vacuna rusa aquí y si comenzará a fines de marzo.

Existe una gestión en medio de todo esto que pasó de teléfono a teléfono en conversaciones presidenciales y que ayer puso al presidente argentino en el centro de la escena, lo que aportó alegría a la difícil agenda internacional de Alberto. Angela Merkel (quizás la única estadista que el mundo vio a cargo de un país en los últimos años) anunció ayer que Alemania comenzará a aplicar la Sputnik V en cuanto la autoridad regulatoria de la Unión Europea la apruebe. Fue tras la publicación de Lancet. Para Putin esa definición, tanto política como sanitaria, fue esencial al punto que ayer el ruso le contó a Alberto F. que había hablado con Merkel sobre el tema. El argentino pudo lucirse en la conversación con un dato clave. El 25 de enero pasado Alberto habló con Merkel durante 40 minutos. El mundo periodístico reprodujo el tramo económico de esa conversación, sobre todo los pedidos de apoyo en el FMI, pero poco se habló sobre que la Canciller alemana estuvo preguntándole al presidente argentino durante 10 minutos sobre la experiencia local con la vacuna rusa. Fuente: Ámbito.

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