Rusia: represión y miles de detenidos en nuevas manifestaciones contra Putin

Decenas de miles de personas manifestaron hoy nuevamente en la calles de un centenar de ciudades rusas -desde Smolensk en el oeste hasta Vladivostok, en la costa del Pacífico- respondiendo al llamado del opositor Alexei Navalny, encarcelado desde que regresó a Moscú, el 17 de enero. El despliegue masivo de fuerzas del orden concluyó con cerca de 4.400 detenciones.

Con la excusa de que las protestas no habían sido autorizadas, un impresionante despliegue de tropas antimotines (las Omon) reprimió con violencia, sobre todo en Moscú. El centro histórico de la capital fue totalmente bloqueado, impidiendo a los manifestantes acercarse a la plaza de la Lubianka, delante del edificio del FSB (ex KGB), sede de los servicios de seguridad.

El 23 de enero, unas 20.000 personas se habían reunido en la plaza Puchkine, a unos dos kilómetros del Kremlin. De allí fueron dispersadas hacia las avenidas cercanas, donde se produjeron violentos enfrentamientos con la policía y cerca de 4.000 detenciones.

La orden del Kremlin parece haber sido impedir que los manifestantes consiguieran agruparse, obligando a la gente a cambiar de lugar de encuentro varias veces. Según la organización independiente OVD-info, 1.357 personas fueron detenidas en la capital, cerca de 4.400 en otras 70 ciudades en todo el país.

“Putin ladrón”, “Libertad (para Navalny)”. Los mismos eslóganes de la semana pasada resonaron hoy en las filas de los manifestantes que expresaron los mismos argumentos de exasperación ante la degradación de las condiciones de vida en Rusia. Pero si la detención de Navalny parece haber sido el catalizador, para muchos analistas, muchos de los participantes en las protestas no lo hacen por simpatía con el célebre opositor.

“Globalmente no se trata de un apoyo a Navalny. Uno de los eslóganes más vistos es ‘Putin ladrón’. La gente sale a la calle porque está harta de la corrupción en las más altas esferas del Estado. Esa es la corrupción que mostró Navalny y que cada ruso ve cotidianamente en su vida. Eso los hace manifestar, además de saber que el Kremlin utiliza sus impuestos para perseguir a los opositores y tratar de envenenarlos, como sucedió con Navalny”, explica Cécile Vaissié, profesora de estudios rusos y soviéticos en la universidad Rennes 2.

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Según numerosas encuestadoras independientes, el 40% de la gente que salió a la calle estas dos semanas, lo hizo por primera vez en su vida.

“En parte se debió al impacto de la detención de Navalny apenas bajó del avión. Pero sobre todo a la emoción provocada por la difusión en las redes sociales de su video sobre el llamado ‘palacio de Putin’, estimado en más de 1.000 millones de dólares, símbolo de la riqueza desmedida de las elites”, analiza Andreï Kolesnikov, jefe de estudios de Política Interna del Centro Carnegie de Moscú.

En San Petersburgo, otra plaza fuerte de la oposición rusa, cerca de 2.000 personas reunidas en una plaza del centro fueron dispersadas con violencia por la policía y muchas de ellas detenidas. En el extremo este del país, así como en Novossibirsk, tercera aglomeración de Rusia, 2.800 kilómetros al noreste de Moscú, los medios independientes estimaron en varios miles a los manifestantes, “una de las protestas antigubernamentales más importantes de los últimos años”.

“La gente está indignada sobre todo porque diputados y militantes de oposición fueron detenidos esta semana”, afirmó a la agencia France Presse Khelga Pirogova, una representante local de la coalición pro-Navalny.

La mayor parte de los allegados al líder disidente fueron, en efecto, sometidos a detención domiciliaria por la justicia rusa el viernes, dos días después de una serie de allanamientos. Sobre todo, en el domicilio de su esposa, Ioulia, y los locales de su organización, el Fondo de Lucha contra la Corrupción. Desde la detención de Navalny, las autoridades multiplicaron las advertencias, afirmando que los manifestantes podrían ser enjuiciados por provocar “motines de masa”, en caso de que las manifestaciones -no autorizadas- se saldaran por la violencia.

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Reaccionando a las operaciones de represión, el flamante secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, denunció por Twitter “el uso persistente de tácticas brutales de Rusia contra manifestantes pacíficos y periodistas, por segunda semana consecutiva”, y llamó al Kremlin a liberar a Alexei Navalny y a sus simpatizantes.

En respuesta, el ministerio de Relaciones Exteriores ruso acusó a Estados Unidos de “enorme interferencia” en los asuntos internos del país y a Blinken de apoyar “la violación de la ley”: “Exigimos el fin de la interferencia en los asuntos internos de los Estados soberanos”, dice el comunicado ruso publicado en Twitter.

No obstante, para Andreï Kolesnikov es el mismo Kremlin quien transformó a Navalny en líder moral, dejando hacer a sus servicios de inteligencia -los intocables “siloviki”-, que lo detuvieron cuando bajó del avión, así como a otros miles de manifestantes en todo el país.

“Pero Navalny no puede pretender, por el momento, desempeñar un papel de dirigente nacional”, advierte Kolesnikov.

“No es Yieltsine (dirigente ruso que tuvo un rol clave en el fracaso del golpe militar en 1991 y más tarde fue presidente de la Federación de Rusia). Su nivel de impopularidad es aún muy elevado”, analiza. A su juicio, esta situación no llevará a una revolución.

“La inercia de las masas rusas es extremadamente fuerte. Lo máximo que veremos serán protestas regulares, como el Khabarovsk, en el extremo oriente ruso, desde el verano pasado. Pero sería realmente ilusorio pensar que la calle podría arrebatarle el poder al Kremlin en Rusia”, concluye.

Alexei Navalny debe comparecer ante la justicia la semana que viene. El principal opositor a Vladimir Putin es objeto de numerosas acusaciones que podrían llevarlo a la cárcel al menos por tres años y medio. Fuente: La Nación.

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