Una por una, las falsas promesas de cura y tratamiento contra el coronavirus

Las “gotitas milagrosas” que presentó Nicolás Maduro se suman a una larga lista de tratamientos que surgieron como “la salvación” frente a la pandemia, sin un aval científico.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció el domingo que las “gotitas milagrosas” de Carvativir curarían al 100% la infección del coronavirus en los pacientes contagiados. Pero el ex ministro de Sanidad, José Félix Oletta, afirmó que “no tiene validación científica ni clínica” y añadió que “su uso tradicional es como un antiséptico o bactericida, aplicado en la piel y como enjuague bucal”.

Nadie ha visto el medicamento, no hay testimonios de pacientes que hayan sido tratados y se desconoce la identidad del científico detrás de la creación de las gotas, que ya tienen patente nacional e internacional. Pero Maduro aseveró que “ha demostrado una efectividad tremenda” y agregó que la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, entregará toda la información al director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, “para que conozca y certifique este poderoso antiviral”.

Pero el ex alcalde de Chacao, Ramón Muchacho, sostuvo que Maduro supera su propio récord de irresponsabilidad al prescribir las “gotitas de José Gregorio Hernández (popular beato venezolano al que se lo vincula)” como una solución al COVID. Criticó que “no le importa la vida de los venezolanos”.

¿Sorprende el falso anuncio de Maduro? A continuación, otros tratamientos que prometieron ser eficaces, solo en palabras.

Hidroxicloroquina

Un medicamento desarrollado contra la malaria, que aunque despertó grandes expectativas en la búsqueda de un tratamiento contra el coronavirus, quedó fuera de la carrera para frenar la pandemia. Incluso más allá de que el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump y el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dijeran tomarlo.

La hidroxicloroquina se consigue con facilidad en la Argentina y son varios los hospitales que lo utilizaron con sus pacientes de covid-19. Pero, si bien se pudo probar su eficacia para frenar la replicación del coronavirus en las células, también se difundieron (en un paper publicado en la prestigiosa revista The Lancet) graves efectos secundarios, cardíacos, que, como luego afirmó la OMS, “podrían causar la muerte”.

“Se han estudiado los efectos de la hidroxicloroquina y la cloroquina —fármacos empleados para tratar el paludismo, el lupus eritematoso y la artritis reumatoide— como posibles terapias contra la COVID-19. No obstante, los datos actuales indican que no reducen la mortalidad de los pacientes de COVID-19 hospitalizados ni son de ayuda para las personas con síntomas moderados de esta enfermedad”, detalló la OMS.

Dióxido de cloro

En agosto del año pasado, la conductora Viviana Canosa, en su programa de televisión, tomó en vivo dióxido de cloro. “Yo no recomiendo. Yo les muestro lo que hago”, fue su polémica frase. Terminó siendo imputada por ejercicio ilegal de la medicina.

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Pocos días después, un nene de 5 años murió en Neuquén luego de que sus padres le suministraron el producto con la errónea creencia de que lo protegería contra Covid-19.

Entonces, la ANMAT salió a advertir sobre los riesgos de utilizar dióxido de cloro. En un comunicado del 4 de agosto, la agencia sanitaria insistió en que con su ingesta “reaccionan rápidamente en los tejidos humanos” y puede causar “irritación en el esófago y estómago, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea e intoxicaciones severas, entre otras complicaciones que pueden incluir graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales”. Además, advirtió que “la inhalación puede generar edema pulmonar, broncoespasmos, neumonitis química y edema de glotis, entre otras complicaciones respiratorias como bronquitis crónica y erosiones dentales, así como complicaciones en otros órganos del cuerpo”.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomendó “no utilizar productos a base de dióxido de cloro o clorito de sodio por vía oral o parenteral en pacientes con sospecha o diagnóstico de Covid-19, ni en ningún otro caso, porque no hay evidencia sobre su eficacia y la ingesta o inhalación de estos productos podría ocasionar graves efectos adversos”.

Pero la polémica no terminó. El 11 de enero, el Juez federal subrogante Javier Pico Terrero, del Juzgado Civil y Comercial Federal N° 7, obligó al sanatorio Otamendi a suministrarle dióxido de cloro intravenoso e ibuprofenato de sodio en nebulizaciones a su paciente internado de coronavirus, Oscar García Rúa, a pesar de que ninguno de los dos tratamientos tenían autorización de la Administración Nacional de Medicamentos y Tecnología Médica (ANMAT).

El juez fundamentó que “la cobertura de los tratamientos indicados no ocasionaría un grave perjuicio para la demandada, pero evita, en cambio, el agravamiento de las condiciones de vida de la actora”. Horas después el paciente falleció.

Lopinavir-ritonavir

La OMS canceló los tratamientos de pacientes internados por coronavirus con estos fármacos a principios de julio, pero aclara que no descartaron la investigación para pacientes moderados.

Sin embargo, en Argentina, ya desde fines de mayo, el Ministerio de Salud de la Nación modificó el protocolo vigente de modo de alertar que, igual que con la hidroxicloroquina, “no hay evidencia suficiente para recomendar el uso” de lopinavir-ritonavir.

Metanol, etanol y lavandina

​Beber alcohol o lavandina no previene ni cura el coronavirus y puede ser sumamente peligroso para la salud, ya que se trata de sustancias tóxicas.

Donald Trump aconsejó esas delirantes medidas y la OMS tuvo que aclarar que “beber estas sustancias puede provocar discapacidad o incluso la muerte”. Algunos productos de limpieza contienen metanol, etanol o lavandina y son útiles para eliminar el coronavirus de las superficies, pero nunca deben ingerirse ya que “no destruirían los virus presentes en el organismo y dañarían los tejidos y órganos internos”.

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Luz ultravioleta

Como se sabe de los efectos positivos de esterilizar superficies con técnicas que aprovechan los rayos ultravioleta, Trump sugirió la posibilidad de exponer el organismo a este tipo de luz para “dañar” al coronavirus. Pero es conocido el perjuicio que los rayos UV generan en la piel a través del sol: sin el uso de filtros solares, puede derivar en cáncer de piel.

La plata

En Argentina no fue muy conocido el caso, pero en Estados Unidos representantes de grupos evangelistas salieron a asegurar que los objetos de plata eran naturalmente antimicrobianos. La FDA (el equivalente estadounidense de la ANMAT) amenazó con iniciarles acciones legales.

Secador de manos

Otro ejemplo de prevención basado en propuestas pseudocientíficas son los secadores automáticos de manos. La OMS negó una supuesta efectividad de esos aparatos para matar el covid-19.

En su web, lo detalla de la siguiente manera: “Los secadores de manos no matan el 2019-nCoV. Para protegerse contra el nuevo coronavirus (2019-nCoV), lávese las manos frecuentemente con un gel hidroalcohólico o con agua y jabón. Una vez limpias, séqueselas bien con toallitas de papel o con un secador de aire caliente.

Agua cada 15 minutos

​El 18 de enero pasado, la actriz, Calu Rivero, expresó sobre el coronavirus, en una historia de su cuenta de Instagram: “Siguiendo los consejos de mi acupunturista. Cuando estés en un espacio público toma agua cada 15 minutos. Ella lava lo que está en la boca hasta el estómago. El ácido en el estómago mata el virus”. Y agregó: “Uso guantes cuando estoy en un espacio público”. Su recomendación se volvió viral en las redes sociales con críticas de los usuarios, ya que el consejo de Calu no estaba científicamente comprobado.

Bebidas calientes

El 12 de marzo, el presidente, Alberto Fernández, en una entrevista en Radio Mitre en la que se habló sobre las medidas de prevención contra el coronavirus, dijo: “La Organización Mundial de la Salud entre las cosas que recomienda es que uno tome muchas bebidas calientes porque el calor mata al virus”. Sin embargo, esto era falso ya que la organización no había realizado esta recomendación y tampoco contaba con el aval de los especialistas. Fuente: Clarín.

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