Cómo sigue Estados Unidos después del asalto al Capitolio

Los expertos recorren el derrotero que llevó al ataque republicano al Congreso y evalúan las consecuencias sobre la gobernabilidad de los demócratas en el poder y la institucionalidad republicana.

La toma del Capitolio por parte de grupos supremacistas blancos para evitar la certificación de Joe Biden como presidente electo de Estados Unidos es el punto álgido de la estrategia del presidente Donald Trump para provocar una crisis institucional. No es la única batalla abierta. A la judicialización del proceso electoral en los Estados más competitivos se suma la arremetida contra los medios tradicionales y las redes sociales, a las que amenazó con regular legalmente sus acciones. Más importante aún, pareciera tratarse de una crónica anunciada que no sorprende a nadie, advierten María Victoria Murillo, de la Universidad de Columbia, y Ernesto Calvo, de la Universidad de Maryland. En diálogo con Página/12, Murillo y Calvo recorren el derrotero que llevó al ataque republicano al Congreso y evalúan las consecuencias que ocasionará sobre la gobernabilidad de los demócratas en el poder como en la institucionalidad republicana.

–¿Cuáles son las implicancias políticas como simbólicas de la toma del Congreso estadounidense?

María Victoria Murillo: –Tiene un efecto internacional y uno doméstico. A nivel internacional, la toma del Congreso norteamericano se presentaba ante los televisores del mundo como si fuera la caída de Roma ante los bárbaros. Fue un golpe muy fuerte a esa capacidad que Estados Unidos se arroga de dirigirse al mundo desde un lugar de una moralidad superior. Una superioridad que nosotros, los latinoamericanos, nunca nos creímos, pero que para los norteamericanos es muy importante. De pronto, eso se cayó y tuvo un fuerte impacto internacional, tal como vimos en las reacciones de los líderes europeos. Es importante marcarlo, en un contexto en el cual sus principales disputas apuntan a países como China y, en menor medida, Rusia, que son países no democráticos.

–¿Cuál fue el impacto en el ámbito doméstico?

MVM: –A nivel doméstico, no debe sorprendernos. Trump avisó lo que haría, fue el propio Trump el que convocó a la marcha. Cuando lo hizo, dijo: “por favor, sean wild (sean violentos)”. Incluso, después de que esto ocurriera, el Partido Republicano votó tal como quería Trump: la mayoría del bloque de diputados republicanos cuestionó los resultados electorales. Lo dijo el propio Trump, en el último tuit que le dejaron publicar: “me robaron la elección”. La idea de que la democracia no funciona es muy fuerte. Y Trump es también el Partido Republicano, es un emergente de algo más grande que él.

–Vista en perspectiva, ¿cómo caracterizarían la estrategia comunicacional de Donald Trump y, más específicamente, el haber usado distintos canales mediáticos para sembrar la idea de que habría fraude en las elecciones?

Ernesto Calvo: –Trump no solo avisó lo que pensaba hacer, sino que lo instaló comunicacionalmente. Desde que comenzó a hablar del voto por correo, hace meses, logró construir políticamente una noción de fraude que luego repitieron sus votantes. Esa narrativa fue usada por Trump en su discurso público y repetida en los debates en el Congreso, para instalar la idea de que la elección no es legítima. Lo interesante de la estrategia comunicacional de Trump es que no hay nada oculto. Lejos de tratarse de una historia secreta sobre la utilización de servicios de inteligencia, asistimos a una estrategia comunicacional abierta que capitalizó la polarización política de Estados Unidos como parte de su estrategia electoral.

MVM: –Lo llamativo es que no estuvieran preparados para detener esto, que se había publicado en todos lados. No es que hubo un mastermind (mente brillante) que lo pergeñó desde las sombras. Era una banda de sátrapas inútiles que lo organizaron como si fuera una fiesta de verano. Entonces, ¿cómo no estuvieron a tiempo el FBI o la Guardia Nacional? El impacto que esto tuvo en la seguridad del Congreso es enorme. Y más importante aún es el impacto de la incapacidad que representa esto a los ojos del mundo.

–También pone de manifiesto la diferencia entre la reacción de las fuerzas de seguridad frente a la toma del Congreso del miércoles pasado y su capacidad de reprimir otro tipo de manifestaciones, como las de Black Lives Matter.

EC: –De hecho, las fotos capturadas y distribuidas por las redes sobre la toma del Congreso son memes. No son imágenes en las cuales la gente está cayéndose, tirándose sobre la policía, golpeando las barricadas. No se parecen a los dibujos de la toma de la Bastilla, sino que se trata de gente tomándose selfies. Brota el sarcasmo, la crítica mordaz. Es decir, la toma fue una forma de ejercer presión política y fue, además, altamente violenta, pero las imágenes son absurdas, cual si fueran memes.

–¿Cuál es el impacto social que tiene el alto nivel de polarización que hay en Estados Unidos, reforzada por el realineamiento de dimensiones como la raza, la clase socio-económica, la identidad partidaria?

MVM: –En la última elección de noviembre de 2020, votó mucha más gente; la polarización trajo un nuevo electorado en ambos lados de la grieta. Es un electorado más diverso que el prototipo del hombre vikingo republicano. Si bien los que tomaron el Capitolio representan el extremo de esa radicalización en Estados Unidos, es cierto que la mayoría de los republicanos cree que la elección fue fraudulenta; y esa mayoría se compone de gente normal a la que no se le ocurre tomar el Congreso. Allí observo una vieja derecha renovada. La cobertura de Fox News se basó en un argumento alocado: decían “esto es fake news, esto no es verdad; son miembros de la antifa se disfrazaron” (N. de la R.: se denomina “antifa” a los grupos de izquierda antifascista). Asistimos a una polarización afectiva que hace que la gente cambie incluso su percepción de lo que ocurre para coincidir con sus partidos. Este proceso está más demorado en América Latina, donde los partidos son más débiles o hay más fragmentación partidaria.

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–En este contexto de polarización más afectiva que racional, ¿cómo evalúa la efectividad de la campaña negativa y las operaciones de fake news impulsadas por Trump, en la desestabilización política de los Estados Unidos?

EC: –Propongo recomponer la escena imaginando la forma remota de conexión existente entre 70 millones de votantes de Trump. Mientras un grupo ínfimo de republicanos entraba al Congreso, el senador de Texas, Ted Cruz, enviaba SMS a todos sus votantes en Texas pidiéndoles que donaran dinero para combatir el fraude electoral que evitaba que Trump asumiera la presidencia. Cruz creó una especie de túnel cuántico que conectaba a todos sus votantes de Texas con la operación que se producía en el Congreso norteamericano. Al mismo tiempo que ese grupo pequeño intervenía en el Capitolio, se producía una vinculación institucional, orquestada por actores políticos mediante un mecanismo de difusión de información, que conectaba a los votantes republicanos. Pensemos que cerca de la mitad de los votantes del Partido Republicano cree que hubo fraude, treinta y cinco millones de personas. La polarización está construyendo narrativas a las cuales la gente está siendo incorporada, no porque esté participando en la calle sino porque está permanentemente conectada con la política a través de formas virtuales de integración de esos actores. La polarización afectiva se potencia con la posibilidad de activar al sujeto que participa remotamente de estos eventos.

–¿Qué conexión observan entre el bloqueo de la cuenta de Trump por parte de Twitter y Facebook y la embestida del propio Trump, en mayo del año pasado, cuando amenazó con quitar protecciones legales a las plataformas?

EC: –Lo notable de la campaña de Trump es que fue multidimensional. Mientras asistíamos a las operaciones electorales que se realizaron en los distintos Estados mediante juicios (en Arizona, en Michigan, en Wisconsin, en Pensilvania), las plataformas estaban siendo condicionadas. Singer compró parte del paquete accionario en Twitter, los medidores republicanos actuaron en Facebook para condicionar su accionar, Trump amenazó con modificar la Ley 230 para regular sobre las plataformas después de que Twitter calificara algunas publicaciones de Trump. El Partido Republicano tiene una maquinaria política que incluye todo tipo de acciones: intervención electoral activa, condicionamiento legal, distribución de recursos.

MVM: –Twitter y Facebook son un enemigo apropiado para el discurso populista de Trump, que aparenta avanzar contra las élites que quieren dictarnos lo que pensamos y que quieren controlar lo que se puede decir y lo que no. Porque ciertamente son elites super ricas que te controlan, investigan, usan los datos. No es que Trump creó un espantapájaros para atacar, su estrategia dialoga con la realidad. Entonces, es muy fácil usar esta línea de ataque que es, además, la que lo llevó a ganar la elección en 2016.

EC: –La estrategia fue idéntica en ambos casos. Denunció fraude e instaló la idea del fraude para capitalizarla políticamente. Denunció a las plataformas, usó esa denuncia para condicionar la intervención de las plataformas y después amenazarlas con la Ley 230. Como dice Victoria, son un target fácil por el inmenso poder acumulado: Facebook tiene un 40% de la humanidad registrado entre sus usuarios. Con tamaño poder político, ser condicionado por el gobierno de Estados Unidos y ser útil a la narrativa de Trump… es relativamente fácil.

–¿Cómo proyectan la gobernabilidad del Joe Biden e imaginan el futuro del Partido Republicano, dos caras de la misma moneda?

MVM: –El Partido Republicano va a pagar un costo por esto, sobre todo en el Senado. Es lógico que los diputados republicanos hayan votado en contra de la certificación de la elección, porque tienen miedo de que Trump les organice una primaria o que aparezca un trumpista que les quite el lugar en sus distritos. En el Senado, la lógica es distinta. Los senadores se dieron cuenta de que quedaron solo tres de ellos con Trump, el resto de los que habían estado con él se bajaron del tren para cuidar su carrera política. Esto muestra el riego de lo que fue esa acción. Eso quiere decir que hay líneas muy marcadas y divididas en el Partido Republicano alrededor de Trump. ¿Terminará esto en un tercer partido, en un conflicto dentro del Partido Republicano o en un arreglo al final? Eso no lo sabemos, pero definitivamente vendrán momentos de reacomodamiento en el Partido Republicano.

EC: –Para una parte de la elite republicana, el sueño dorado es quedarse con el votante de Trump sin que esté Trump en el medio. El gran problema del trumpismo, para las élites conservadoras, no es la energía política que este genera. El problema tampoco es la activación del electorado, todo eso les sirve mucho a los republicanos. Lo que no les sirve es que el trumpismo sea liderado por Trump. Ted Cruz trata de capitalizar las elites más tradicionales que están ligadas a las elites económicas. Muestra un juego ambivalente en el que, por un lado, trata de incorporar al trumpismo y, por otro lado, no saben cómo evitar que los insurgentes los terminen arrasando. La dinámica que observo consiste en ver cómo hacer para marginar a Trump sin destruir lo que él ha construido. Por su parte, el juego de Trump es amenazar con una ruptura y con la pérdida del capital político que eso implica para los republicanos y, así, obligarlos a negociar con él. La situación es frágil, pero al mismo tiempo da cuenta del capital enorme que ha acumulado políticamente Trump.

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–A partir de los juicios que se iniciarán contra los grupos supremacistas que tomaron el Congreso, ¿de qué forma creen que se pondrán en agenda cuestiones como la raza, la clase social, la identidad partidaria, que tanto contribuyen a la polarización afectiva? ¿Creen que se abre la posibilidad de discutir estos alineamientos en otros términos?

MVM: –Esas dimensiones están a flor de piel, con y sin los juicios. La prensa reporta la conformación del gabinete de Biden enfatizando la demografía de cada personaje antes que su currículum. Es hasta poco feliz, desde mi perspectiva, pero él asume que debe negociar con cada sector. Los términos “raza” y “género” tienen una dimensión política. El grado de polarización no solo se observa en lo ocurrido en el Capitolio en Washington sino en lo ocurrido en otros capitolios estaduales. La victoria de los demócratas en Georgia se debió a los votantes negros, que votaron más que en noviembre. El cambio allí se explica por la participación electoral de los afrodescendientes demócratas en Georgia. Los juicios van a traer de nuevo estos temas, pero estos temas no han salido de agenda. En particular desde el verano, han sido claves en la conversación política de los Estados Unidos.

EC: –Los juicios a los trumpistas que entraron al Congreso son una oportunidad política para separar al trumpismo dentro del republicanismo, limitar sus efectos nocivos y quedarse con su electorado. Me intriga ver cómo van a estructurar los arrestos y los juicios y cómo se va a publicitar eso ante la opinión pública en Estados Unidos. Más precisamente, me interesa ver cómo se va a construir la imagen de un partido que está dispuesto a romper las reglas del juego democrático.

MVM: –Es interesante la forma de ilustrar a la primera víctima, la mujer que estaba atacando el Capitolio. En el titular del Washington Post se afirma que era veterana de la Fuerza Aérea. Esta cosa de alguien que peleó por los Estados Unidos y, al mismo tiempo, ataca el Capitolio y, al mismo tiempo, termina muerta por una bala policial. Va a ser interesante ver cómose crea el framing (encuadre) de los juicios.

EC: –Agrego algo sobre esa primera víctima fatal, de las cuatro que murieron en el ciclo de protestas. Esa mujer fue asesinada, según todo parece indicar, por los que estaban tratando de defender el bloqueo de una zona del Congreso que estaba protegida, no por la seguridad del FBI y de la policía que ingresó para expulsar a los que protestaban. Por lo cual va a ser interesante que todos los que ingresaron para expulsar a los que estaban en el Congreso no dispararon tiros y no ejercieron actos de violencia. La única muerte que se produjo fue tratando de proteger la barricada que habían armado, donde estaban algunos diputados que habían tratado de escapar de la protesta. Es notable la poca información que hay sobre cómo murió esa mujer.

–¿Quién se hará cargo de la seguridad nacional durante la transición?

MVM: –Trump sigue teniendo el poder formal como comandante en jefe y, por ende, está a cargo de la seguridad nacional. Sin embargo, las imágenes de la debilidad de la seguridad del Congreso y el reconocimiento de su incapacidad para gobernar, que se está discutiendo en todo el mundo, abren un interrogante a futuro sobre la transición a Biden respecto a la seguridad nacional. La transición compleja de 2000, vinculada al retraso de la decisión de quien había ganado la elección, ha sido asociada con los problemas de prevención que permitieron que ocurrieran los atentados del 11 de septiembre de 2001. Aunque el tiempo no alcanza para sacar a Trump, hay muchas renuncias en su gabinete. Pero el riesgo para la seguridad nacional ha llevado a esa comunidad a pedirle al secretario de Estado, al director de seguridad nacional y al consejero de seguridad nacional, que no renuncien en este momento y sostengan a la burocracia estatal que se hace cargo de esta área. La transición al equipo de Biden de seguridad nacional es ahora crucial ya que esta será una transición “desordenada” para la tradición norteamericana. Fuente: Página 12.

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