“Laburo”: los dichos de Cristina Kirchner reflotaron la necesidad de oxigenar el gabinete

Cristina Kirchner movió el avispero con sus declaraciones.

Nadie en el Gobierno se pone en actitud defensiva cuando se habla de “oxigenación del gabinete”. Tampoco nadie se sonroja cuando se mencionan posibles recambios en algunos ministerios. Tanto en la Casa Rosada como en otros sectores del oficialismo, se comenzó a naturalizar la necesidad de revitalizar algunas áreas de la gestión. La preocupación es que algunos ministros no estén a la altura de los desafíos políticos que traerá el 2021.

Cristina Kirchner movió el avispero cuando pasó el mensaje el viernes, durante el acto en La Plata: no hay lugar para los débiles. La vicepresidenta pretende que los ministros avancen sin que les tiemble el pulso en los objetivos económicos e institucionales que ella trazó. “Los ministros que tengan miedo o no se animan que vayan a buscar otro laburo”, dijo, sin sutilezas.

Dos funcionarios de trato directo con Alberto Fernández aventuraron que el Presidente no se apurará para modificar su elenco de ministros. “Son necesarios cambios en el gabinete. Pero está en la cabeza de Alberto cuáles son esos cambios y en qué tiempos lo quiere hacer”, dijo a LA NACION un importante portavoz oficial.

Otro alto funcionario advirtió que ningún recambio puede avanzar si no está claro el candidato a reemplazarlo. Ya pasó con el secretario de Energía, Sergio Lanziani y con la ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa. Sus salidas eran un secreto a voces y estuvieron anunciadas durante meses, pero tardaron en madurar, a la espera de que aparecieran sucesores. Los lugares vacantes terminaron ocupados por figuras de buena aceptación en el kirchnerismo.

“Además, Alberto no te entrega cuando estás sangrando”, agregó el funcionario.

Nada quita que el reclamo de la vicepresidenta condicione los tiempos de Fernández: en el acto de La Plata quedó en claro que el rumbo a seguir no es decisión exclusiva del Presidente.

Ministros

Ayer, el diputado oficialista Eduardo Valdés, de interlocución frecuente con Cristina y amistad con Fernández, dijo: “Debería haber cambios para oxigenar el gabinete. Yo creo que Alberto lo está pensando”. Admitió que “hubo desgastes” y agregó: “No voy a dar nombres, es el Presidente y la vicepresidenta quienes evalúan”. Valdés y Fernández se encuentran a comer casi todos los fines de semana.

“Alberto y Cristina son quienes conducen y está bien lo que dijo la vicepresidenta ayer. Si hay funcionarios, ministros, diputados o senadores que no están a la altura de la circunstancia para defender a los argentinos y las argentinas, que se busquen otro laburo. Está perfecto. Alberto y Cristina van a seguir, los funcionarios estamos de paso”, dijo por su parte el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

No necesariamente los ministros apuntados por el kirchnerismo son los mismos que presentan dificultades a los ojos de la Casa Rosada.

La ministra de Justicia, Marcela Losardo, no es del agrado del Instituto Patria. Sentada en la silla más sensible para la vicepresidenta, el kirchnerismo cree que Losardo no va a fondo porque es funcional al status quo de la familia judicial.

El kirchnerismo también critica a dos ministros que fueron elegidos personalmente por Fernández para el cargo: Claudio Moroni (Trabajo), y Matías Kulfas (Desarrollo Productivo). Este último tendrá un rol crucial en el tema que -por fuera de la agenda judicial- más desvela a la vicepresidenta: el control de los precios.

La ministra de Seguridad, Sabina Frederic (otra exponente del Grupo Callao que fundó Fernández) soporta, de tanto en tanto, las arremetidas de su par de la provincia, Sergio Berni, un hombre que reconoce a Cristina como su única jefa.

La Casa Rosada, en cambio, detecta problemas en otras áreas. Fernández le hizo el vacío por varios días al canciller Felipe Solá después de un traspié por la conversación con el presidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden. Más allá del episodio, hacía tiempo que muchas relaciones internacionales hacían un “by-pass” sin pasar por el canciller. A pesar de las diferencias de Solá con el cristinismo por las posturas ante Venezuela, el ministro logró en cambio un acercamiento con la vicepresidenta.

En la Casa Rosada, en tanto, advierten que hará falta un plan de acción potente que revierta la inacción que existió este año en materia de educación. El ministro del área, Nicolás Trotta, quedó muy ligado a la ausencia de clases y en el Gobierno se preguntan si podrá ser la cara del ciclo lectivo del año que viene. “En su defensa, son pocas las facultades que tiene cartera de educación nacional”, intentó defenderlo un alto funcionario.

En un año electoral, la presión por mostrar resultados se multiplicará. Fuente: La Nación.

 

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