Almóndigas Show y sus videos

Martín Nicolás Ivancich es actor y payaso, creció en Rada Tilly y a los 20 años se mudó a Comodoro

(Por Flor Nieto) Almon se sienta en el patio. Le decimos Almon, porque Almóndigas suena demasiado formal y el nombre Martín tampoco alcanza. Martín Nicolás Ivancich es actor y payaso, creció en Rada Tilly y a los 20 años se mudó a Comodoro. Ahora vive con su gato Miyagi y, por la pandemia, cambió giras por videos de YouTube. Y la rompió. Cientos, miles y miles. Se viralizó tanto pero tanto que contar las views o reproducciones parece imposible. Todos hablan de él y él dice que le gusta el humor bizarro, picante, que no bardea porque sí pero que si le pinta decir algo, lo dice.

-¿Quién es Martín? ¿Quién es Almóndigas Show?

-Es medio todo lo mismo ya pero bueno -risas-. Martín sería yo y Almóndigas Show es un payaso. Ya Almóndigas Show se llama toda la compañía. Todo el periplo de cosas que han sucedido hasta ahora desde que empezamos con el tema de la actuación y animación. Tengo varios personajes más: el osito, la foca, el queso, el cumbiero, el luchador de sumo, la chica hippie, el pirata, Richy Asquete, varios. Me quedan un par, pero buen número.

-¿Cuándo empezaste a ser Almóndigas?

-Empecé hace un montón, casi 18 años, desde el 2002. Me gustaba, quise ir a la Escuela de Arte, entré, hice hasta medio año porque bueno… soy muy desalineado y dejé. Así como dejé, encontré actores de teatro más grandes que yo, Sacacorcho -que en ese momento estaba Cuqui Lacalle-, Elo Vazquez, Negro Digorado. Ellos me sumaron, hicimos un par de giras y después empecé la etapa del payaso porque vinieron a dar un taller y a mí me re copó. De ahí pintó un viaje a Neuquén. Fui y conocí a un montón de otra gente que también vivía de eso. Yo no había visto que se pudiera vivir del circo, de la movida. Me quedé ahí un año con un grupo que armamos. Pintó buena onda y alquilamos una casa entre todos. Qué año terrible ese -risas-. Hicimos una gira por todo Neuquén con un grupo de circo, nos habíamos puesto “El Cirquén” un nombre fácil. Hicimos una gira con Coca Cola por todos los pueblos y ciudades de Neuquén, re piola. Después seguí viajando a otros lados, acá, ahora ya no. Antes viajaba más seguido, por lo menos dos veces al año. Capaz que dos meses o capaz que seis meses…pero arrancaba.

-¿Cómo es vivir en el circo?

-Tuve varios grupos. Después con unos hicimos una gira. Éramos cuatro. Ellos son de Viedma y nos conocimos viajando por todos lados, me hice muy amigo. Arrancamos de acá me acuerdo, ellos vinieron a buscarme. Empezamos por Viedma, subimos a Misiones, de Misiones bajamos, de ahí volvimos a Viedma, de ahí nos fuimos hasta Bolivia, Chile, Perú y llegamos hasta Guayaquil, Ecuador, haciendo circo. La vida de circo es… “sí, sí, sí” -risas-. Comunidad. Los domingos tirás función entre todos y en la semana cada uno tiene que hacer algo, o el semáforo o yo iba a vender globos también de payaso. Siempre ves un lugar y te mandás para ver si podés actuar ese día y así. No se junta mucha plata pero conocés. Conocés la papa a la Huancaina, comidas típicas, no hacés guita pero vivís. Aparte tenés anécdotas en todos lados, la gente que te recibió, cosas del público.

-¿Alguna que se pueda contar?

-Sí, me quedé pensando en eso. No, todas se pueden contar -risas-. Mucho Bolsón. En un momento tenía un grupo con un chileno, un uruguayo y un venezolano. Un día estábamos actuando en la plaza del Bolsón, nos iba muy bien. Llenábamos. Nos iban a ver porque éramos los personajes de la plaza. Aparte andábamos todo el día ahí. Hacíamos una acrobacia entre todos, yo era el que menos hacía, sostenía. Uno que se paraba a doble altura de otro, cuando cae, cae mal y se dobla la rodilla. Toda la gente se dio cuenta de que no era actuado. Siempre hacíamos espamento y la gente sabía que era un chiste pero se re notó que esto no era un chiste. Dijimos: “Bueno, cortamos la función” y el uruguayo, el que se lesionó dice: “No, no, sigan, sigan. Llévenme al hospital y sigan”. Entonces toda la gente estaba ahí a full y seguimos usando el momento pero payaseando: “Uh, lo vamos a tener que llevar de verdad, pero esto es de verdad” y tuc tuc le pegábamos. Lo llevamos al hospital, volvimos y había el doble de gente esperando a ver qué pasaba. Terminamos la función, el numerito que quedaba y ese día hicimos mucha gorra porque fue parte del show el esguince. Después estuvo enyesado, tuvimos que seguir tres. De esas, un millón. Muchas. Tengo hasta de la semana pasada, de todo -risas-.

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-¿Y siempre te gustó el humor? Porque por lo general el que es artista, es artista toda la vida…

-Puede ser que desde que iba al colegio siempre me gustaba hacer humor inconscientemente. Era el molesto. Me han echado de la escuela, no por una en sí, sino por muchos apercibimientos juntos de tanto molestar en clase. Me defendí con el bullying porque me hacían bullying por gordito, entonces mi mecanismo de defensa era hacer más bullying que los demás para que no jodan. Tampoco ser la víctima, pero era en defensa siempre todo el bullying que yo tiraba -risas-. Me gustaba ver Tinelli, Chachachá, siempre me gustaron los programas de humor y siempre quise hacerlo. Ahora se está dando con las redes, con el personaje del Petraka y todo eso. Me están dando ganas de hacer como un mini programita televisivo aunque sea por Internet. Es el nuevo lenguaje.

-Y después los personajes: Gordo Delgado, el Osito de la Montaña, la Foca, Señor Queso, El Petraka…

-Todos los personajes que tengo se armaron a partir de un chiste. Por ejemplo, una vez nos invitaron a una fiesta electrónica, la Moonflower del Bolsón. Dicen: “Bueno, vengan a actuar acá, nosotros no les podemos pagar pero sí les damos un lugar para acampar, una vianda por día, ustedes hagan función y pasen la gorra si quieren”. Golazo. Una fiesta electrónica, cinco payasos, imaginate. “Chicos no les puedo pagar” no interesa nada. Fuimos. Jugando con unos niños que estaban en la fiesta, sin siquiera estar de payasos porque a esa altura ya éramos amigos de los nenes que estaban ahí. Uno de los nenitos me dice: “Vos sos un osito de la montaña”. Ahí pintó de empezar a jugar con los nenes, con los papás. Después me acuerdo que fuimos a Neuquén y en esa época en Bolsón no había mucho cotillón. Fue hace como 15 años. En Nequén sí y me compré la mascarita, todavía la tengo. Después el busito me lo hizo una amiga. Es para intervenir el personaje. Aparece. Cuando actuábamos para los chicos hacíamos con una espada, aparecía a decir que dejaran de pelear. La Foca también, jugando en una casa, tirándome al piso, pintó improvisar. El cumbiero porque siempre me gustó la cumbia y siempre me gustó cantar, se fue creando de cantar los temas así y se formó el personaje solo. Una peluca de pelo largo y a cantar. Los temas son re bizarros. Él canta las cosas que nadie quiere cantar de las miserias humanas ¿Qué tal eh? -risas-. Con ese personaje tuve una banda y recorrimos un montón de lugares, por todos lados tocando. Siempre así.

-Y co-creaste el primer Festival de Humor de Comodoro…

-Lo que nos pasó fue que lo hicimos en una fecha muy pegada a las fiestas y la gente cuando está cerca de las fiestas solo piensa en las fiestas. No gasta en un alfiler porque hay menos vitel toné o no sé, se nubla. Quedó para la próxima hacer uno mejor pero ya está, ya hicimos uno. Una noche estuvo muy buena al nivel de festival pero después tuvimos un pibe que no pudo actuar porque no había gente. Era un día de mucho calor a una semana a Navidad. Quedaron las ganas para hacer otro pero con esto de la plandemia todo este tiempo no pudimos. La queríamos hacer en mayo. Capaz para marzo del año que viene, algo así. La haría sí un poquito más patagónica, traer humoristas más de Patagonia, eso me parece más interesante.

-¿Y a vos qué te hace reír?

-De todo. Me gusta el humor verde, el humor negro un poco. Adoro a Capusotto, es lo máximo, no hay otro igual, es el mejor de todos. Me gusta mucho Olmedo, Chachachá. Descubrí unos canadienses que se llaman LOL. Me gusta mucho el humor de los mimos, tengo un par de amigos mimos. Tengo un amigo mimo chileno y en Chile tienen otro nivel, para mí. Grosso. Son mimos que generan cosas en una calle de cuatro esquinas sin hablar. Muy bueno. La verdad que me gusta de todo.

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-En Comodoro existen muchos universos diferentes que conviven ¿Cómo es el del clown?

-Es under. Los pocos cirqueros que podemos llegar a ser, la fecha que arme cada uno, lleva su gente pero sigue siendo under. Tendría que ser un poquito más masivo, ahora no se puede hacer nada pero lo de las redes ayuda. Conozco un under callejero, lugares que hacen teatro que por ahí no son tan consumidos por la gente porque o no está muy bien promocionado o la gente tiene algún tipo de resquemor ante ese grupo. Todos tenemos rastas, andamos mal vestidos -risas- para algunos no va, por lo menos era así antes ahora ya no. O por lo menos yo estoy grande y no lo veo así. A veces el under es medio preocupante porque podríamos tener más comunicación entre todos. Hay movida, quizás tendría que haber un circuito organizado para que todos se animen a ir a otros lugares. A veces se peca de no abrir el juego. Quizás alguna chica que trabaja en oficina quiere hacer algo con el cuerpo y no sabe que en vez de ir al gimnasio puede hacer circo, por ejemplo, como sí hacía Elo en Rada Tilly. Muchas veces se hacen cosas para gente del palo. Por eso también ahora me va más lo de humorista y eso quiero ser. Por eso todo lo de YouTube me dio un empujoncito para verla de ahí pero nunca voy a dejar de ir a la plaza. Ese también es el problema del under, que apuntan a la gente como ellos. Hay movida y antes no había nada.

-En Comodoro de a poco está cambiando la cosa también. Antes no había tanto, ahora la gente sale, disfruta…

-Sí, en algunas cosas cambió el comodorense. Antes vos los veías y quizás el domingo iban de paseo al supermercado. Ahora la gente sale, disfruta. El otro día fui a la Granja Don Héctor, qué lindo para llevar a los nenes ahí. Hay muchos lugares para ir en El Cordón, para pasar en familia, hay un montón de cosas para hacer. Me acuerdo que antes la gente iba los domingos a La Anónima. No se le caía una idea y ahora hay de todo.

-¿El humor tiene límites?

-No, yo creo que no. No hay límite y a la vez sí si el humor ya no es humor y es una busca roña. Si vos con respeto hacés un chiste podés hacer un chiste de lo que sea. Creo que lo único que no soportaría es la pedofilia o algo así que no podés remar. Ahí no hay nada que te saque una sonrisa. Pero el humor negro sí ¿Cómo no te vas a reír? No sé cuál es el límite del humor en realidad, siento que no tiene que haber. La verdad no sé cuál es el límite. Esa es mi respuesta final.

-Siempre lo preguntamos porque sirve mucho aprender de los demás ¿Qué le aconsejarías a alguien que recién empieza en actuación o clown?

-Nunca me puse del lado de dar un consejo pero que crean en lo que les gusta. Que al personaje o personajes, historia o historias cirqueras lo lleven a full y en el momento que lo hagan crean solamente en eso. Y que en el caso que empiecen a laburar de eso, que lo más valioso es hacerlo, que aunque ganes dos pesos, a la larga es experiencia y esa experiencia te hará laburar mucho más y mucho mejor.

Almon -todavía le decimos Almon- quiere entrar un poco más en la pantalla, hacer vivos, videos, seguir. “Hace tiempo tengo pendiente hacer unas giras como hacía antes por los lugares donde tengo amigos y donde siempre hay que volver porque si no se congela la amistad. Te comunicás pero no hay nada como verlos. Bariloche, Viedma, Buenos Aires, todo lados. Seguir con lo mismo pero salir con el espectáculo y actuar en lugares, lo de siempre”. Ahora lo de siempre casi que cambió para siempre; Comodoro, finalmente, descubrió a uno de sus más grandes humoristas.

 

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