Contrario a lo que varios conocedores de la historia del rock de este país piensan, los dos últimos recitales de Sui Generis, la primera gran banda de Charly García junto a Nito Mestre, no fueron los famosos “Adiós…”, que produjeron en el estadio Luna Park, sino que se concretaron en Comodoro y Caleta Olivia. Dom. fue al encuentro del organizador de esos dos episodios en tierra de vientos.

Por Marcelo Melo
Fotos: Juan Low

Narran, los que estuvieron cerca de Charly García allá por 1975, que la intención de dar forma a un disco instrumental y que no le presten apoyo fue una causal muy fuerte para dar por concluida su etapa junto a Nito Mestre en Sui Generis y que se produzcan los primeros recitales masivos del rock argentino -con más de 30.000 personas-, para dar forma a dos discos que simplemente se titularon: “Adiós Sui Generis” en sus dos volúmenes. Charly percibía que deseaba encarar una nueva etapa y dio por concluido ese “dúo”, que hoy es historia pura.

Pero, además, otro dato muy curioso: muy pocos conocen que la fase recitalera no concluyó allí sino que tuvo a nuestra ciudad y a la vecina Caleta Olivia como los dos escenarios culminantes (ver recuadro) y que no terminó de la mejor manera, ya que antes de partir tuvieron un “accidente”.

El 5 de septiembre de 1975 el grupo se presentó en el Luna Park ante una verdadera multitud, un verdadero récord de convocatoria, tanta era la convocatoria que llevaron a cabo dos conciertos en la misma noche. La iluminación era del grupo chileno Los Jaivas, que prestó sus artefactos, se registró en una película y un disco doble (en 1994, Jorge Álvarez, productor de la banda, rescató temas desechados del disco y editó Adiós Sui Géneris Volumen III).

Dom. fue al encuentro del organizador y productor de los dos conciertos finales, que hoy reside en el barrio conocido como 1300 Viviendas. Lucho Hernández, totalmente retirado de la actividad que lo tuvo como protagonista desde los tempranos años 70 dirigiendo la productora La Corporación, digitando consolas en discotecas y recitales, compartiendo relaciones importantes, como la que forjó con el gran productor Daniel Grinbank -el creador de FM Rock and Pop, realizador de las llegadas de grandes bandas internacionales al país, como Rolling Stones-.

Un trío: En 1992 Lucho Hernández, Willy Quiroga (cantante de Vox Dei) y Jorge Caponero (ex Vox Dei que hoy vive en Comodoro).

Se enciende el grabador y comienza narrando que su trabajo lo relacionó profesionalmente con quien aún hoy continúa con el festival más importante del país, el Cosquín Rock, su creador, Mario Luna. Luna hace más de 40 años realizó el Primer Festival de Música Contemporánea en Cosquín, que abrió el camino a lo que vino luego con La Falda Rock, el Chateau Rock y el actual Cosquín Rock. “En los años 70 éramos muy pocos, donde estaban más estimulados los espectáculos masivos era en Buenos Aires y Mar del Plata. Cuando organizo Sui Generis conocí a Daniel Grinbank” comienza relatando Hernández.

Muestra sus estanterías llenas de discos de vinilo y narra que “era otra historia, Grinbank venía como manager en esa época. Venían los grandes productores y te compraban 10 salidas con los artistas del momento. Solo tu zona. Al Valle fui con Kapanga, con Los Iracundos, híper populares, entre muchos otros, Sergio Denis, por ejemplo. Toda la Patagonia organizábamos”.

-¿Qué hacías y cómo llegó esa posibilidad de realizar el verdadero “Adiós Sui”?

-En ese momento era disc jockey y sonidista. Primero, empecé pasando música en boliches, luego empezó a caer gente que quería tocar e inicié el camino a brindar el servicio de sonido. Antes de organizar el recital de Sui Generis (1975) ya había hecho en lo que era el Cine Gran Comodoro, servicio para Coco Díaz, el cómico. Fue fácil, era una voz y una guitarra, ese fue el primero. Los que nos dedicamos a esto, lo primero que tenemos que entender es que al frente va la voz y en segundo plano el instrumento.

La vida te da muchas lecciones. En esa época no había muchos disc jockeys móviles, incluso tengo un carnet de ese tiempo, que me acredita como tal, por parte del Sindicato de Trabajadores del Espectáculo Público. En esa época, Comodoro era muy especial, ya que eran ordenanzas y ordenanzas a cumplir, recordemos que veníamos de dictaduras, que te prohibían muchas cosas. Posterior a lo de Sui Generis, nos dedicamos de lleno a la organización y las salteábamos, porque era increíble el nivel de impuestos que había que pagar, los más altos del país. Hacíamos Caleta, Río Gallegos, hasta Tierra del Fuego, por último, pasábamos a Chile a Punta Arenas.

Charly y Nito, a estos dos recitales que sí fueron los últimos, ya llegaron peleados. A Nito le echaban flit y ya se estaba armando Polifemo donde iría parte de Sui: Rinaldo Rafanelli en bajo, teclados, Guitarra, Voz; David Lebón en guitarra, teclados y voz, -con él Charly luego formaría Serú Girán-; Juan Rodríguez en batería y percusión; Ciro Fogliatta en órgano Hammond, clarinete y coros. Viajábamos en Falcon, me acuerdo que era el todo terreno de la época. Ahí conocí un sonidista muy conocido en el país, Robertone, hoy radicado en Colombia. Muchos años después organicé Carajo, 2 Minutos y vino el hijo de Robertone, como productor. Estuve fácil 40 años viviendo de esto, hoy tengo 70 años.

-¿Fue la única vez que tuviste a Charly en un escenario?

-La gente de Buenos Aires, en esa época, menospreciaba a los que trabajábamos con el sonido, pensaban que no sabíamos, cuestiones que nos costaba mucho aprender. A las bandas locales, las teloneras, nos pedían que las hagamos sonar a mucho menor volumen de lo que era el numero central. Eso era un clásico.

Charly ya era una estrella, un genio, tocaba muy bien y lo que proponía era muy de avanzada. Los vi y proyecté en varias etapas, otra con Serú Girán. Una vez vino con un exceso de equipaje tremendo, hasta las pesas había traído, la sillita de bebé de su hijo. Otra vez volvió, íbamos a trabajar en el Socios Fundadores, su etapa solista, se fue a Musimundo y se compró bocha de CDs, el manager pagaba todo. En ese show tiró un micrófono 58, que aún hoy se utilizan y se lo revoleó al público; un gran trofeo para el que hoy lo guarda.

En el recital de Caleta, el presidente del club Estrella sacó el revolver porque no querían pagar el cachet, que siempre se cobraba antes del recital. Le dije que no iban a tocar, nos saca el arma y me la pone en la cabeza. Charly me agarró, me corrió y me dice: “vos ya la hiciste”, por el recital de Comodoro, “vamos a tocar igual sino va a quedar muy mal esta etapa, que termine así’. La historia es que cuando volvíamos hubo un accidente, se fue de la ruta un vehículo que venía delante nuestro, un minimoog (teclados de Charly) se destrozó, el bajo de Rinaldo Rafanelli se hizo pomada, entre otras cosas.

-¿Qué otros grandes “hiciste” en nuestra ciudad?

-Antes de Charly había organizado Los Jaivas, el mayor grupo que dio Chile. Estuvieron en mi casa, en barrio Las Flores, hicimos muy buena amistad. Todo lo que venía de Buenos Aires era vía Grinbank, y con D’artagnan, que era el productor de Emi Odeon, nos daban los avances en discos de 45, de los grupos que iban a llegar.

Estuve en un ensayo de Pappo, del que luego iba a hacer su despedida. Antes había organizado el de su banda metalera Riff, otro le organicé dos meses antes que falleciera. Pero trabajé con todos los que venían, luego del recital terminaban la noche en el boliche en el que trabajaba, Geminis, donde pasábamos música de avanzada. Me acuerdo que cuando vinieron Los Gatos (banda formada en el 67, precursora total del rock argentino, liderada por Litto Nebbia), Ciro Fogliatta (teclados) se quedó dos semanas en mi casa, iba todas las noches a Geminis, pasábamos todo el rock nacional.

De Los Jaivas me acuerdo mucho, cuando los trajimos. Lo primero que hacíamos era musicalizar, darle duro y parejo en el boliche, popularizarlos. Me hice amigos de ellos, tocaban en Punta Arenas, me invitaban e iba a visitarlos con mi esposa. Hoy son todo un mito, soy amigo y son muy buena gente.

Se levanta y empieza a narrar sobre las fotos que tiene de todos los grupos, pegadas en las paredes. Con Sergio Denis, Ricky Maravilla, Rubén Patagonia, y siguen los nombres.

-Uno de los últimos recitales que hicimos fue Los Auténticos Decadentes y fue impresionante, tuvimos que usar 40 canales de monitoreo, cada canal un instrumento. Trabajé con muy variada cantidad de artistas, hice la despedida de Los Chalchaleros, de Luis Landriscina, etc.

Llegó un momento que estaba solo como productor les he organizado recitales a grupos que llegaron desde Holanda, como Metal Distortion. Hablábamos en inglés técnico, que lo comprendo, que es el del sonido, nos entendíamos a partir de ahí, que es universal.

Tenés otra actitud al trabajar con artistas, he tenido discusiones, con algunos muy fuertes y con otros excelentes, entre estos últimos por ejemplo Sergio Denis, que era hiperpopular, las mujeres lo amaban y el tipo re simple, muy buena persona.

-¿Siempre en Comodoro?

-Un tiempo me fui a Buenos Aires. Cargamos los sistemas y nos fuimos, mantenía contacto con los productores, que aún hoy siguen en la movida, y les dije: “vine con equipo de sonido y luces, si hay laburo avísenme”. Alquilamos un lugar y al segundo día ya nos llamaron, para una gira por Santa Fe y Entre Ríos, Rosario, también la capital santafesina, Diamante, otras ciudades. Luego nos fuimos a La Banda, Santiago del Estero; Tucumán, siempre siguiendo a los artistas en teatros de todas las capacidades. Operé en el Gran Rex, uno de los teatros más importantes de la famosa avenida Corrientes de Buenos Aires, eso te demostraba que uno estaba a la altura. Viajábamos en colectivos que eran una casa, que tienen cama, cocina, etc, ómnibus de gira, una vez nos cruzamos con “La 25” en plena ruta, gente muy buena, gira extenuante con ellos.

Adiós a Sui Generis en el Luna Park.

-¿Qué otras anécdotas hasta que te retiraste?

-También hice León Gieco, que lo detuvieron y le cortaron el pelo en la Seccional Primera de acá. En la Dictadura tenías que esconder el pelo largo, fue mucho antes de que editara “De Ushuaia a La Quiaca”. A Pappo lo hice con V8, banda de heavy metal, por donde pasaron Ricardo Iorio en bajo y el guitarrista Ricardo “Cofa” Moreno, Alberto Zamarbide (voz), Osvaldo Civille (guitarra), Gustavo Rowek (batería).

Empecé a hacer grandes producciones hasta retirarme. Realicé siete años de La Renga, había mucha lucha con la policía, todos lo tomaban como sinónimo de bardo y no pasaba nada. La primera discusión, con el comisario del Km.3 fue por el tema de las drogas cuando comenzó la democracia. Fue en el Helénico y la policía quería ingresar, prender la luz, etc, y era de metaleros. Hicimos un corte prolongado de luces y el público a los “polis” los tiró a la calle y nunca más volvieron.

Me empecé a cansar y de a poco fui dejando. Porque era responsable de muchas cosas.  Y me fui abriendo. Fabián Arienti, uno de los fundadores de Eco Radio, fue el que tomó la posta (su hermano Alexis aún hoy sigue, ahora con el lapsus por pandemia). Vos imagínate que fuimos los que empezamos, fuimos los primeros que tuvimos vallado, el primero, era de madera. Me acuerdo que viene Caputo, el manager de Almafuerte, lo atropella y casi se sacó el brazo. Un día hicimos cuatro servicios de sonido, con los locales C113 Vicios empezando y terminando con Almafuerte, entre otros, a ese nivel estaba laburando y dejé.

MÁS INFO: Comodoro y Caleta por los protagonistas

(Extraído de: “Karma de ir al Sur”, de Víctor Pintos. Nota publicada en el suplemento Radar Del diario Página/12)

Sui Generis no terminó ahí: al siguiente fin de semana, el grupo tuvo agenda completa en la Patagonia: tres shows en tres días, todos “vendidos”. El viernes 20, el grupo tocó en la confitería Géminis de Comodoro Rivadavia: una presentación dentro de todo normal, salvo que, en la sobremesa del almuerzo de ese día, los músicos habían hablado de colegas, entre ellos de un grupo innombrable, un yeta.

“Estábamos todos súper amigos; el clima era bárbaro y me acuerdo de que nos cagamos de risa del asunto. Pero después, con todo lo que pasó, nos acordamos mucho de eso”, dice Mestre. Al día siguiente, el sábado 21, Día de la Primavera, Sui Generis debía presentarse en la modesta sala del Centro Catamarqueño de Caleta Olivia. “Cuando caímos, lo primero que nos dijeron era si no teníamos problemas de tocar con una pasarela adelante, porque antes del show iban a elegir a la Reina”, cuenta Mestre. “Incluso me parece que uno de nosotros fue parte del jurado”, agrega, sin aclarar quién. El tercer concierto de ese fin de semana fue el domingo 22, otra vez en Caleta Olivia, pero en el salón del Club Estrella Norte. Que un mismo grupo se presentara dos días seguidos en una misma ciudad, de tan discreta cantidad de habitantes no era lo que se dice una astucia comercial. Mestre recuerda así el último concierto de Sui Generis: “Fue horrible. El lugar era un desastre, con techo de chapas, sonó todo mal y vinieron no más de cincuenta personas”.

Millones perdidos

Pero lo peor vino después. Cuenta Mestre: “Cuando terminamos de tocar, salimos Charly y yo, con dos chicas, en un Falcon. Atrás venía la camioneta con los equipos y, en otro auto, Rinaldo (Rafanelli, el bajista del grupo), Juan (Rodríguez, el baterista) y no sé quiénes más”. En el camino que va de Caleta Olivia a Comodoro Rivadavia, volcó la camioneta (conducía un local, Fernando Ramos, a quien acompañaba una chica de apellido Rolón) y los equipos quedaron destrozados.

“Me acuerdo que nos alcanzó el otro auto y Juan nos contó desesperado que había visto todo hecho pedazos, que el bombo de la batería estaba en la banquina partido en dos”. Un diario de la zona dio la noticia del accidente. Dramático Adiós para Sui Generis: Perdieron en nuestra ciudad más de doscientos millones, tituló la nota. Y dio los siguientes detalles: “De acuerdo a una cifra estimativa de los músicos perjudicados en este accidente, las pérdidas alcanzarían a más de 200 millones de pesos viejos. Pero la desgracia se ensañó con el músico y creador de grandes éxitos Charly García, quien en esta oportunidad había traído todos los instrumentos musicales que interpreta: melotrón, piano, órgano y sintetizador, con todo el sinnúmero de implementos amplificadores, que quedó reducido a material de chatarra, al igual que repuestos de elevado costo. En su totalidad eran instrumentos de importación. Como consecuencia, repetimos, Charly García perdió el fruto de toda su carrera artística que había invertido en instrumentos; Juan Carlos Rodríguez, la batería; Reinaldo (sic) Rafanelli, el bajo electrónico, y Nito Mestre una guitarra Gypson (sic)”.

Allí no terminó todo: el único teclado que se salvó fue robado en la madrugada del lunes, en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, poco antes de que se despachara la carga en el avión que traería a los músicos de regreso a Buenos Aires”.

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