Eficacia vs efectividad de una vacuna: cómo se miden y en qué se diferencian

Hubo, legítimamente, mucho entusiasmo cuando Pfizer y BioNTech anunciaron los resultados provisionales de su ensayo de vacuna Covid-19. Se informó que la vacuna, llamada BNT162b2, tenía una “tasa de eficacia superior al 90%”. Esto pronto se tradujo en un 90% de “efectividad” en la prevención del nuevo coronavirus. Pero, ¿cuál es la diferencia?.

“La eficacia es el porcentaje de reducción de la incidencia de una enfermedad en sujetos que fueron vacunados con respecto al general que no fue vacunado. La efectividad es en realidad la capacidad que tiene la vacuna de proteger contra la enfermedad cuando ya la vacuna está en el mercado”, explicó en diálogo con Infobae Ricardo Teijeiro, médico infectólogo miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

En resumen, la eficacia es el desempeño de un tratamiento en circunstancias ideales y controladas, y la efectividad es el desempeño en condiciones del mundo real. Entonces, ¿qué significa esto en términos de la prueba de la vacuna Pfizer/BioNTech?

La vacuna Pfizer/BioNTech informa una eficacia del 90%, lo que significa que su vacuna previno los síntomas de COVID-19 en el 90% de los voluntarios que recibieron la vacuna en comparación con el placebo. Esto es muy alto y probablemente cambiará al final del estudio. El comunicado de prensa informó los resultados de 94 participantes: necesitan 164 para completar la prueba, que no debería llevar mucho tiempo. Se espera que las vacunas seguras con una eficacia superior al 50% estén aprobadas para combatir el Covid-19.

“Hablar de la efectividad de esta vacuna es -por ahora- incorrecto. Debemos esperar a que se utilice de forma masiva para poder hacerlo. Sin embargo, son vacunas muy esperanzadoras que están demostrando mucha mayor eficacia de lo que se preveía”, manifestó consultado por este medio Eduardo López, prestigioso infectólogo y uno de los principales asesores del Presidente en la lucha contra el coronavirus en nuestro país.

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Los ensayos clínicos son precisos y prolijos, y tienen como objetivo responder si una vacuna es segura y si funciona. Para lograr esto, es probable que los participantes que son reclutados para recibir la vacuna (o un placebo) estén sanos en general. En los primeros ensayos clínicos, es posible que los participantes no sean el grupo vulnerable de personas que pretendemos proteger con este producto, por ejemplo, niños o personas mayores con otras afecciones.

Para determinar la eficacia de la vacuna, debemos compararla con un tratamiento de “control”, que generalmente es una vacuna irrelevante o conocida o una preparación similar que no debería funcionar para el virus probado. Los ensayos suelen ser “doble ciego”, por lo que los participantes no saben qué vacuna recibieron y los investigadores no saben qué vacuna administraron hasta el final del estudio.

Entonces, ¿qué entendemos por eficacia de la vacuna? El seguimiento de las vacunas no se detiene una vez que se aprueba su uso. Cuando se despliegue la vacuna, se seguirán recopilando datos para estudiar qué tan bien funciona a lo largo de los años para todas las personas vacunadas.

Los parámetros importantes incluyen el rendimiento de la vacuna para diferentes grupos (edad, origen étnico, otras afecciones), la duración de la protección (duración de la inmunidad y efectividad contra las cepas de virus en evolución), el balance de beneficio contra los daños. La rentabilidad también es una consideración constante, basada en comparaciones con otras opciones de tratamiento y vacunas.

Se considera como la efectividad de una vacuna a los resultados o beneficios de salud proporcionados por un programa de vacunaciones en la población objeto, cuando las vacunas son administradas en las condiciones reales o habituales de la práctica diaria asistencial o de desarrollo de los programas. Sin embargo, una buena eficacia no siempre implica una buena efectividad. Para Pablo Bonvehí, médico infectólogo (MN: 62.648), jefe de la Sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, “la efectividad de una vacuna se determina una vez que la vacuna se aprueba y se empieza a administrar”.

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En este contexto, en diálogo con Infobae, el infectólogo Lautaro de Vedia, ex presidente de la SADI, indicó: “Si bien son términos que pueden sonar parecidos, contemplan definiciones muy diferentes. La eficacia se mide en condiciones ideales de experimentación: el resultado de un estudio que arroja como conclusión un determinado porcentaje de eficacia. La efectividad es lo mismo pero fuera del estudio de investigación, sin variables controladas y en la vida real”.

La efectividad depende de factores como la aceptación y accesibilidad de la población a la vacuna, la pauta correcta de administración (dosis, vía, lugar, técnica), la conservación y manipulación adecuadas, etc. No sabemos cuál será la efectividad general de la vacuna para prevenir los síntomas de Covid-19, enfermedades graves o muertes, y pueden pasar varios años antes de que los estudios informen sobre la efectividad de BNT162b2 para diferentes grupos. Sin embargo, es poco probable que sea del 90%.

Pero muy pocas vacunas, aparte del sarampión y la varicela, tienen un 90% de efectividad. La vacuna contra la gripe tiene una eficacia de entre un 40% y un 60%, pero aún salva millones de vidas. Y eso es algo para celebrar. Fuente: Infobae.

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