El útimo domingo de septiembre, Ezequiel Llesona recibió el llamado de un compañero de trabajo. El motivo del contacto (virtual) fue porque el jefe de ambos dio positivo de coronavirus. Por eso, Ezequiel estuvo aislado por ser contacto estrecho de un caso de Covid-19. Desde su casa repasó su presente como capitán del Club Atlético Huracán.

(Por Facundo Paredes) Ezequiel tiene 29 años, es el capitán del Club Atlético Huracán de Comodoro Rivadavia y trabaja en la Municipalidad de la ciudad, donde integra el sector de Control Sanitario de la Subsecretaría de Fiscalización, y se encarga de la desinfección de los comercios, centros de salud, gimnasios, supermercados y restaurantes.
Desde el encierro de su casa, el defensor central del “Globo” petrolero cuenta cómo transita esta película de terror que traspasó la pantalla, qué siente al estar cara a cara con el coronavirus y cuáles son las sensaciones de estar lejos, muy lejos, de una pelota.

-De algún cierto modo, estuviste y estás frente al virus. ¿Cómo fueron los primeros días de trabajo?
-Cuando arrancó la pandemia nos tocó trabajar en el ingreso de la ciudad para controlar los colectivos, camiones y cualquier tipo de vehículo. Luego de un mes me mandaron a Control Sanitario para desinfectar varios puntos de Comodoro durante casi todos los días, de lunes a domingo.

-Ahora estás aislado por ser contacto estrecho ¿cómo te sentís?
-Estoy tranquilo, bien si se puede decir. Ahora tengo que cumplir con el aislamiento y a esperar a ver qué nos dicen, porque no hay muchas novedades.

-¿Sentiste miedo?
-Más que nada por mi familia, porque mi mamá es diabética. No pienso en mí, sino en mis viejos.
Ezequiel es el claro ejemplo de que el coronavirus no conoce los límites ni las fronteras. En 2018, Ezequiel estuvo en Italia, uno de los países más infectados y que actualmente intenta contener la segunda ola de contagios de COVID-19, porque iba a jugar en la tercera división del fútbol tano, hecho que finalmente no se concretó.

 

-¿Por qué no se dio tu traspaso a Italia?
-Fui a Italia, por intermedio de un muchacho que mostró mis videos de cómo juego, con mi carpeta y los papeles para tramitar la ciudadanía allá. El tiempo para realizar la ciudadanía tardaba más de lo que tenía que tardar para poder firmar el contrato, que era un acuerdo por dos años. Mientras pasaba todo esto, mi nena tuvo un problema de salud bastante grave. Por eso decidí volver. Igualmente, aparte de que los papeles no estaban, yo me podía quedar a jugar en otro equipo que pertenecía al mismo presidente.

-Este presidente era dueño del Siracusa, de la Serie C, y del Troina Calcio, ¿no?
-Exacto. El Siracusa era profesional y el Troina era amateur, por así decirlo. Por eso me ofrecieron jugar en Troina mientras se tramitaban los papeles legales, porque al jugar ahí ya podía contar con el permiso de vivir en Italia. Ya había hecho la pretemporada con el Siracusa, estuvimos concentrados en el hotel, pero pasó lo de mi hija y decidí pegar la vuelta.

-¿Qué te dejo esa experiencia? Dado que era la primera vez que tenías la posibilidad de emigrar a otro fútbol.
-Por más que haya pasado lo que pasó, me quedo con los mensajes que recibí, que fueron muy lindos y me sirvieron mucho. El apoyo de la gente de Comodoro fue bastante, eso es lo bueno.
-Con el diario del lunes y más allá de que te toca vivir al lado del coronavirus, es bueno que no te quedaste en Italia por la situación sanitaria.
-Una buena razón es por la pandemia y la otra es que el Siracusa fundió. En Italia, si no respetás los contratos te bajan de categoría. El club descendió dos categorías y quebró, ahora está en Eccellenza, que es la última categoría del fútbol italiano. Dentro de todo fue algo positivo.

El 11 de marzo de 2020 fue la última vez que los botines de Ezequiel pisaron el césped del César Muñoz, la casa de Huracán. Siete meses afuera de una cancha que se resume a un año de inactividad para un futbolista. En aquel partido ante el Club Atlético Rada Tilly por la Liga de Comodoro Rivadavia, Ezequiel jugó apenas algunos minutos del segundo tiempo porque volvía de una lesión que lo marginó dos meses de la pelota.

-¿Extrañás jugar al fútbol?
-Increíble cómo pasa el tiempo, nunca estuve tanto tiempo afuera de una cancha. Últimamente estuve lidiando con el problema de mi lesión, había hecho una buena pretemporada y por acelerar los tiempos me desagarré, porque quería jugar el clásico contra Jorge Newbery. Por momentos pienso en el fútbol y por otros no. Ahora estoy con esto que pasó en el trabajo, pero uno nació futbolista.

-¿Encontraste algún pasatiempo en estos meses de inactividad deportiva?
-No (ríe). Cuando se podía, iba a jugar al pádel con algunos compañeros para moverme un poco, pero ahora con esta situación no se puede.

-Tengo entendido que te gusta mucho la música…
-Toco un poco la guitarra, pero hasta ahí. Soy un caradura. Ahora estoy a full con la tele y YouTube, viendo si saco algo nuevo (ríe).

-¿Puede ser que con tus compañeros de Huracán armaron un grupo de cumbia?
-Nos habíamos juntado para hinchar un poco en algún que otro asado. Lo más gracioso es que íbamos cambiando de nombre, terminamos siendo los “Sin nombre”. Fue hace como cuatro años, linda banda se armó. Estaba Maxi Biasussi, “Piojo” López, “Guante” Calfú, hermosos muchachos. Íbamos cambiando de instrumentos porque ninguno tocaba bien (risas).

El papá de Ezequiel es Adrián “Loco” Llesona, uno de los máximos ídolos del “Globo” comodorense. Adrián nació en Morón, provincia de Buenos Aires, y se formó en Ferro Carril Oeste, donde realizó todas las divisiones inferiores y hasta llegó a ocupar un lugar en el banco de suplentes de la Primera. En 1978, Llesona llegó a Comodoro Rivadavia para atajar en Huracán por un año, plazo del préstamo, y en 1979 Ferro lo dejó libre. El “Loco” cuidó los tres palos de Unión de Zapala, Excursionistas, Almirante Brown y Pico Fútbol Club de La Pampa, hasta que finalmente regresó al “Globo” en 1984. En 1986 jugó en Estrella Norte de Caleta Olivia y terminó su carrera en Huracán con 40 años.

-Tus inicios fueron en la Súper Económica con tu papá de entrenador. ¿Qué recordás de aquella etapa?
-Primero arranqué en la “Súper B” con Jaime Melián y Mónica Manquemilla. Mi papá dirigía la categoría 89, pero siempre los 90, mi categoría, subíamos para jugar con los 89. Jugué toda mi vida en la “Súper”, como hasta los 16 ó 17 años, me gustaba mucho, teníamos buenos equipos y competíamos bastante. Tengo buenos recuerdos. También me acuerdo que de chico acompañaba a mi viejo a los entrenamientos en Huracán, que eran de noche. Por eso digo que mi familia mamó Huracán, porque siempre estuvimos vinculados de alguna u otra forma al club. Ahora mi sobrino juega, mi hermana también, pero en el equipo femenino, y después estoy yo, la pasión se pasó de generación en generación. Al único que no le gusta mucho es a mi hijo (risas).

-Paso de Huracán de Comodoro a Huracán de Parque Patricios. Sos uno de los pocos futbolistas locales que jugó profesionalmente. ¿Cómo fue el recorrido?
-Nicolás Velásquez, mi compadre y con quien jugamos juntos en Huracán de Comodoro, se fue a jugar a Huracán de Parque Patricios a los 13 años, que era edad de novena división. Cuando él pasó a séptima, una vez nos juntamos a comer en mi casa y me dijo que vaya allá a probarme e intente porque me veía condiciones. Yo no tenía pensado irme a ningún lado, pero le hice caso y fui. Tuve la suerte de quedar y arrancar mi carrera en Buenos Aires, arranqué en séptima, con 15 años, hice sexta, quinta, reserva y primera. Estuve desde el 2006 hasta el 2013. Fue hermoso, hasta me tocó integrar el plantel del subcampeonato de 2009 con Ángel Cappa. Son recuerdos lindos que se valoran más a medida que pasan los años.

-¿Por qué volviste a Comodoro?
-Por problemas extrafutbolísticos, de representación, contratos y cuestiones legales que no tenían nada que ver conmigo, y que me llevó a tomar una decisión incorrecta, de caliente. Me quedaba un año y medio más de contrato y rescindí porque el que era mi representante me había dicho que lo tenía que hacer porque tenía posibilidades de irme afuera, había dos equipos interesados. Le hice caso y después se cayó todo. Después ya me quedé acá y no me quise ir nunca más.

-¿Te arrepentís?
-No, todo pasa por algo. He vivido cosas muy lindas en Buenos Aires y he conocido mucha gente que me ayudó.

-¿Qué partido te quedó grabado?
-Mi debut en reserva con 16 años. Fue contra Gimnasia y Esgrima en La Plata y metí un gol de cabeza.

-Además, compartiste plantel con Mauro Villegas, actual delantero de Jorge Newbery.
-Claro. Cuando yo debuto, Mauro llega a Huracán de Parque Patricios. Por suerte jugamos varios partidos juntos.

-¿Cuál es la relación con Mauro? Ahora él está en la vereda del frente…
-Siempre tuvimos una muy buena relación. Es muy buena persona, a veces en los clásicos nos desconocemos, pero después vuelve todo a la normalidad (ríe). Es el mejor delantero de Comodoro Rivadavia por lejos.

-¿Te costó la adaptación del fútbol profesional de Buenos Aires al amateur de Comodoro?
-No tanto, había posibilidades de que me quede en Buenos Aires, pero bueno, uno siempre se manejó con la palabra y la lealtad y hay otras personas que no. Me tocó a mí errarle por confiar en personas que no debía. Futbolísticamente nunca tuve problemas, siempre fui titular. Lo cuento como una experiencia, que en su momento por supuesto que dolió. Uno se va de chico con la ilusión de vivir del fútbol, que por suerte tuve un tiempo viviendo de esto, pero ya está. A lo primero me dio un poco de bronca, de rabia, porque son situaciones que te sobrepasan y no la podés controlar, pero con el tiempo va pasando. Me acuerdo que volví a los 22 y me tocó compartir con varios chicos que ya conocía desde la escuelita de Huracán. Tuve de entrenador a “Pocho” Portalau, quizá por eso no sentí tanto el cambio, porque “Pocho” es muy profesional, un loco por el trabajo, está en todos los detalles como el peso y la cabeza. Se fijaba en todo el entorno del jugador.

-Te tocó vivir de cerca el lado oscuro del fútbol profesional. ¿Qué es lo lindo y lo feo del amateur?
-Lo lindo es el día a día, compartir con tus compañeros y la unión que hay en el vestuario. Lo malo es que no todos viven del fútbol y, como está pasando ahora con la pandemia, hay meses que no jugás y no cobrás un sueldo para vivir. Más en estos casos, que cada uno tiene su familia y sus obligaciones, y al no tener ingresos por el fútbol te la tenés que rebuscar. El lado positivo es que entre compañeros nos apoyamos, ahí es donde se refleja más la unión.

La política es todo lo que tiene que ver con el poder. No necesariamente es un partido ni una bandera, la política son decisiones. Y para tomar decisiones, de menor a mayor relevancia, hay que tener poder. El Club Atlético Huracán de Comodoro Rivadavia está atravesando un clima de rosca, como se dice en la jerga, para ver quién se adueña del poder. En diciembre, el “Globo” patagónico define quién será el próximo presidente de la institución del barrio industrial. Elías Guzmán, secretario adjunto del Sindicato Camioneros de Chubut, Lucio Coñocar, comerciante que fue vicepresidente de Huracán en 2010, Claudio Fernández, empleado petrolero y presidente de la Filial de River Enzo Francescoli de Comodoro Rivadavia, y Fernando Broca, presidente de la Asociación Vecinal del barrio Quirno Costa, son -hasta el momento- los cuatro postulantes para ser el mandatario de uno de los clubes más populares de la región.
Como lo demuestran los hechos, los dirigentes suelen utilizar a los clubes como trampolín para un puesto político. Quizá este no es el caso. Quizá sí y, quizá, el caso más emblemático es el de Carlos Linares, quien fue intendente de la ciudad del viento. Ezequiel Llesona, sin ser el abanderado de la rebeldía, pero con el compromiso que caracteriza a un líder de un grupo, tuvo varios desencuentros con algunos miembros de la comisión directiva de Huracán.

-Sin dar nombres, porque no vienen al caso, ¿por qué tuviste idas y vueltas con varios dirigentes de Huracán?
-Era más que nada por el tema monetario y de deudas. En esos momentos, como ahora, era el capitán y mi responsabilidad era poner la cara, me tocaba pelear los sueldos por mis compañeros, que a algunos les debían plata. Son momentos de calentura porque uno, obviamente, discute. Es como en la vida, no siempre estás de acuerdo con las cosas que pasan. Me tocó enfrentarme y me fui un tiempo del club, porque no coincidía con algunos pensamientos de varios dirigentes. Yo soy una persona que sé pedir disculpas si me equivoco, del otro lado pasó lo mismo, pudimos charlarlo y quedó todo bien. Las diferencias quedaron a un lado, más allá de un presidente o un jugador, primero está Huracán como club e institución.

-En un momento estuviste cerca de irte a la Comisión de Actividades Infantiles.
-Hablé con Nicolás Segura (director técnico de la CAI) porque tenemos una relación, pero no me veo jugando en otro club de Comodoro… por ahí es un pensamiento medio cerrado (ríe). Lo que pasa es que me crié en Huracán y me suena raro ponerme otra camiseta. No sé, capaz es por no fallarme a mí, la verdad que no sé.

-No está ni bien ni mal, pero tu pensamiento se refleja también en el fútbol comodorense. Jorge “Popi” Lasso, ídolo de Petroquímica, fue criticado cuando pasó a Newbery.
-Es que en realidad el sentimiento que lleva el jugador por un club no va a cambiar por más que vaya a otro equipo. Está en cada futbolista. Al contrario, no lo veo mal que el jugador pase por otros clubes porque es fútbol, pasa en todos lados y es normal, pero el mío quizá es un pensamiento cerrado. No lo sé.
-Claro, todas las decisiones son respetables. No sé si es coincidencia, pero tu actual compañero de zaga central en Huracán, Maximiliano Biasussi, también declaró que no se ve con otra camiseta.
-(Risas)… Sí, Maxi también tiene el mismo pensamiento. Somos iguales, por eso nos entendemos bien atrás.

-¿Cómo alimentás el hambre de ganar estando tanto tiempo en un mismo club?
-A veces cuesta porque es como que te acostumbrás a estar cómodo, por eso trato de no acomodarme del todo, porque los planteles van cambiando, llegan nuevos jugadores y siempre existe la competencia por más que yo, por ejemplo, sea capitán. Yo no me fijo si soy un referente o si mi viejo es ídolo de Huracán, yo demuestro día a día. El fútbol pasa y van a llegar compañeros que, si juegan mejor que vos, son titulares, es así. Si en algún momento llega a pasar eso o si uno siente que está pasando, porque yo me doy cuenta de lo que puedo dar o no, apoyaré de otra manera. Considero que juegue o no juegue, siempre voy a apoyar desde el lado en que me toque, porque primero está el club.

-En este último tiempo sufriste varias lesiones. ¿Por qué crees que pasó?
-Es verdad, nunca me había lesionado tanto en mi carrera. Sufro mucho con los isquiotibiales. Me pasó en el torneo anterior y en el de este año, creo que puede ser por no dormir bien o alimentarme mal, uno le va buscando la vuelta. Esperemos que cuando pase la pandemia pueda volver a entrenar normalmente.

-¿Cómo describirías el clásico contra Newbery?
-El más lindo de la Patagonia. Son partidos hermosos, no importa si son en cancha de Newbery o Huracán. Obviamente que en nuestra cancha es más lindo porque estás con tu gente. Antes de que empiece cada torneo, en lo primero que pensás es en el clásico. Y lo lindo es que cada clásico es distinto y tiene su recuerdito.

Se va a cumplir un año de la última vez que Ezequiel vio a sus dos hijos, Fausto e Isabella, ya que ellos viven en Córdoba. En esta cuarentena se vieron a través de las videollamadas, el mimo virtual que se hizo un hábito. Las preguntas de fútbol distraen a Ezequiel de este mal trago que se vive en todo el mundo. Comodoro Rivadavia triplicó en los últimos días la cantidad de casos de coronavirus por día y, también, lamentablemente, la cantidad de fallecidos. El fútbol puede distraer, pero no es lo esencial, aunque sí sirven para estos contextos que inclinan la cancha. Tal como le sucedió en su carrera, Ezequiel sabe que todos tienen partidos malos, pero que la revancha se busca con más hambre. No busca comodidad, busca desafíos. Quizás este es uno de los más grandes, poder salir de esta situación, volver a jugar al fútbol, hacer un gol y dedicárselo a sus dos amores.

Comentar
- Publicidad -