Falleció la madre de Mónica Acuña, la joven desaparecida hace 22 años

Mónica Chodil falleció a los 59 años víctima de crueles enfermedades que en los últimos años la mantuvieron postrada y encerrada en su casa de calle Alvear casi Misiones, en barrio Pietrobelli. A fines de los 90 y comienzo de la década de 2000 fue el estandarte del pedido de justicia por las personas desaparecidas en Comodoro Rivadavia.

Organizó marchas que tuvieron connotaciones nacionales pidiendo por la aparición con vida de su hija Mónica Acuña, desaparecida la madrugada de un 20 de julio de 1998 después de haber acudido a festejar el día del amigo con sus compañeros de trabajo en una vivienda de la avenida Lisandro de la Torre al 2.200.

El caso Mónica Acuña

Mónica Acuña tenía 22 años al momento de su desaparición y era cajera de una de las sucursales de supermercados “La Anónima” y aquella madrugada se movilizaba en el automóvil prestado por su papá que luego aparecería abandonado en calles del barrio San Martín.

Se tejieron diversas y macabras hipótesis en torno a la desaparición de la joven, e incluso hubo tres hombres que estuvieron con prisión preventiva durante dos años en la Alcaidía policial. Dos de esos hombres ya fallecieron y un tercero, el más joven, quedó en el olvido de los pesquisas policiales.

La investigación policial por aquel entonces daba cuentas de que a la joven desaparecida la habían descuartizado en una pelea entre personas borrachas en otro festejo en una casa del barrio San Martín, y que sus restos fueron desmembrados y puestos en bolsas negras de residuos y llevados a un determinado lugar del cordón forestal donde cavaron dos pozos y los enterraron. El lugar fue buscado pero nunca pudieron localizar los supuestos restos enterrados.

La causa fue elevada a juicio con los 3 acusados, pero desde la entonces Cámara Primera en lo Criminal la devolvieron a instrucción ordenando que se agoten instancias hasta encontrar los restos de la supuesta víctima, cosa que nunca ocurrió.

Para la Justicia comodorense -contrariamente a lo ocurrido años antes con el caso del desaparecido estudiante de periodismo Miguel Brú en La Plata, que condenó a policías- no había delito alguno al no haber cuerpo, precisamente, del delito.

Luchadora incansable en la búsqueda de su hija

“Hay días que me levanto y tengo ganas de vivir y salir a buscar a mi hija. Otros días me quedo acostada y tengo ganas de morirme. Es como un cáncer que te consume por dentro” solía contar Mónica en algunas de las últimas entrevistas que supo dar en su casa de la calle Alvear al 1.200 donde solía recibir a Crónica y compartir unos mates en una habitación con grandes fotos e infografías de su hija.

Nunca creyó que a su hija la hubieran asesinado, pero sí sospechaba que había sido víctima de una banda de tratantes de blancas que la habría sacado de la ciudad y llevado a otros lugares del país para explotarla sexualmente.

Sospechaba de un entregador y también de altos jefes policiales. Organizó multitudinarias marchas que incluso llegaron a contar con la presencia de Susana Trimarco, madre de la joven tucumana Marita Verón, desaparecida en idénticas condiciones que Mónica Acuña, un 3 de abril de 2003 en su provincia natal.

Con el paso del tiempo las marchas ya no fueron multitudinarias y apenas un puñado de personas acompañaban a Mónica Chodil y otros familiares de personas desaparecidas en la década del 90 en esta ciudad. Y ya Mónica tampoco quería visitas en su casa, salvo la de sus familiares.

“Anduve día y noche, por cielo y tierra, en acantilados, en helicóptero, buscando a mi hija, y no tengo nada” supo decir en sus últimas declaraciones, describiendo también la apatía de la gente que se olvidaba de tantas personas desaparecidas en democracia en la ciudad.

Ayer, desde la capilla “Nuestra Señora del Carmen”, situada a media cuadra del hogar de la familia Chodil, se encargaron de difundir la triste noticia. “Con mucho dolor le informo que acaba de fallecer Mónica Chodil; qué dolor madre nuestra, tú mejor que nadie sabes lo guerrera que fue. Vecina, amiga incondicional hasta el final.

Por años buscando a su hijita. Querida, pido a Dios Padre te reciba en sus brazos y brille para ti la luz que no tiene fin. Y te reciba con los ángeles y santos. Descansa en paz, pidamos el consuelo para sus hijos Bruno, Pepe, Darío y Roberto y su esposo Ricardo, nueras, nietos y demás deudos”.

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