Falleció el poeta Antonio Mera Beltrán

El escritor y hacedor cultural falleció luego de atravesar una larga enfermedad y fue recordado a través de las redes sociales por la comunidad literaria y artística de la zona.

El poeta Sergio Antonio Mera Beltrán, conocido como “Toño Mera”, falleció el lunes tras atravesar un largo problema de salud y la comunidad literaria de la ciudad lo despidió a través de las redes sociales.

Mera Beltrán era chileno de nacimiento y comodorense por adopción. Nació en Coyhaique el 10 de julio de 1942 y en 1984 se exilió en Argentina perseguido por la dictadura de su país, radicándose en Comodoro Rivadavia. Se recibió de técnico agrícola y se dedicó a adiestrar perros, mientras paralelamente desarrollaba su pasión por la escritura.

Poeta y hacedor cultural

El escritor Jorge Spíndola lo recordó de la siguiente manera: “El poeta que transitó de mar a mar este territorio, como pocos. El compañero que partió al exilio allá por 1984 y llegó a esta ciudad de viento, que amó tanto como a su Coyhaique natal. El poeta, el amigo de perros y pájaros y árboles. El hombre que habló de igual manera con los almendros, los humanos y los guairaos. El papá de Valeska. Hasta siempre, querido Toño”.

Mera publicó dos libros “Casas brujas” (2000) y Almendros (2019), y otras de sus obras se publicaron en antologías y recopilaciones. Además fue un gran hacedor cultural: fue uno de los fundadores de la Sociedad de Escritores de Aysén (Chile) y en Comodoro participó de los grupos literarios Fogón de Escritores y Poesía de los viernes, y fue uno de los colaboradores de la primera Feria del Libro. Ocupó distintos cargos en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y fue corresponsal de la Red Patagónica Binacional de Escritores.

Homenaje al almendro

Su último libro es “Almendros”; es un homenaje a un almendro que se encuentra sobre la calle Belgrano entre Ameghino y Rawson. En una entrevista que dio a Crónica el año pasado, al respecto de la presentación de su libro, Mera relataba: “Lo esencial de este libro es que me apoyo en los almendros que una vez me hicieron cambiar mi vida de autocompasión. Cuando llegué (a Comodoro) no me hallaba, la migración es así, cuesta acomodarse, en cualquier parte del mundo cuesta desraizarse. Tenía frío, no tenía guantes, tenía los zapatos rotos y no tenía buena ropa porque todavía no podía ganar dinero. Entonces venía quejándome yo, y que me quería volver a Chile, de repente miro al frente y había un árbol todo blanco, y pensé que eran estalactitas de hielo. Fue asombroso verlo porque era tan bello. Me trasladó a mi infancia. Me voy acercando y eran flores”. Este momento marcó sus primeros días como migrante y destacó que “este árbol me demostró que se puede vivir y florecer en los climas más adversos, y que dejara de quejarme, siguiera luchando y me acomodara a la situación de la migración”.

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