Son dos las víctimas mortales con Covid-19 entre el personal de salud en la Patagonia

Egon Vargas. Enfermero que prestaba servicio en Rada Tilly.

Los días martes y miércoles de esta semana sumaron otras dos víctimas mortales con Covid-19, un virus que en los últimos días se ha instalado en la región y, como ha sucedido en otros lugares del país, suma números a las frías estadísticas sobre los fallecimientos provocados entre “el personal de salud”, un sector que no tiene descanso y que lucha contra el virus mismo, tanto como contra la irresponsabilidad social de muchos.

El martes falleció Marcelo Casaro, médico del hospital Regional de Río Gallegos, luego de resistir durante más de un mes la acción depredadora del virus, del que se contagió en su permanente lucha diaria desde su rol de infectólogo, tarea que lo colocó como referente al momento de dar explicaciones sobre la pandemia, sus cuidados preventivos y sobre las consecuencias de eventuales contagios.

Marcelo Casaro. Era médico del hospital Regional de Río Gallegos.

El médico, muy apreciado en la comunidad galleguense, se transformó en el primer médico que muere en la capital santacruceña con el virus.

Apenas 24 horas después de ese desenlace fatal se sumó el deceso de Egon Vargas, un enfermero que prestaba servicio en Rada Tilly y que también se convirtió en la primera víctima fatal entre el personal de salud, pero en Chubut.

Dos lamentables pérdidas, dos reconocidos profesionales de los tantos que día a día sufren las consecuencias del uso de equipos especiales, que prácticamente no tienen descanso físico ni psicológico porque, además de las horas en los espacios de riesgo, luego enfrentan el miedo de poder contagiar a sus seres queridos y, cada jornada, ponen en práctica el “protocolo de cuidado familiar”, lo que supone otro desgaste que casi nadie tiene en cuenta.

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No por nada el secretario de Salud de la Nación, Arnaldo Medina, que se encuentra en esta ciudad junto a un equipo de profesionales colaborando en la lucha contra el coronavirus, destacó muy especialmente “el trabajo de todo el equipo de salud en Chubut, gente que, lidiando con muchas dificultades, está poniendo todo para hacer frente a esta situación. Ellos son los verdaderos héroes y, junto con los pacientes, nos muestran la realidad más cruda de la pandemia, como lo fue la pérdida de un compañero de tareas”.

Marcelo Casaro -tal cual ocurrió ayer con Egon Vargas- recibió una sentida despedida de parte de familiares y colegas sanitarios pero, más allá de ello, quizás ahora, logre que sus palabras de advertencia tomen el significado real que no tuvo cuando comenzó a hablar de coronavirus, de su gravedad letal, de la necesidad de reforzar el sistema de salud para reforzar cuidados preventivos o la asistencia médica y del eventual colapso del sistema sanitario, en caso de un previsible multiplicación de contagios.

Como sigue sucediendo en Comodoro Rivadavia con tantas voces que se alzan desde responsables sanitarios, las advertencias parecen no escucharse o se minimizan de tal manera que no se alcanza a entender la gravedad de la situación ante una transmisión comunitaria que se agrava todos los días y que, lamentablemente también, sigue sumando víctimas mortales en una realidad que no admite discusiones pero que no logra el entendimiento a las “prohibiciones” de reuniones de amigos o familiares.

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Marcelo Casaro en Río Gallegos y Egon Vargas en el conglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly, son los primeros profesionales de la salud patagónicos que no lograron superar las consecuencias del coronavirus. Sus fallecimientos seguramente no pasarán desapercibidas entre amigos, familiares y colegas aunque, bueno sería, que la comunidad en general acuse recibo de tan tremendo golpe.

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