Ciudades inteligentes, ciudadanos hiperconectados y el desafío del uso responsable de la información

Sergio Lorenc es comodorense, licenciado en Ciencias de la Computación egresado de la UNPSJB.

Una ciudad inteligente usa la información, las tecnologías de la comunicación y otros medios para mejorar la calidad de vida, la eficiencia de los servicios y la competitividad. En el sendero de la innovación con una mirada a largo plazo, se asegura la condición de sustentabilidad y preservación del medio ambiente. ¿Podemos pensar una ciudad de estas características en nuestra región?

Ciudades que planifican el tendido de la infraestructura, su ordenamiento territorial y financiamiento, que tienen una estrategia integral sobre la comunicación de los servicios.

Donde se anticipan y se superar las expectativas de sus habitantes y usuarios y se dinamiza la economía, facilitando el acceso al capital humano y a otros insumos y productos. Donde el medio ambiente, la cultura y la participación se priorizan y se potencian, y los problemas se resuelven de forma innovadora, transformando las dificultades en oportunidades. ¿Es posible para nosotros vivir de esta manera?

Hoy en el mundo ya están identificadas las tendencias que consolidan la noción de Smart cities o ciudades inteligentes como la mejor opción de habitar el planeta. El medio digital especializado Smart Cities Dive distingue algunas para estos tiempos, como una fuerte inversión en autos eléctricos, más bicicletas y scooters, edificios eléctricos, zonas libres de circulación de vehículos y más áreas verdes, legislación y control en la privacidad de los datos y la implementación de ‘mano dura’ frente a los ciberataques.

¿Por qué estas dos últimas? Porque las ciudades inteligentes buscan satisfacer las necesidades de las generaciones actuales y futuras respecto a la economía y los aspectos sociales y ambientales, y estos objetivos están fuertemente enlazados con la IoT (Internet of Things).

¿Y qué es la Internet de las cosas?

“Es una tecnología que conecta 350 millones de usuarios, globaliza a casi todo el mundo conectado cualquier dispositivo que se pueda conectar a través de un canal. No es un concepto nuevo, tiene más de 15 años, pero con la llegada de sensores cada vez más baratos, se pudo bajar costos y conectar cada vez más de esos cientos de miles de sensores” detalla el Lic. Sergio Lorenc, fundador y CIO de Sinergia Software en esta ciudad.

Es que los sensores son como las ‘células’ de ese gran organismo que sostiene la Internet de las cosas: de ellos, conectados entre sí y todos a una central (gateaway) que se comunica con un servidor configurado para este fin, son los encargados de recolectar miles de millones de datos sobre cualquier cosa que se nos ocurra.

“Yo puedo instalar una app al Smartphone de mis hijos y ver todos los movimientos que hacen adentro y afuera de la escuela, hay funcionalidades dentro de las app por ejemplo Geofences: le marco un punto alrededor de la escuela y la app me avisa cuando esté en un radio aproximado a la escuela y monitoreo el movimiento. Lo mismo con un electrodoméstico, un auto o una mascota… Sujetos y objetos podrán ser monitoreados en tiempo real sin inconvenientes”, describe Lorenc.

Desde la posibilidad de gestionar el hogar a distancia mediante el teléfono, para entre otras cosas ahorrar energía prendiendo o apagando luces y electrodomésticos de forma remota; hasta medir el tránsito para evitar embotellamientos, o sensar la calidad del agua o del aire, para regular las emisiones de gases tóxicos o de efluentes cloacales y combatir la contaminación, hoy la IoT es una tecnología ya instalada en el mundo, y en la forma de vida de todos nosotros. Porque quien usa un Smartphone y las redes sociales, ya adoptó (o fue adoptado) por este estilo de vida.

El quid de la cuestión: el análisis

La clave está en qué se hace con toda la información que recolectan estos sensores. “Al adquirir gran cantidad de datos, porque los sensores pueden registrar cualquier evento que suceda (temperatura, humedad, movimiento, etc.) el desafío está en procesar la información. Y ahí entran a jugar los conceptos de ‘nube’ y ‘edge’.

Con el sólo almacenamiento no termina, en esos millones de datos capturados y almacenados entra a jugar el Analitycs: los datos son analizados para determinar predicciones y poder modificar eventos y procesos de negocios”, explica el licenciado en Computación, egresado de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.

Este proceso de captura, análisis y gestión de esa información a través de aplicaciones integradoras se puede realizar en la ‘nube’ (cuando el volumen de datos es muy grande y no tenemos tanta urgencia por respuestas) o en el ‘edge’ (borde o campo, cuando el volumen es menor y necesitamos la respuesta inmediata, por ejemplo si estamos recorriendo pozos petroleros y, sobre la marcha, necesitamos resultados de la info que recolectaron los sensores instalados en los pozos que integran ese recorrido).

“Esto permite mantenimiento predictivo y preventivo de máquinas”, resalta Lorenc, y agrega: “Hay muchas empresas trabajando en predicciones. Gartner (una de las organizaciones líderes en el tema en el mundo), por ejemplo, dice que este año casi el 95% de las empresas va a estar encarando proyectos de IoT o electrónicos. Y en 2050 todo el mundo estará conectado a la nube.

Quien no lo esté, quedará fuera del sistema”.

Por eso no es sólo la IoT, sino que también es la Internet de las Personas: “Ya se habla de que el IoT va más allá de la conexión de los dispositivos, y llega a conectar personas. Conceptualmente ha cambiado el manejo de la interpersonalidad y de los negocios” señala Lorenc.

Hiperconectados: ¿Suma o resta?

Tenemos un smartphone y le descargamos aplicaciones: para saber si nuestros hijos siguen sus rutinas, para saber cómo llegar a algún lugar, pedir comida, registrar la evolución de la dieta, del entrenamiento o controlar el ciclo menstrual. La ‘nube’ sabe todo de nosotros.

Sin contar con la cantidad enorme de información personal con la que alimentamos las redes sociales: desde qué comemos hasta con quién nos relacionamos y en qué condiciones. Esa es la Big Data. Y las empresas e instituciones gubernamentales también la engrosan, y se retroalimentan de ella. ¿Cómo? Mediante Inteligencia artificial.

“Si bien no es novedosa porque tiene más de 30 años, ahora está surgiendo con mucha fuerza la inteligencia artificial, una de las innovaciones más disruptivas de los últimos tiempos. Hoy existen 14.000 millones de cosas van a estar conectadas y en uso. Y en 2021 pasaran a ser 25.000 millones.

Dependerá de cuánta inteligencia se aplique a la gestión y al uso de esos datos es lo que marcará la diferencia” indica el profesional. Mediante esta tecnología, las aplicaciones que procesan datos van ‘mejorando’ su capacidad de respuesta: “Esto está relacionado con el Machine Learning (aprendizaje de las máquinas), que son capaces de capturar patrones de datos y, de acuerdo a su variabilidad, infieren respuestas, procesos y eventos. Así el software va ‘aprendiendo por sí solo’ y aumenta la capacidad de resolución de problemas”.

Vivir de forma ‘inteligente’ en nuestra región

“Esto a su vez cambia la forma de relacionarnos” asegura Lorenc. Y esta forma de vida “vino para quedarse, y a futuro se van a ir incorporando nuevas funcionalidades en la vida cotidiana, aprendiendo a relacionarse de forma distinta. Hoy ya estamos interconectados 24 por 7” agregó.

Vivir de forma ‘inteligente’ en nuestra región
La ciudad de Rada Tilly incorporó cartelería inteligente para una mejor gestión del tránsito.

Y, si bien esto implica un gran desafío en la gestión de la privacidad, también ayuda por ejemplo, a controlar la pandemia por Covid-19: “A partir de la inteligencia artificial se eficientiza el análisis de información para resolución de diversos problemas complejos, la IA lo va a permitir cuando antes era impensable. Ahora en segundos tenemos resultados para usarlos al instante, o miles de millones de dispositivos conectados retroalimentando el IoT.

Un ejemplo es el uso a favor de la prevención y control del Covid19. En algunas ciudades del mundo se instalaron dispositivos para detectar automáticamente control de temperatura (cámaras térmicas) y de rostro para poder detectar en espacios públicos posibles contagiados y sus contactos estrechos. Control de capacidad máxima en salas que detecta la distancia interpersonal, control de ingreso, etc.”, describe el licenciado.

¿Pero este paso evolutivo sólo es pensable para ‘el resto del mundo’? El especialista afirma que no: “No es solamente aplicable en grande ciudades. Si bien es más eficiente y el retorno económico es más rápido, las ciudades pequeñas también se beneficia de la conexión entre personas y servicios que se puedan implementar.

Muchas ciudades están usando el Iot para resolver problemas urbanos de seguridad o de congestión de tránsito, cuestiones que hacen a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos con estos sensores inteligentes instalados en la ciudad, vehículos o edificios y app al alcance de los ciudadanos donde coexisten los datos y benefician a todos”.
Tal es el caso de Rada Tilly, que hace unas semanas instaló, con el apoyo de la Empresa Pan American Energy, cartelería inteligente que registra y reproduce en un display LED la velocidad de desplazamiento de los vehículos, y cuenta con un sistema de fotovoltaje y un software que permite conocer la cantidad de tránsito y otros datos que ayudan al reordenamiento vial en la ciudad, y gestionar mejor la planificación de reductores de velocidad o inspectores de tránsito. El desafío, como siempre, está dado por el acompañamiento ciudadano. En palabras de Lorenc: “Es fundamental el acompañamiento cultural en este proceso. Hay que promover el cambio cultural especialmente para el cuidado de toda esta inversión. Si ponés, por ejemplo, contenedores sensorizados para los residuos para saber qué colocar y dónde, y cuáles se llenan primero para planificar la recolección de forma eficiente, pero las personas los rompen, no sirve de nada. En Europa esto ya funciona muy bien. El compromiso ciudadano es fundamental en las ciudades conectadas”.
De igual forma, asegura que los barrios nuevos que ya se han diseñado desde los pilares de la planificación inteligente y la sustentabilidad, son modelos ideales para comenzar con la implementación de esta manera de vivir.

“Refugio de Lobos, por ejemplo, desde lo urbanístico y lo ecológico en cuanto al concepto de sustentabilidad es un buen ejemplo, en el cual se puede avanzar en estos aspectos. Sobre todo porque hoy la zona está bastante desmejorada y sería un polo urbanístico fuera de lo común, lo convierte en una muy buena iniciativa. En cuanto a la tecnología, es un muy buen caso de uso para aplicar todos estos conceptos de los que halábamos y que las personas aprendan a asociarse a ello en el uso. No sólo con la palabra se cambian las cosas, sino con la práctica que nos ayuda a desarrollar ciudades más sostenibles en el tiempo. Automatización en alumbrado público ahorrando energía en lugares comunes, seguridad en los hogares, medir y preservar la calidad del agua y del aire, mismo en el ambiente de la laguna o el mar, parques púbicos integrados. Es un gran puntapié inicial para implementar este tipo de tecnología y luego expandirla a otros barrios ecológicos”, concluye el especialista.

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