Petroquímica y una campaña inolvidable

Petroquímica y una campaña inolvidable
El equipo habitualmente titular. Arriba, Pablo Balbuena, Adrián Silvera, Daniel Macías, Ángel Samienta, Carlos Augustacci y Gustavo Bahamonde. Abajo, Pablo Lorenzo, Edgardo Pérez, Delio Carrizo, Roberto Cardozo y Alejandro Morán.

Hace casi 30 años, Petroquímica completó una epopeya de las que más se recuerda en el futbol comodorense. Fue en el Torneo del Interior de 1991, cuando ingresó en el Octogonal Final que otorgaba ascensos a la Primera “B” Nacional. Diez partidos marcaron para siempre a un grupo de jugadores dirigidos por Víctor Doria.

El Roberto Carminatti de Olimpo de Bahía Blanca estaba completito. Arrancaba el Octogonal y el “aurinegro” era candidato firme. Hacía 19 partidos que no perdía en condición de local y empezaba a transitar el camino hacia el ascenso.

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Desborde de Silvera, centro bajo y Roberto Cardozo que estampa el empate en Río Gallegos ante Ferro.

Petroquímica ya había pasado los 4 cruces anteriores de la zona patagónica. Primero Estrella del Sur del Caleta Olivia, luego Gaiman, posteriormente Ferro de Río Gallegos y otra vez Gaiman que llegaba como el mejor de la rueda de perdedores. Invicto, con cinco victorias y tres empates.

Pero el escalón que se tenía que subir era mucho más alto. La medida era un Olimpo profesionalizado y con un presupuesto muy lejano a lo que transitaba el amateurismo verdolaga. Nelson Vivas -el de Boca, Quilmes y la Selección- era parte del plantel bahiense. El ex Independiente, Rubén Pagnanini, el entrenador de un equipo cargado de experiencia.

Los jugadores de Petroquímica se terminaban de cambiar en el vestuario y empezó el desfile hacia el lugar en el que iban firmando la planilla del juego. El árbitro Rúa llamaba dos jugadores por turno, uno de cada lado.

El destino quiso que dos de las parejas fueran así: Néstor Barrionuevo-Raúl Schmidt y Daniel Macías-Hugo Stach. La falta de equivalencia física era muy notoria. Delgaditos y bajos los de Comodoro, fornidos y altos los del “aurinegro”. Casi intimidantes, los botines de los jugadores de Olimpo hacían mucho más ruido en las baldosas.
El “Pato” Macías, por una cuestión hasta de respeto, no quería levantar la vista, pero notó sonrisas y charla sobradora de los grandotes. “¿Viste lo que son? Si no les ganamos a estos…”, alcanzó a escuchar.

Ya camino al vestuario propio, le contó al “Leche” Barrionuevo lo que había escuchado. Llegaron enojados y cuando ingresaron al vestuario, contaron lo que habían escuchado. Se encendió un motor distinto, una luz diferente les brillaba en los ojos a los vestidos de verde. Así salieron al campo, con furia transformada en compromiso, juego y temperamento.

Ganaron 3 a 2, pero pudo ser 5 a 3 por las situaciones creadas y porque en la cancha hubo un equipo que se llevó el reconocimiento y respeto de la gente.

El regreso fue en micro y la gente de Km. 8 los escoltó desde ASTRA. Al otro día, el 80 por ciento del equipo salió a cumplir con sus obligaciones habituales. Municipalidad, petróleo y hasta la Facultad para algunos. Después, a la noche, otra vez a la cancha a entrenar, un poco más liviano por el viaje y el esfuerzo físico. El miércoles de esa semana, Olimpo llegó en avión, se alojó en el Hotel Su Estrella y entrenó hasta el sábado en el Estadio Municipal.

Y el domingo… El domingo, salió a la luz la distancia que el “verdolaga” había podido neutralizar en el partido de ida. En la revancha los que habían subestimado un poco la situación, sacaron las credenciales de oficio acumulado en numerosas batallas y ganaron 2 a 0 para cerrar el capítulo en Comodoro.

Pero para ese grupo de jugadores, cuerpo técnico y allegados, no terminó nada. Fue la continuidad de lo que había comenzado tiempo atrás, cuando se fue construyendo una mística que masticó derrotas, sufrió pérdidas irreparables -Julio Ruiz-, que padeció temperaturas bajo cero en entrenamientos invernales, lesiones, contratiempos organizativo.

Que se mantiene aún en el tiempo. Porque la mayoría de ellos aún sostiene el vínculo afectivo. Algo que forjaron, idearon dos mentes muy notorias de aquellos tiempos felices: Víctor Hugo Doria y Anastasio Nicolau.

“Fue de lo más lindo que me dio el deporte”

Muchísima ascendencia en el grupo. Siempre se necesita un monitor que marque pautas para fortalecer los grupos y en ese sentido, “Taso” Nicolau fue eje neurálgico en aquel Petroquímica 91.

“Cuando hablo con los chicos, porque para mí siguen siendo chicos, caemos en las mismas anécdotas, pero las disfrutamos de la misma manera. Es un grupo consolidado desde aquellos tiempos, son amigos entre ellos y es lo que más reconforta”, recordó Nicolau.

“Hubo aciertos organizativos como acercar a los tres refuerzos, Morán, Balbuena y Cardozo, seis meses antes para que se acoplen al funcionamiento y especialmente al grupo. Había una competencia muy brava porque Petroquímica tenía muy buenos jugadores, por eso, para ganarse un puesto tenía que haber exigencia y compromiso”, manifestó el preparador físico.

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Alejandro Morán ante Olimpo, en Bahía. “Fue el partido que cambió mi vida futbolística”, dijo el zurdo.

Se arrancaba con los entrenamientos a las 7.30, pero una hora antes ya estaba gran parte del plantel. “Eso era muy motivador. Que los jugadores estén mucho antes, divirtiéndose haciendo un torneo de penales o compartiendo mates era lo que indicaba la confianza que había entre ellos y hacia el cuerpo técnico”.

“Recuerdo que no empezamos bien, pero el rendimiento fue de menor a mayor.

Ganamos muy bien varios partidos y antes del partido con Olimpo teníamos confianza que podíamos dar el batacazo. Así se dio en el primer partido, con más de 200 personas de Km. 8 alentando. Fue muy emocionante. Hicimos algo tremendo en la cancha, ganamos muy bien. Pero lo curioso que fue justamente perdimos la chance de seguir en Bahía. En ese partido desperdiciamos cuatro chances de gol como para que termine 6 a 2 o 6 a 3”, rememora sobre aquel juego en Bahía.

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La cancha se llenaba en Km. 8. Arriba, Gustavo Bahamonde, Pablo Balbuena, Ángel Samienta, Carlos Augustacci, Daniel Macías y Adrián Silvera. Abajo, Roberto Cardozo, Delio Carrizo, Alejandro Morán, Edgardo Pérez y Daniel Ovando.

Pero más allá de los resultados, Nicolau rescata como más importante lo que quedó en la parte afectiva. “Fue lo más grande de todo. Porque esas cosas son las que te entrega el deporte. Hicimos cosas como grupo que vamos a recordar toda la vida. Fiestas familiares, asados, rondas de mates. Eso, lo mejor de todo. Para quienes nos gusta formar desde el deporte, quedamos más que conformes con todo lo vivido”.

“Siempre fueron obedientes  y muy responsables”

Víctor Doria recién había pasado los 40 años y había regresado tres años antes a Comodoro después de la experiencia europea en el futbol español. Estaba trabajando en Deportivo Portugués antes de recalar en Km. 8.

“Fue un trabajo lento pero progresivo. Petroquímica tenía buenos jugadores, había que acomodarlos y sumarle algunos refuerzos. Recuerdo que se sumaron Adrián Silvera y el Negro Ruiz, como más experimentados, el Pato Macías y Montesino también llegaron y así le fuimos dando forma”, recordó Víctor Doria.

“Salimos campeones de los dos torneos locales y teníamos que jugar el Torneo del Interior. Viajamos con Carly Días Sancho a Buenos Aires y allá, mi compadre y hermano de la vida, Hugo Tocalli, me señaló jugadores para acercar a Petroquímica. Así sumé a Alejandro Morán y Pablo Balbuena. También fui a ver un partido de libres por un jugador que me habían recomendado. Un técnico me lo nombraba mucho y quería que lo sume, jugaba por la derecha. Pero yo ví un chiquitito que jugaba por la izquierda y metía muy buenas diagonales. Terminó la práctica y me dice el técnico, que lo lleve a su recomendado. No, le dije, a mi me gusta el chiquitito rápido que jugó por la izquierda. Era “Chicho” Cardozo”, rememoró Doria.

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Cardozo anota frente a Ferro. Balbuena, Morán, Carrizo y Lorenzo, en el festejo.

“Con los tres refuerzos, más los chicos propios se armó un buen equipo. Eran muy obedientes y siempre les hablé claro. Eso, de ser directo y que siempre me gustó hacer, generó una confianza en el plantel, para jugar de una manera determinada en cualquier cancha”, dijo el entrenador.

“Fue muy importante lo que hizo “Taso” Nicolau, porque los preparó muy bien en lo físico, pero su función en la conformación del grupo fue todavía más importante.

Recuerdo que a veces tenía que decirle a “Taso” que afloje un poquito, porque los exigía al máximo. Y esos muchachos, si “Taso” les decía “A” era “A”, dijo Doria.

Para el orientador táctico de aquel equipo, “el recuerdo es muy grato, porque no hace mucho se hizo un asado con varios muchachos y da gusto verlos formados como buenas personas”.

Seis jugadores pudieron estar en los 10 partidos

Diez partidos demandó la campaña desde enero a abril. Quienes estuvieron en todos los partidos fueron Ángel Samienta, Daniel Macías, Delio Carrizo, Alejandro Morán, Roberto Cardozo y Pablo Lorenzo. Los cinco primeros siempre arrancaron desde el comienzo, Lorenzo, no fue titular sólo en el primer juego, frente a Estrella del Sur.

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Roberto Cardozo fue el goleador del equipo con 8 goles en 10 partidos.

Presencias

Ángel Samienta 10; Daniel Macías 10; Delio Carrizo 10; Alejandro Morán 10; Roberto Cardozo 10; Pablo Lorenzo 10; Adrián Silvera 9; Gustavo Bahamonde 9; Edgardo Pérez 9; Pablo Balbuena 8; Carlos Augustacci 7; Daniel Montesino 7; Daniel Ovando 6; Mario Córdoba 4; Néstor Barrionuevo 4; José Maluchelli 1.
También integraron la lista de Buena Fe: Daniel Güeicha, José De Sousa, Daniel Mayorga, Jorge Becerra, Marcelo Sánchez, Adrián López, Fabián Martínez, Ricardo Mellado, Daniel Pérez, José Olivera, Walter César.
Cuerpo técnico
Director Técnico: Víctor Hugo Doria.
Preparador físico: Anastasio Nicolau.
Masajista: Alberto Paredes.
Colaboradores: Alberto Zúñiga, Carlos Días Sancho y Alejandro Ovando.

Formación para toda la vida

Aún se ríen como los jovencitos veinteañeros que eran. Repasan anécdotas y la carcajada sale espontánea, auténtica. Los integrantes de aquel plantel de Petroquímica disfrutaron de ser compañeros más en los entrenamientos, que los 90 minutos de juego.

“La verdad, cada día me levantaba pensando en hacer lo que debía hacer para que se pasen las horas y estar con los muchachos en los entrenamientos. Era pasarla bien de verdad. Mirá que “Taso” nos mataba en lo físico, pero lo hacíamos sin darnos cuenta, porque era más importante el compañerismo”, recuerda Ángel Samienta.

Hay vivencias que marcan para toda la vida. Palabras y sobre todo acciones, que son utilizadas en el futbol, pero que forman la integridad de las personas.

Víctor Doria y Taso Nicolau tenían que encontrarse para marcar vidas. Coincidieron en Petroquímica pero también podría haber sido en cualquier otro lugar, como sucedió luego en C.A.I.

Aquel equipo de Petroquímica dejó una huella en el sentimiento de mucha gente vinculada al club, pero esencialmente moldeó el carácter de muchos de sus componentes. Así lo relatan ellos, en sus recuerdos.

“Taso” y Víctor fueron maestros, guías e inspiradores de aquellos que entraban a la cancha. Por allí -en esos tiempos-, no se estaban dando cuenta, ni Doria, ni Nicolau y mucho menos los jugadores del plantel, que la huella iba a ser imborrable.

Todo, en procura de conseguir la superación individual, pero fundamentalmente, la colectiva, esa que forma grupos que se van convirtiendo en equipos. Despacio pero firme, demostrando que unir voluntades, independientemente de las características personales, pueden forjar un conjunto hacia objetivos mayúsculos.

Eso fue Petroquímica en los inicios de los ‘90. Una demostración de unidad que combinó compromiso y responsabilidad, nada menos.
Alejandro Carrizo

“Lo que soy, se lo debo  a esa etapa formativa”

Es una etapa que nos marcó a todos. Soy lo que soy, por ese proceso formativo que se inició un tiempo antes de lo que pasó en el 91. Considero que los logros son procesos que se construyen con los años, con perseverancia, fortaleza mental, predisposición para ser parte de un grupo en el que justamente éste, está antes que todo.

Recibimos la guía de un cuerpo técnico que siempre supo por dónde ir y qué hay que hacer para tener éxito. Además de tener hambre de crecer.

Nosotros teníamos identidad de tres tipos:

Futbolística, porque cada uno sabía su fortaleza y debilidad. Jugábamos al fúutbol y eso era reconocido en muchos lugares.

Barrial, porque pertenecíamos a un sector de la ciudad, a diferentes lugares de Km 8.
Institucional, porque éramos parte de un club, los verdolagas. Gran parte del plantel éramos hinchas del club.

En la campaña fuimos de menor a mayor. Empezamos con algunos problemas frente a Estrella del Sur. Nos dimos cuenta que estábamos equivocados porque creíamos que le íbamos a meter más de cinco goles al equipo de Caleta y apenas empatamos con un gol que muchos aseguran que la pelota no entró.

Superamos esa fase y nos fortalecimos. Ganamos muy bien con Gaiman y superamos también a Ferro de Gallegos y otra vez a Gaiman los vencimos bien.

Tuvimos la orientación de un excelente cuerpo técnico con Taso y Víctor. Con dirigentes virtuosos como Domingues, Dias Sancho, Lorenzo, Zúñiga, De Brito, Mayorga, entre otros.

La familia fue otro punto grande. Nos sentimos respaldados desde ese lugar. Los abrazos de los afectos. A mí me tocaba abrazar a mi abuela Chema y mi abuelo Enrique. Estaba toda nuestra gente.

Esa etapa y esa gente me fortaleció el temple para terminar mi carrera como Licenciado en Educación Física. Me regaló amigos para toda la vida. Agradecidos eternamente a todos y cada uno de los que corrieron no sólo adentro de la cancha, sino en los entrenamientos.

Edgardo “Mono” Pérez

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