Alejandro Aguado, un viaje dibujado de 32 años

Alejandro Aguado, un viaje dibujado de 32 años

Al título de historietista, ilustrador, escritor, investigador, guionista, explorador y patagónico, también se le suma pionero. Alejandro Aguado es pionero y comparte su recorrido en su nuevo ebook gratuito.

Alejandro Aguado, un viaje dibujado de 32 años

(Flor Nieto) Rosario tiene a Fontanarrosa, Mendoza a Quino y Salta a Caloi, Patagonia a Alejandro Aguado. Sí, toda una región. A los 16 publicó su primera historieta en Diario Crónica y no paró. No para. Creó un movimiento sin precedente en el Sur y sus hazañas retumbaron en todo el país. Intentó irse un par de veces, porque lo llamaban, por aventurero, pero La Patagonia nunca lo dejó ¿Quién mejor que él para contar su historia? El 12 de julio publicó su ebook “Un viaje dibujado de 32 años” de forma gratuita. En él, compila sus trabajos publicados en revistas, libros, diarios y medios digitales de Patagonia, el país y el mundo.

-¿Cómo surgió la idea de un Viaje dibujado de 32 años?

-Lo que hice ahí fue recopilar desde que empecé, desde la primera vez que publiqué en Diario Crónica con 16 años. Se me ocurrió porque se complicó mucho editar en papel, a nivel mundial, no es solamente acá. Estaba pensando una manera de sacar el libro y dije: “Lo hago digital”. Además es gratuito así que lo pensé como un regalo, como para la gente. De ahí hice una selección de mi material, porque fui guardando bastante por suerte desde el principio. Incluí las series que me gustaban más, historietas, Jeremías, Chiri Von Fiesta que se ha publicado 10 años acá, lo más reciente. Un compilado de lo que más me interesó.

-Es un libro para los demás porque es gratis, pero también para vos…

-Sí, un poco ver el tiempo que pasó. Cuando me puse a ver, miro cuando publiqué por primera vez acá y dije: “Pucha son 32 años”, está bien que empecé muy pibe pero pasó un montón de tiempo. Lo hice para la gente, como un regalo.

Empecé agradeciendo a muchas personas que tuvieron mucho que ver con mis inicios, gente que me dio una mano. Fue revalorizar eso, si al principio uno no tiene ayuda es muy difícil.

-¿Qué se siente ver tanto camino recorrido?

-Yo decía: “Qué perseverante” porque estando acá veo todo lo que hice y tomé conciencia de todo el esfuerzo que lleva. Estando acá todo te cuesta el doble, por lo menos lo mío. Y más antes. Ahora tenés Internet y facilita, antes no, era todo por correo, teléfono y no quedaba otra. Cuando hice La Duendes o El Espejo en el Crónica fue un movimiento en Patagonia con 60 dibujantes, pienso: “¿Cómo hacía en esa época?”. Se ve que tenía tiempo porque coordinar 60 dibujantes nada más que por correo, por teléfono o viajando es un laburo tremendo. Hoy lleva trabajo hacerlo por Internet, antes con fotocopias, con fotolito, pegar el original…gracias a la tecnología pude armar rápido el libro también. Lo que más me llevó fue el texto, cada serie lleva uno contextualizando.

-Siempre estuviste en Comodoro, en Patagonia, recorriendo, haciendo ¿Nunca pensaste en irte?

-Sí, pero la vida me dijo que me tenía que quedar. Por ejemplo, una vez me llaman de Página/12, me dicen que me estuvieron buscando un año. Empecé a publicar y justo después de dos meses hubo una de esas típicas crisis económicas y me quedé afuera. Después me pasó que la agencia Télam me vino a buscar porque habían hecho un sondeo a nivel país Al título de historietista, ilustrador, escritor, investigador, guionista, explorador y patagónico, también se le suma pionero. Alejandro Aguado es pionero y comparte su recorrido en su nuevo ebook gratuito de los suplementos que se publicaban y vieron que el único que había era El Espejo, me ofrecieron hacer uno en Buenos Aires con todos los grandes maestros del momento: Caloi, Quino, Fontanarrosa.

Iba a ser gratuito, para repartir con todos los diarios del país. Yo dije que sí y cuando vine a buscar mis cosas para irme, echaron a las autoridades de Télam y el proyecto nunca se concretó. Después me pasó lo mismo en Clarín, en La Nación. En 2001 me estuve por ir a España, había conseguido una pasantía en una editorial, me agarró el corralito y no me pude ir. La vida me dijo: “Te quedás, te quedás, te quedás” y me quedé -risas-.

Sí lo compensé viajando mucho. Eso es algo fundamental, te abre mucho la perspectiva.

Alejandro Aguado, un viaje dibujado de 32 años
– Contás que un viaje dibujado de 32 años comenzó en 1988, cuando a los 16 publicaste tus primeros trabajos en el diario Crónica ¿Qué te impulsó?

-Antes era muy común, entrabas a cualquier casa o a cualquier consultorio o peluquería, y estaba lleno de revistas de historietas. Conociendo los mercados de otros países, Argentina hasta los años 90 fue una potencia en el mundo en historietas. En cuanto al mercado, la calidad y cantidad de publicaciones y dibujantes. En el 2001 se extinguió la industria acá.

Todo el mundo leía historietas. Yo me acuerdo que me iba a la Rivadavia a cambiar revistas, habían casa de canje. De chico empecé a leer historietas y se me dio solo seguir ese camino. Era natural, todo el mundo leía. Había en todos lados y de todo tipo, de eso no quedó nada. Por eso también en cierto sentido tuve que ir abriendo camino, un poco por obligación y otro poco por falta de medios acá porque en la Patagonia no existían ni revistas ni editoriales hasta los 90, exceptuando algún gobierno. Tuve que ir abriendo camino.

-¿Cuándo te empezó a interesar contar Patagonia?

-Me acuerdo de estar exponiendo en Otoño en Diadema, mitad de los 90, antes se hacían muchos eventos. Estaba el pintor Caroli Williams de Sarmiento, un capo. Vio mis dibujos y me dice: “Mirá están muy buenos tus laburos pero tenés poco contacto con tu lugar de residencia” y me tocó algo. Yo ya había empezado a dibujar algunas cositas sueltas sobre la historia de la Patagonia y sin querer estaba leyendo, viendo fotos, me llamaba mucho la atención el cambio tan grande que había de principios de siglo hasta ahora.

En un momento se me terminaron las fotos que usaba de referencia y empecé a recorrer los alrededores. En los 90 había mucho, ahora no quedó casi nada. Pueblos abandonados, ferrocarril y había algo publicado de eso, poco, pero había. Había mucho y mal también. De a poquito empecé andar por los campos, por los pueblos abandonados y a entrevistar gente que vivió en esos lugares y a los ferroviarios, así me salió el primer libro. Ese me fue llevando a los siguientes.

En el 2007 me dio nostalgia la historieta, volví y reactivé La Duendes que en su momento se convirtió en editorial. Con La Duendes llegué a editar 70 libros, tuvieron más repercusión a nivel nacional que en la región. En ese momento nos consideraban una de las más importantes del país y lo hacíamos desde acá. Después vino la crisis económica…

-A pesar de todo: de las crisis, de los cambios, seguiste. No paraste nunca…

-Es que si no me aburro -risas-. La otra parte es que empecé a recorrer Patagonia, a encontrar gente que le gustaba hacer lo mismo, encontrar lugares increíbles que tenemos acá cerquita y dibujar. Eso es lo que publico en el suplemento. Al europeo le pasa la mitad de lo que nos pasa a nosotros y no vive más -risas-, nosotros seguimos a pesar de todo. Es así lo nuestro.

Igual eso también es del patagónico, el patagónico es bastante aguerrido. Eso lo fui viendo con los años. El clima, las dificultades, te hace así. De ir para adelante, sacar pecho, si no vamos por allá vamos por acá. Le buscamos la vuelta. Y cuando más al Sur más aguerridos son -risas-.

Alejandro Aguado, un viaje dibujado de 32 años

-Tus dibujos y textos reconstruyen historias, acercan la Patagonia de una forma distinta y a muchos por primera vez a pesar de tenerla tan cerca ¿Qué es lo que más te gusta contar?

-Me gusta transmitir lo que voy viendo, aprendiendo, mostrar esos lugares que son tan distintos a Comodoro, que están muy cerca pero son totalmente rurales y con una realidad completamente distinta, paisajes totalmente distintos con una historia muy rica. La parte que me atrapó mucho fue la zona del Colhué Huapi, Río Chico, de ver que en tan poco tiempo haya sido una catástrofe ecológica tan grande y ver que la gente sigue viviendo ahí, que la sigue bancando. En la Patagonia encontrás realidades tan fuertes. Hay pocos lugares así. Encontrás paisajes intactos con miles de años y toda esa historia y después realidades muy fuertes. Hay mucha riqueza acá, ya que no me pude ir aproveché -risas-.

-Pero también publicaste en más de siete países…

-Ahora Internet ayuda bastante. El otro día estaba viendo mi blog personal, hace meses no lo actualizaba y tuvo 600 visitas en el último mes: eran todas del exterior.

El sitio de Historieta Patagónica, por ejemplo, que sí se actualiza todos los días, tiene 20.000 visitas mensuales y la mayoría son del exterior. Culturalmente igual se está homogeneizando mucho. De España a Estados Unidos todos consumen casi lo mismo. No sé si es tan bueno porque las diferencias culturales van muriendo. En la historieta está pasando lo mismo, veo lo que se publica en Europa y cada vez se parece más todo, cada vez se hacen dibujos más básicos y eso no está muy bueno, que sea todo igual. Se pierde una riqueza en el camino, pero los tiempos van cambiando.

Antes tenías que establecerte en los grandes centros: París, Barcelona, Roma, Nueva York, Buenos Aires. Peleándola te iba a ir bien. Internet facilitó un poco el camino. El cara a cara siempre hace falta, pero te acorta el camino.

-¿Qué historia te falta contar?

– Hay tanto para contar. De Patagonia yo creo que está por contarse el 80 o el 90%. Si vamos al caso: podés contar la historia de las estancias en el valle, la historia de cada estancia, la historia de vida de las personas que viven en cada estancia o que vivieron, la historia de un lago, la forma de vida, la economía, la historia del petróleo, del ferrocarril. Sí, el 90% está por contarse.

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