Jorge Miquelarena: “El Estado viene perdiendo por paliza la batalla contra el narcotráfico”

Jorge Miquelarena: “El Estado viene perdiendo por paliza la batalla contra el narcotráfico”
Jorge Miquelarena. El procurador General de Chubut admitió que en la investigación de la cadena del narcotráfico, nunca se llega al último eslabón. Y cree que debe cambiar la lógica de la pesquisa.

El procurador general del Chubut planteó la necesidad de cambiar los métodos de investigación respecto del narcotráfico.

También se refirió al combate del narcomenudeo y las consecuencias de cárceles sobrepobladas con adictos. Afirmó también que en sistema carcelario hay que mejorar “absolutamente todo”. Los conceptos fueron vertidos en el sitio de noticias Red 43 de Esquel y fue levantado por el Área de Comunicación del Ministerio Público Fiscal del Chubut y distribuyó a los medios.

-Se cree que el proceso de creación de una nueva agencia en Chubut para combatir el narcotráfico, si bien los delitos grandes continuarían teniendo jurisdicción federal, permitiría avanzar un poco más sobre el narcomenudeo. ¿Esto es así?
-No, no es así: son dos cosas distintas. Hay una ley nacional que invitó a las provincias a hacerse cargo de lo que se conoce como el narcomenudeo.

En aquella oportunidad, quienes asumieron esta competencia fueron provincia de Buenos Aires y Córdoba. Con posterioridad, hubo alguna intención mayor de tentar a otras provincias para que se hicieran cargo del narcomenudeo y así, entonces, se hicieron cargo provincias como Salta, Santa Fe, por mencionar algunas.

La provincia del Chubut nunca adhirió. Al principio, porque se entendió (estoy hablando ya del primer gobierno de Mario Das Neves) que no era conveniente cortar la cadena de información, porque, en realidad, el narcomenudeo es un eslabón de una gran cadena, que termina con el lavado de dinero. Empieza desde el productor, al que la transporta, al que la comercializa, al que lava el dinero obtenido de la comercialización: en fin, hay toda una cadena en la cual uno de los eslabones es, precisamente, el narcomenudeo.

Mi opinión personal, de un tema que me atrevo a decir que algo conozco (porque fui 10 años funcionario de la Justicia Federal, o sea que estuve 10 años tratando temas que tienen que ver con el narcotráfico) es que, con el correr de los años, uno se da cuenta que hay que cambiar la forma de investigar este tipo de delitos, porque es evidente que siempre vamos atrás de los delincuentes. Se han hecho muchos esfuerzos, muchas gestiones, se ha invertido mucho dinero y, sin embargo, para los que les gusta hablar de que esto es una guerra, es una batalla… la venimos perdiendo por paliza desde hace mucho tiempo.

Me parece que tenemos que cambiar la lógica de la investigación: siempre se creyó que había que investigar desde el consumidor para tratar de llegar a ver quién le proveía y, a su vez, quién proveía a ese proveedor, quién le proveía al otro proveedor, etcétera. Como para llegar desde el último eslabón hacia arriba. Evidentemente esto fracasó: a las pruebas me remito. Hay que pensar que cada decomiso de droga debe ser un 20% de lo que circula, con suerte. Entonces, cuanto más decomiso se está obteniendo, también es un indicio de que hay más droga circulando.

Creo que hay que cambiar un poco esta lógica porque, como decía un gran genio de la humanidad, la definición de loco es repetir siempre las mismas conductas y esperar que los resultados sean distintos. De algún modo tengo que cambiar la lógica y la mecánica.

A mí me parece que sería hora de empezar a pensar si acaso no tenemos que arrancar al revés y analizar los lavados de dinero: empezar a analizar esas inversiones que nadie sabe de dónde cuernos salen, pero que mueven fortunas, y de ahí para abajo, porque atacar a quien, en definitiva, se ve beneficiado de todas estas cuestiones, me parece que sería una manera bastante más lógica de poder combatir este flagelo de las drogas.

Dicho esto, digo que no tiene que ver la agencia provincial que se está creando para atacar o investigar el tema del narcomenudeo o el tema del narcotráfico con lo que sería la federalización o la desfederalización de la investigación. Una cosa son las autoridades policiales que se encargan de hacer una investigación de este tipo de delitos, y otra cosa es el Juzgado o la Justicia a la cual le van a golpear la puerta. Hoy por hoy, en nuestra provincia, sigue siendo la Federal, porque es un delito de competencia federal.

Si se quisiera que la Justicia de la provincia, concretamente el Ministerio Público Fiscal, se hiciera cargo del narcomenudeo, entonces estaríamos hablando de otro tema distinto. Estaríamos hablando de la cantidad de fiscales que hacen falta, la cantidad de recursos que hacen falta y, básicamente, los centros de detención que hacen falta. Y, más básicamente todavía: los centros de recuperación que hacen falta, porque en muchos casos estamos hablando de adictos, estamos hablando de una enfermedad. Entonces hay que hablar de recuperarlos, no de meterlos en una cárcel para que salgan peor de lo que entraron.

-En relación a esto, se habló, en los últimos días de un mal funcionamiento en el trato de los reclusos, sobre todo por dos cuestiones: por un lado, que en muchos casos por falta de espacio en las cárceles se terminan cumpliendo las condenas en comisarías. Por otro, que después no les dan las herramientas para que se puedan reinsertar socialmente cuando cumplen las condenas, lo cual puede llevar a una reincidencia. ¿Usted desde su experiencia lo ha visto así? ¿Hay algo para mejorar?

-Algo para mejorar no: todo para mejorar, todo, absolutamente todo. Yo me acuerdo, hace muchos años atrás, porque ya tengo casi 35 años de ejercicio de la profesión, cuando estaba en la facultad se hablaba con mucho énfasis del patronato de liberados. Precisamente, el patronato de liberados era el que acompañaba, velaba, la reinserción social de la persona que había sido privada de libertad.

Hoy por hoy, y esto sigue de 1853 en adelante, nuestra Constitución Nacional y todas las constituciones provinciales que han copiado esta parte de la nacional establecen que las cárceles deben ser sanas y limpias, para seguridad y resguardo de los que están alojados ahí, o sea, los condenados, y no para castigo de los mismos. El castigo es la privación de la libertad, y ya es un castigo tremendo.

Se supone que la persona que está privada de la libertad porque está condenada está para ser readaptada, para ser reeducada y para que, cuando vuelva a la sociedad, vuelva para poder insertarse.

Este trabajo lo hacían los patronatos de liberados también, no el trabajo dentro de las cárceles, pero sí fuera de las cárceles. Dentro de las cárceles es fundamental, porque una persona, por más condena que se le dé, en algún momento va a salir. Si durante todo el tiempo que estuvo encerrado en lugar de tratarlo como una persona, lo trataron como un animal y si en lugar de educarlo, prepararlo y capacitarlo se lo castiga cada vez más, lo que va a suceder es que, cuando esa persona salga, va a salir infinitamente peor de lo que entró.

Entonces usted se encuentra con un montón de niveles de reincidencia, que son absolutamente indeseables. Si usted quiere saber si funciona o no funciona el servicio penitenciario, entonces tiene que mirar los niveles de reincidencia. De acuerdo con la cantidad que reincide, se va a dar cuenta de que evidentemente algo fracasó. Y nosotros tenemos niveles de reincidencia muy importantes, que también tienen que ver con la educación, con un montón de cosas.

Hay una frase de un filósofo muy famoso, José Martí, que fue además el ideólogo de la Revolución Cubana, que me acuerdo de haberla visto en un instituto carcelario en La Habana, un instituto de menores que se parecía más a un colegio que a un instituto carcelario.

Escrita en un mural decía “Educar al niño de hoy para no tener que castigar al hombre del mañana”. En definitiva, todo pasa por ahí, pasa por una cuestión de educación y de capacitación, para dar las herramientas necesarias y las alternativas.
Cuando usted me habla del Servicio Penitenciario Federal o Nacional y de la cantidad de presos que hay en las comisarías, obviamente eso es absolutamente irregular. Cuando usted lee la Ley 24.660, que es la ley de ejecución de la pena, claramente establece cuáles son los periodos que tiene que ir pasando, durante la detención, la persona detenida: cómo va progresando esa detención para que su soltura esté readecuada, y para que esté en condiciones de ser recibida por la sociedad.

Esto se puede realizar únicamente en un instituto carcelario que tenga esas condiciones, no en una comisaría, que son lugares de tránsito. Sin embargo, hay comisarías en donde hay personas condenadas, cumpliendo pena.

Además, el policía no está preparado para hacer de penitenciario. Una cosa es el policía administrativo, que tiene una preparación; otra cosa es el policía de calle que tiene otra preparación; otra cosa es el policía comunitario; otra es el policía científico; y otra, por supuesto, es el penitenciario, que también tiene que tener otra capacitación.

Usted tiene que tener los mecanismos adecuados como para hacer realidad lo que dice la Ley 24.660, lo que dice la Constitución, lo que dicen las leyes. Porque, si no, pasa lo que nos pasa. Lo que pasa es que, también, muchas veces están mal vistas por la sociedad las inversiones que se hacen en los sistemas carcelarios, porque la gente muchas veces dice “y encima los premian”.

Es que, hasta pensándolo desde un punto de vista egoísta, es para cuidar a la propia sociedad, porque, si esa persona sale peor de lo que entró, mal nos va a ir.

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