22.860 Km. para honrar a sus ancestros

22.860 Km. para honrar a sus ancestros

Martín es descendiente de galeses nacido en Trelew. El 31 de octubre de 2017 inició su aventura, una caminata que une los extremos de América desde Tierra del Fuego hasta Alaska. A pocos kilómetros de llegar a la meta la pandemia del COVID-19 puso pausa a su hazaña. En Fargo, Estados Unidos, espera la apertura de la frontera con Canadá para concluir su viaje.

22.860 Km. para honrar a sus ancestros

(Por Facundo Paredes) “Hola amigos. 30/6/2020. Hasta este momento me encuentro bien de salud en Fargo, Dakota del Norte, USA. Les dejo mi link para que se entretengan y lean mi blog, un abrazo a todos”. Ese es el mensaje que uno recibe cuando contacta a Martín Echegaray Davies, el hombre de Trelew que atravesó América caminando.

Martín tiene 63 años y debe ser el chubutense que más entrevistas dio en los últimos tres años. Todos los días atiende a un periodista de cualquier parte del mundo. Y se preguntarán por qué, ya que no es un futbolista reconocido ni un músico de trayectoria.

El 31 de octubre de 2017, emprendió su aventura denominada “Caminata Las Tres Américas”, que consiste en unir Tierra del Fuego con Alaska a pie. “El fin del mundo del Sur con el fin del mundo del Norte”, explica quien se define como “un caminante solitario” y lleva recorridos más de 22.000 km. El motivo de este viaje es homenajear a sus ancestros, Martín es descendiente de los primeros colonos galeses que arribaron en 1865 a la provincia del Chubut, a las playas de lo que hoy es Puerto Madryn, en el velero Mimosa. En esos tiempos los colonos emprendieron largas caminatas para encontrar más tierras. Hace unos años Martín, inspirado en esas expediciones, recorrió las sendas de sus antepasados.

Así, una vez fue de Madryn a Rawson acompañado de otros descendientes de galeses. Y entre 2015 y 2016 emuló el viaje “Tras las huellas de Fontana y sus rifleros”, 2.152 kilómetros en homenaje a la expedición del primer gobernador del Territorio del Chubut de 1885. No se quedó quieto y soñó con llegar al extremo norte del continente.

“Siempre caminé detrás de una persona o de una entidad, y ahora decidí hacer mi propia caminata. Quiero hacer una caminata trascendental”.

“Un tal George” cuenta Martín ya realizó en la década del 70 u 80 el trayecto que el quería emprender, entonces le agregó al intinerario las 23 ciudades capitales de todas las provincias argentinas, por lo que sólo en nuestro país debió caminar 9.650 kilómetros más que ese “tal George”.

En eso estaba cuando la pandemia de COVID-19 provocó el cierre de las fronteras entre Estados Unidos y Canadá y le impidieron concluir su viaje. Desde el 1 de marzo está varado en Fargo, Estados Unidos, a unos 6000 los kilómetros de Tok, en Alaska, su destino final.

Kuky, como le dicen sus conocidos, atravesó el país y después cruzó Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México y Estados Unidos. En sus pagos es jagüelero de profesión, arregla molinos y alambrados, entre otras tareas rurales; pero también realiza gestoría del automotor, es dibujante técnico y constructor de viviendas.

 

-Me imagino que muchos periodistas lo deben llamar.

-Sí, sí. Ayer atendí a tres. Me llamaron de Buenos Aires, Córdoba y San Juan. Mañana me llama uno de Uruguay, el viernes un periodista que no recuerdo de dónde es y el lunes hago una entrevista por Instagram. Además de los 14 países de América donde pasé, también me entrevistaron desde España e Italia. Y todos los meses me llama una radio de Puerto Madryn.

 

-¿Y hoy no lo llamó nadie?

-No, usted fue el único.

 

-¿No se cansa de las entrevistas?

-Como me dijo mi hija: “vos te hiciste la fama, ahora aguántatela. Estás para la gente” -risas-.

22.860 Km. para honrar a sus ancestros

-¿Cuántos hijos tiene?

-Tres hijas y seis nietos. Igualmente, te cuento que de religión no hablo. De la situación de cada país tampoco. No hablo de política, deportes y todo eso que lo único que hace es que la gente se pelee. Lo dejo en claro desde el principio ¿Qué te puedo decir de la situación actual? Nada, porque yo no soy el que la armé ni tampoco el que maneja esas cosas. No me interesa. Lo dejo de lado.

 

Pasaron 978 días de aquel primer paso en Bahía Lapataia, 23 kilómetros al sur de Ushuaia, hasta este domingo, el primer fin de semana de julio de 2020. Tal como lo describe en su respuesta programada por WhatsApp, Martín se encuentra varado en Fargo (como la película) por la pandemia mundial del coronavirus. Su situación recorrió el planeta. Después de todo lo que pasó, no puede lograr su objetivo final -por ahora- por el cierre de fronteras con Canadá. El destino es Tok, un pueblo de 1.200 habitantes de Alaska que está a 2.640 millas de Fargo. “Dos años y medio para llegar de Ushuaia a Alaska a pie y el coronavirus lo frena a pocos kilómetros del final”, tituló el diario español El Mundo.

 

-¿Hace cuánto está en Fargo?

-Llevo cinco meses acá. Estoy bien en un departamento y no me cobran alquiler. Siempre traté de vivir de prestado, el dinero me alcanza para comer nada más. Igual, mientras menos dinero gaste, más seguro voy a estar de poder llegar. Por suerte estoy bien, Fargo y Trelew son iguales, pero Fargo es diez veces más extenso y mucho más frío, incluyendo Canadá. En enero hizo -32ºC. En la ruta te morís. Y acá no hay edificios como Trelew. Son casas de dos o tres pisos y con un patio enorme, no son barrios de viviendas como allá.

Yo estoy en pleno centro y tengo que hacer dos kilómetros cuando salgo a comprar al supermercado.

 

-¿Qué come? ¿toma mate?

-Carne, grasa y sal. En Fargo no encuentro cordero ni chivito, solo hay carne de chancho y vaca vieja. No hay carne suave, no sé si la venderán o que. Yo compro carne para puchero y la hiervo 25 horas, porque no se ablanda ni por joda. Son las mismas vacas que en la Argentina, pero en los supermercados venden otro tipo. Y mate no tomo, se me terminó la yerba hace más de un mes. Puedo comprarla por Internet, pero no he querido, porque siempre estoy que me voy, que me voy, que me voy y no sigo por este contexto. En la ruta tomaba café, cada 15 o 20 días tomaba mate, muy de vez en cuando.

 

-¿Se encontró con argentinos en Fargo?

-Sí, argentinos hay en todos lados. Acá hay pocos, conozco a cuatro o cinco. Justo esta tarde me voy a juntar con un muchacho de La Plata porque quiere hacer un documental sobre mi caminata. En el sur de Estados Unidos está repleto. Y ni te imaginás los otros países como México y Panamá.

 

-¿Qué piensa cuando camina por la ruta?

-Nada. Voy mirando los kilómetros, los carteles y los paisajes. Hay mucho para ver como para estar pensando.

 

Sin saber leer ni escribir, en su blog documentó el día a día de la caminata. “Le hablo a la computadora y ella escribe. Cuando me marca los errores en rojo, los acomodo y listo.

No me gusta tampoco leer cosas que están mal escritas, como por ejemplo cuando escriben “que” sin la letra “u”. No me gusta, me pone mal. Trato de ser lo más prolijo dentro de lo que yo sé. Terminé la secundaria a los 40 años. Siempre me gustó el colegio, me gusto muchísimo, porque hice dos años en primero, dos años en segundo, dos años en tercero, cuatro años en cuarto y así. No pasaba nunca de grado, en cuarto ya tuve que ir a la nocturna”, cuenta, entre risas, Martín.

El aventurero chubutense pasó por Comodoro Rivadavia en diciembre de 2017. “Dormí bien toda la noche. A las 6:08 comienzo a caminar desde el kilómetro 1.898. Falta 51 km. a Comodoro Rivadavia, voy caminando muy tranquilo porque de Caleta Olivia a Comodoro Rivadavia hay una ruta en desuso. A las 10:03, en el kilómetro 1.879, descansé una hora.

Sigo a las 11:18, llegué al límite entre Santa Cruz y Chubut a las 5 de la tarde. Me firmaron el Cuaderno Bitácora, me dieron agua caliente, tomé una foto y un agente de la policía de Santa Cruz me regaló un pin de Santa Cruz para ponerlo en mi gorra. Continué viaje 19:30. A las 20:55 estaba en la rotonda que ingresa a Rada Tilly. A las 10 de la noche me quedé al costado de una estación de servicio en Comodoro Rivadavia. Caminé 48 km en total”, publicó el 6 de diciembre.

 

 -¿Qué recuerda de Comodoro Rivadavia?

-El viento. Me pegué un susto más o menos, me voló en Cañadón Ferrays con mi carricatre pilchero (el carro de 180 kilos donde guarda alimentos, agua, ropa, una colchoneta y una carpa con herramientas, más dos banderas de Argentina y Gales).

Fueron como tres metros. Me golpeé una pierna y tuve que desarmar el carro para desatar la lona y volver a armar todo de nuevo. Me revolcó el viento. Y encima pinché una rueda.

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-Entonces no tiene un buen recuerdo de la ciudad del viento…

-(Risas) Del camino no, pero de la gente sí. Me entrevistaron de Canal 9 y muchas radios. La sobrina de un amigo de Estados Unidos me hospedó en su casa, comimos asadito y la pasamos muy bien.

 

Además del blog, Martín tiene una página de Facebook con más de 30.000 seguidores, una cuenta en Instagram, con 4.735 seguidores, y un canal de YouTube con 8.720 suscriptores. En sus redes sociales se pueden ver todos los paisajes por donde pasó, las comidas que comió, los recortes televisivos donde fue entrevistado y las miles de selfies que se sacó. En todas las fotos aparece con una corbata. Y tiene una explicación.

Cuando pasó por Trelew, su ciudad natal, en enero de 2018, los empleados de una empresa de transportes le regalaron comida, pero como no sabían qué más regalarle, se quitaron las corbatas y se las obsequiaron. “De ahí es que yo seguí con corbata hasta Puerto Madryn, donde todo se admiraban de mi indumentaria, por lo que decidí no dejar de usar corbatas hasta finalizar mi caminata.

Mucho tiempo después, una mujer escribió en Facebook: no sé qué es lo más increíble de este hombre, si viajar de Ushuaia a Alaska o usar corbata con semejante calor, ja, ja,ja…”, relata Martín. Como en todo viaje, hubo momentos de felicidad y otros de amargura. En México tuvo quedarse un mes por problemas de papeles. Después le robaron, pero no dice en que país porque “los ladrones están en todo el mundo, en mi casa también me han robado y no voy a estar pendiente de eso”, argumenta. Y, ahora, se topó, como todo el mundo, con la paralización que provocó el COVID-19.

 

-¿Ya pensó que va a hacer si no se normaliza la situación a raíz de la pandemia?

-Yo tengo todo listo para arrancar, esperando a que las fronteras vuelvan a abrir, pero aún no hay ninguna fecha confirmada. Tengo que esperar hasta octubre, porque en octubre ya no se puede caminar en Alaska. Es decir, si en septiembre todavía no abren la frontera, ya regreso para la Argentina. No me convendría salir en septiembre para hacer un mes de caminata y volverme. No llegaría nunca a Alaska.

 

-No lograría su objetivo final…

-Para mí ya estaría logrado. Estoy esperando. Si puedo, lo hago y si no, para mí ya está bien. Me tomaré un vuelo si puedo juntar el dinero, porque no voy a volver caminando (risas).

 

Martín no pierde las esperanzas. Sin embargo, Estados Unidos es el epicentro de la pandemia. La cifra de infectados supera los tres millones. Hasta este domingo, la tierra que gobierna Donald Trump, quien subestimó la gravedad del virus, sufrió alrededor de 140.000 muertes.

No hay certezas, por eso habrá que esperar. Mientras tanto, aguarda, entre la nieve y los grados bajo cero, con la certeza de que el homenaje hacia sus ancestros galeses quedará en la historia, tanto como este presente mundial.

22.860 Km. para honrar a sus ancestros

Martín dixit

-¿Pensás volver?

-Mientras que voy para Alaska, solo pienso en llegar a Alaska.

-¿Pensaste en abandonar?

-Si pensara en abandonar no hubiera salido.

-¿Cuánto caminas por día?

-Después que salí de la frontera Chile- Argentina, de las 6:00 hs. hasta las 23:30 hs. y llegué a Río Gallegos, camine 56 Km, y desde las 6:00 hs. hasta las 12:00 hs. en una subida de Perú hice 4 Km, lo que caminó es lo que tenga por delante.

-¿Te robaron?

-Sí, pero no digo dónde me robaron porque los ladrones están en todo el mundo, en mi casa también me han robado y no voy a estar pendiente de eso.

-¿Hay situaciones de peligro?

-Sí, hay muchas situaciones peligrosas, pero si vos aprendés a respetar hasta en las peores rutas también te respetan.

-¿Qué vas a hacer cuando llegues a Alaska?

-No sé lo que va a pasar mañana, menos voy a saber lo que va a pasar dentro de tanto tiempo como el que me falta para llegar.

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