La pantalla como pizarrón

La pantalla como pizarrón

La pandemia de COVID 19 forzó a docentes y alumnos a adaptarse en tiempo récord a una nueva manera de vincularse a través de la tecnología. El profesor Sergio Arce presenta algunos de los contrapuntos de este proceso pedagógico de emergencia.

(Por Marcelo Melo) Sergio Arce es Licenciado en Sistemas de Información, Profesor en Disciplinas Industriales, docente en el Instituto de Formación Docente Nº 807 de nuestra ciudad. Nació en Mendoza y llegó a Comodoro Rivadavia a fines de los 90 buscando nuevos horizontes.

El colegio Perito Moreno le abrió las puertas, pero también pasó por las aulas del Magisterio 711 y 769, generalmente vinculado a las áreas de Tecnología e Informática.

Hoy es testigo calificado del proceso de digitalización urgente que vivencian docentes y alumnos empujados por la pandemia de COVID-19.

Tiempo obligado en el que ambos deben encontrarse a través de las redes y plataformas, computadoras o celulares mediante, dejando de lado las aulas y el pizarrón. En esta primera etapa del año de educación no presencial, docentes, alumnos y también la familia que acompaña, hizo lo que pudo, con las herramientas con las que disponía y siguiendo las órdenes que llegan desde ministerios educativos también afectados por la urgencia.

Los docentes enfrentaron la situación sobrecargando sus horarios de trabajo y dedicación, enfrentando el día a día con sueldos significativamente atrasados.

-Hoy no se dictan clases presenciales por causa de la panemia ¿Cómo se vive la virtualidad de las clases?

-Depende de la casa, hay unas que tienen Wi-Fi, otras que no. Ya partimos de una diferencia enorme, hay casas donde cada chico tiene una PC, otras que tienen una sola, otras directamente no tienen ninguna.

Si todos tuviésemos disponibles los elementos necesarios que se requieren, podríamos evaluar el sistema en una condición igualitaria. El problema es que hay muchísimas familias que no tienen internet, se manejan con el internet del teléfono y los datos se agotan rápidamente. Es un problema, porque hay muchos chicos que en muy poco tiempo ya no tienen datos, eso significa que tienen que recurrir a un aporte importante a la companía de teléfonos para renovar el paquete de datos y esos son costos. Algunos alumnos pueden y otros no.

El primer mes hubo mucha gente que se quedó sin datos sin darse cuenta; al segundo mes ya se cuidaron mucho más.

Esto es desde el punto de vista del alumno, de todos los niveles, que en el mejor de los casos tiene una PC en la casa. Tengo alumnos que no la tienen y trabajan con el celular que les come el crédito.

Leer los materiales en una pantallita pequeñita, elaborar trabajos allí, es una tarea muy loable.

Bajan los materiales del celular a un cuaderno, le sacan fotos y te lo envían, el gasto es importantísimo, muchas veces ilegible. Se las rebuscan cuando no hay PC en los hogares y no son pocos.

 

-¿Complica también la falta de espacios en los hogares?

-En las familias conviven chicos que van a la escuela, primaria, secundaria o universidad, con papás que trabajan. Todos se tienen que conectar a las plataformas virtuales para enviar o recibir trabajos que le envían los docentes ¿Y si no los tienen? Son situaciones sumamente complejas en lo familiar, en las casas en las que muchas veces los espacios no ayudan. Viven hacinados y en el momento de tomar una clase por Zoom y hay que prestar atención, hacer silencio; entonces el nivel de conducta no es el mismo en la casa que en las aulas. Es una complicación adicional que se la llevan las familias.

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-El docente también tuvo que adaptarse rápidamente a la nueva situación.

-Para el docente no es una cuestión de costumbre, es un tema de formación.

Nos instruimos para dar clases presenciales, frente al aula y el pizarrón; nos construimos como docentes en los procesos de enseñanza y aprendizaje en presencia del alumno. Con un feedback, con un ida y vuelta cara a cara en el que uno explica un concepto y ve en los rostros si entendieron o no el concepto o la información. Y eso es esencial, nos formamos así ¿Se puede trabajar a distancia? Sí, se puede, pero es otra pedagogía, una formación docente distinta, que acá en Chubut es materia pendiente, no tuvimos ni tenemos. Nunca hicieron nada al respecto.

Muchos docentes tampoco pueden adaptarse porque no tienen PC y lo hacen desde un teléfono que no tiene crédito. Es muy complicado. Además en Comodoro podés tener todo el equipamiento, pero no buena señal porque la empresa que te provee no te la brinda. Esto atraviesa a todas las clases sociales, como la pandemia, pero al que menos tiene le pega de lleno.

 

-¿Se imagina la vuelta a clases?

-Si mañana se levanta la cuarentena y se abren las escuelas, no sé si los docentes van a estar porque se nos deben meses de sueldo, ese es otro tema, pero es totalmente justificable. Que hoy el docente esté haciendo algo por el alumno, porque éste está en una situación muy compleja, ya es una cuestión de humanidad. Ahora, una vez que se abran las escuelas, no sabemos si el docente va a volver a las aulas.

Yo tengo que tener internet de buena calidad para dar clases y me deben sueldos, tengo que tener un excelente equipo y me deben meses de sueldo. Siempre caemos en la misma.

 

-¿Qué sería lo primero que habría que hacer con los alumnos en el aula?

-Cuando volvamos al aula, lo primero que haremos será el diagnóstico, ver qué fue lo que incorporaron los alumnos, dónde están parados, qué es lo que sigue firme, y a partir de ahí seguir. Pero también hay que analizar que puede seguir esta realidad. Tendremos que hacer una jerarquización de contenidos, cuáles serán los prioritarios, cuáles insdispensables y aquellos que pueden construir desde sus casas y con apoyo virtual.

Esto recién está empezando, no es igual, pero los docentes le estamos poniendo todo, eso te lo puedo asegurar.

 

-¿Cuáles serán los cambios que permanecerán en el tiempo?

-Vamos a un sistema dual como dice el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta. Significa que cuando volvamos, habrá clases presenciales y virtuales, éstas últimas con un soporte. Eso una vez que se vuelva y no todos van a poder retornar, porque el distanciamiento requiere que tenga que haber suficiente espacio. Ahora: ¿qué hacemos con el docente?, ¿va dar clases presenciales o virtuales?, porque hoy en día estamos trabajando más que cuando vamos a la escuela, mucho más.

Hay que pulir cómo se va a instrumentar, trabajar en la virtualidad es sumamente complejo para el docente y para el alumno. Hoy estamos haciendo un esfuerzo sobrehumano y para colmo aprendiendo sobre la marcha, mas allá de que estamos acostumbrados a ser autodidactas, permanentemente estamos aprendiendo.

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Ahora tuvimos que salir a capacitarnos sobre la marcha, sobre lo que dicen los pedagogos sobre la educación a distancia, sobre la evaluación, lo estamos haciendo, pero no estamos poniendo notas.

 

-Tu área de docencia está vinculada a la tecnología ¿Cómo es para los profesores que no tienen formación en tecnología?

-Hay colegas que recién están empezando a darle importancia a la tecnología. Después están los temas de la edad, hay docentes mayores (de 50 para arriba), cuya realidad es muy distintas a docentes de 30, que ya casi lo traen incorporado por vida y práctica.

Hubo que incorporarla, modificar la pedagogía, casi en automático, en nada de tiempo, y es sumamente complejo y veo que los colegas han hecho un trabajo formidable y lo veo poco reconocido por la sociedad. Pero se va a dar con el tiempo.

 

-¿Será un año perdido académicamente?

-Este año va a ser muy recordado. A nivel educativo no es un año perdido, es un año ganado, va a quedar en la historia porque además nos ha permitido aprender, ésta no va a ser la única pandemia.

Nos permitió aprender que no existe una sola forma de enseñar, vamos a estar preparados siempre para la sorpresa, qué es lo que viene después y cómo lo vamos a hacer. Le va a permitir a los alumnos aprender que tampoco existe una sola manera, que pueden trabajar desde otro lado, no sólo escuchando al maestro al frente del aula, desde una pantalla, mediante redes y video, audios… Otras posibilidades que antes no utilizaban, investigaciones que antes no hacían.

 

-¿Cómo es la repercusión en las familias?

-Muchas mamás y papás no tenían ni idea el esfuerzo que implica para sus hijos aprender, sólo los mandaban a la escuela. “Les compré los útiles, el uniforme y ya está” decían. “Y después les exijo que pasen de año y nada más”.

Ahora, están encima de ellos, compartiendo el mismo espacio. Valoran el enorme esfuerzo que hacen sus hijos y la profesionalidad que tiene el docente. Porque no lo valoraban. Hace dos o tres años, en provincia de Buenos Aires, me acuerdo que había una lista de gente que se ofrecía como voluntario para romper un paro docente, para ir a dar clases. Esto nos va a servir para recuperar la profesionalidad del docente, no cualquiera lo puede realizar. Es aprendizaje para los padres, para la sociedad en general y que lo sea también para el gobierno provincial, que no paga en tiempo y forma.

 

-¿Evaluás que esta situación se repite en todo el país?

-Es igual en todo el país, en algunos lugares con menos complicaciones. En los grandes centros urbanos quizás sea más sencillo, analizando solo la conectividad por ejemplo. No debe ser lo mismo en Puerto Madero que en las zonas rurales. Pensemos que muchos chicos van a la escuela porque iban a comer, sé que hoy se subsana de otra manera, desde otras instituciones. No es sólo el hecho de ir a aprender, es complejo, la escuela es un centro receptor de toda la problemática de la sociedad, daba mucha contención.

Y eso hay que seguir dándolo de alguna manera. No se puede desde lejos, desconectados se hace difícil.

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