Ser soldado del Ejército, una cuestión de voluntad y vocación

Ser soldado del Ejército, una cuestión de voluntad y vocación
Gimena Castro sentía una gran pasión por el Ejército desde chica.

Esta semana, durante el lanzamiento de la campaña de incorporación de soldados voluntarios para el Ejército Argentino, Crónica entrevistó a cuatro soldados de la Brigada Mecanizada IX, quienes relataron su experiencia dentro de la fuerza y contaron cómo es el día a día dentro de la misma.

Al unísono, los cuatro remarcaron que decidieron ingresar al Ejército por una cuestión de vocación y pasión. Además, resaltaron sus ganas de seguir dentro de la fuerza y continuar creciendo en lo profesional.

Ser soldado del Ejército Argentino es decididamente una cuestión de vocación. Aquellos que deciden ingresar a la fuerza, por lo general tienen un gran espíritu de servicio y ganas de ayudar al prójimo con total desinterés, o al menos eso es lo que transmite la gente que está dentro del Ejército. Las pruebas para ingresar no son nada sencillas. Primero está la revisación médica, en donde el postulante es examinado por un equipo de médicos de la institución.

Luego llega la prueba de más dificultad: el Núcleo de Instrucción Básico. En Comodoro, los postulantes son llevados por lo general al Regimiento de Infantería Mecanizado 8 y son sometidos a un duro entrenamiento durante casi dos meses. Si pasan esta prueba final, quedan en condiciones de ingresar a la fuerza castrense. Meses después llega la jura de la bandera. Una vez hecho esto, se convierten oficialmente en soldados del Ejército Argentino.

“Cuando era chica siempre iba a los desfiles”

La primera en conversar con este diario fue la soldado Gimena Castro, quien ingresó al Ejército en el año 2018. “Me enteré de la posibilidad por intermedio de mi familia, me avisó mi hermana, que está incorporada en Salta desde el 2014. Fui a la oficina de reclutamiento, me dijeron que tenía que presentar una serie de papeles y después me hice la revisación médica. En dos semanas me llamaron para hacer el Núcleo de Instrucción Básico”, contó la soldado.

La joven planteó que desde chica siempre le había interesado el Ejército y que quería ingresar desde hace tiempo. “Cuando era chica siempre iba a los desfiles, siempre me llamó la atención. Ahora me estoy preparando para rendir en el Colegio Militar, quiero ser oficial del Ejército.

No tomo esto como un trabajo más, yo tengo vocación, por eso quiero seguir en las filas de la fuerza. Lo que más me gusta es aprender cada día más acá adentro, es algo increíble. El Ejército me ayudó mucho en lo económico, además me dan la posibilidad de vivir dentro del Comando, así que también tengo un lugar en donde quedarme. También tengo una obra social y me dan la facilidad para seguir estudiando”, dijo la entrevistada.

Cabe destacar que aquellos que ingresan al Ejército tienen la posibilidad de seguir la carrera militar, convirtiéndose en oficiales o suboficiales de la fuerza. Para ser suboficial hay que estudiar en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, mientras que para ser oficial hay que hacerlo en el Colegio Militar de la Nación.
Aquellos que optan por la primera opción, egresan con el grado de cabo y una determinada especialidad, según lo que elijan; mientras que los que deciden convertirse en oficiales, egresan con el grado de subteniente.

Sentido de vocación y camaradería

Gino Mastroianni fue otro que conversó con este diario. El joven contó que ingresó a las filas del Ejército en septiembre de 2016 y se enamoró de la profesión desde un primer momento. Ahora, cuatro años después, tomó la decisión de estudiar en la Escuela de suboficiales Sargento Cabral y convertirse en suboficial.
“Me enteré de la campaña de incorporación en el año 2016, yo estaba en Puerto Madryn.

Ser soldado del Ejército, una cuestión de voluntad y vocación
Gino Mastroianni ingresó al Ejército Argentino en septiembre de 2016.

Me acuerdo que había una carpa de reclutamiento. Mi mejor amigo me mandó una foto de la ficha de preinscripción y me presenté. Entregué todos los papeles y en agosto de ese mismo año me llamaron para la revisación médica. En noviembre recibí un llamado para venir a Comodoro, tenía que hacer el Núcleo de Instrucción Básico”, recordó el joven soldado.

Respecto al NIB, Mastroianni dijo que “fue una experiencia bastante sacrificada, requirió de mucho esfuerzo y dedicación. La verdad es que fue una experiencia hermosa. En esos momentos de exigencia, pensaba en mi familia, ellos fueron mi pilar fundamental, los primeros en apoyarme desde el minuto uno. Yo siento vocación por lo que hago, me gusta mucho el Ejército y además tengo mucho apego por la causa Malvinas, tengo un familiar que es veterano”.

Y agregó: “Lo que más rescato es el espíritu de cuerpo que uno puede adquirir acá adentro para enfrentar situaciones complicadas tanto en lo personal como militarmente, la disciplina y la marcialidad, y por sobre todo, la historia que tiene la fuerza, que la verdad es algo impresionante y que te atrapa. Estoy decidido, quiero ser suboficial del arma de infantería”, concluyó el soldado.

“Desde chica quería entrar al Ejército”

La soldado Abigail Garrido fue otra de las entrevistadas por este diario y, al igual que sus compañeros, resaltó que desde siempre había tenido ganas de ingresar al Ejército Argentino.

Ser soldado del Ejército, una cuestión de voluntad y vocación
“Desde chica quería entrar al Ejército”, dijo la soldado Abigail Garrido.

“Yo no me enteré de la campaña de incorporación, el Ejército me atrapó desde chica. Uno no sabe lo que es vestir el uniforme hasta que lo experimenta en carne propia. Mi atracción empezó a los doce años, y cuando cumplí los dieciocho me fui a inscribir. Ingresé en septiembre de 2016 a la fuerza”, relató la joven.

“El Núcleo de Instrucción Básico fue una experiencia bastante dura al principio, al no estar acostumbrada a ese tipo de exigencia. En ese momento yo no tenía estudios. Por lo general, uno crea un plan de vida, entonces al ingresar yo quise terminar mis estudios desde un primer momento. Hoy no me arrepiento de haber tomado esa decisión, terminé la secundaria y aprendí muchas otras cosas.

El Ejército te da la posibilidad de estudiar y hacer otras cosas afuera, en otros trabajos quizá no es así, además de que la fuerza te enseña muchas cosas. Lo que más rescato son los valores que se inculcan, cosas que ya no se ven mucho en la sociedad. Además, es un lugar que te impulsa a ser responsable, te impulsa a crecer”.

“Lo que más rescato del Ejército es la camaradería”

Damián Fritz ingresó a las filas del Ejército en el año 2014. Su hermano, que desde hace años está en la fuerza y trabaja en el Hospital Militar, le comentó sobre la posibilidad y lo convenció. Seis años después, el joven tiene intenciones de convertirse en suboficial y hacer carrera dentro de la institución.

Ser soldado del Ejército, una cuestión de voluntad y vocación
El soldado Damián Fritz destacó la camaradería dentro del Ejército y el aprendizaje diario.

“Mi hermano me comentó que estaban incorporando gente en el Ejército y decidí postularme. Yo tenía ganas de entrar, así que vine al Comando de Brigada y me inscribí en la oficina de reclutamiento. Hice el Núcleo de Instrucción Básico en el Regimiento de Kilómetro 8, duró un mes y medio. Fue una muy buena experiencia, no me voy a olvidar más de los momentos que pasé con mis camaradas, fue algo muy lindo la verdad”, contó el joven soldado a este diario.

En este sentido, respecto a las exigentes pruebas que tuvo que atravesar en el histórico Regimiento de Kilómetro 8, Fritz sostuvo que “fueron pruebas muy duras, pero con voluntad se puede.

Después de seis años en la fuerza, estoy convencido de querer hacer carrera, quiero ser suboficial del Ejército. Mi futuro está dentro de la fuerza. Lo que más me llama la atención de la institución es la disciplina que se impone, también el hecho de que aprendés distintas cosas todo el tiempo. Pero lo que más rescato es la camaradería, el espíritu de compañerismo que tenemos, es algo increíble”.

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