Historias de gente que busca gente

Historias de gente que busca gente

Redes humanas que se tejen en letras de papel o bytes, ayer como hoy, para llenar vacíos que anidan en el alma y el corazón. Buscan y unen, como en un rompecabezas de vida, siguiendo pistas y datos dispersos. El nombre de la partera, itinerarios de traslados, partidas de nacimiento ajadas, fotos descoloridas; cada información cobra el valor de un llave maestra.

Historias de gente que busca gente

“Estoy buscándote” es el nombre del grupo de búsqueda de identidad biológica que creó Leonardo Guzmán en 2017 y que tiene hoy 84.000 miembros en su página de Facebook.

Desde Salta hasta Tierra del Fuego los pedidos de ayuda se multiplican. Muchas búsquedas tienen sabor a final feliz y curan heridas. “Necesito ayudar a mi esposa a encontrar sus raíces”, “busco a la hermana de mi mamá”, “mi nieto necesita encontrar a su papá”, “buscamos a los familiares de mi marido”.

Leonardo Guzmán vive en Mar del Plata, tiene cincuenta años y una historia de vida conmovedora. Cuando era muy pequeño lo abandonaron en un hogar de adopción. Muchos años después supo quién era su madre y conoció a sus hermanos. Todo esto despertó sus ganas de ayudar a la gente a encontrar a sus familiares. Por eso creó “Estoy Buscándote”.

Buscar es acción, no una tarea pasiva. Así lo entiende Leonardo que rastrea la entrevista a Guadalupe Allanao publicada recientemente en Diario Crónica a través de la web. Guadalupe busca a su hija biológica a quien dio en adopción, Leonardo teje redes para encontrarla.

“Mi viejo murió, y mi madre nos dejó tirados. Éramos cinco hermanos. A mí me adoptaron, a mi hermana la dejaron tirada y a los varones nos dejaron en un hogar. En el año 2000 aparecí en el programa de Franco Bagnato y me encontré con mis hermanos. Ahí se nombró un poco a quien fue mi progenitora, en ese momento no me llamó conocerla. Con el paso de los años encontré a mi hermano mayor, que falleció. Todos tuvimos una historia complicada, nos criamos en diferentes contextos sociales, todos tuvimos historias muy jodidas. En mi caso, mi padre adoptivo abusó de mí. Tengo una hermana que vive en una villa, entre paredes de cartón y piso de tierra, en General Rodríguez”, contó Leonardo a este diario.

En el año 2017, Guzmán logró encontrar a parte de su familia materna y en ese momento conoció una historia que hasta el momento era desconocida para él: “Marta, mi progenitora, volvió al pueblo con nosotros cinco y una tía mía, estaba embarazada. Ella tenía además otros dos hijos. Para cuidar de nosotros, decidió abortar. Dos días después del aborto le agarró una infección generalizada y se murió. De alguna manera, decidí empezar a transmitir todos estos sentimientos al resto, por eso formé Estoy Buscándote”.

Varios grupos a lo largo del país cumplen el mismo rol, Leonardo los define como “buscadores”. Gente que desinteresadamente ayuda a otros a encontrar a familiares a los que se les perdió el rastro. Él confiesa que fantasea con dedicarse a esto a tiempo completo, pero solo es una fantasía, en la actualidad es propietario de una gráfica, una mini Pyme azotada como muchas por la pandemia.

“Cada encuentro a mí me ayuda a sanar un poquito más, para mí es un placer ayudar a la gente. Por ahí me da bronca que el Estado ponga tantas trabas a nuestro trabajo. Pienso que nosotros hacemos mucho más que ellos a veces. Somos varios buscadores, son varios los grupos, hay mucha gente que ayuda desinteresadamente”, sostuvo Guzmán.

“Estoy Buscándote” fue pensado originalmente para Mar del Plata. Con el tiempo se empezó a sumar gente de otros lugares. Hoy el grupo cuenta con muchas búsquedas cerradas. “Mucha gente labura a escondidas, hay un montón de gente atrás de este proyecto que ayuda incondicionalmente y sin figurar. Hemos cerrado búsquedas de personas en Uruguay, de personas que buscaban familiares acá en Argentina”.

Aunque en varias oportunidades le ofrecieron convertir “Estoy Buscándote” en una ONG, Leonardo prefirió no hacerlo. “Si yo tuviera una ONG debería seguir una serie de pasos y no quiero. Mientras esto sirva para ayudar, yo lo voy a hacer encantado. No tengo un control estricto de cuántas búsquedas hemos cerrado, pero hemos hecho muchas en estos años”, concluyó.

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Izquierda: Mely y su madre Guadalupe en Cholila 16 años atrás.
Derecha: Leonardo es el creador de este grupo de búsqueda de identidad biológica.

Una búsqueda

Leonardo se comunicó con Diario Crónica para contactar a Guadalupe Allanao. Ella tiene 64 años y es la protagonista de esta otra historia. Junto con su hija, Mely Neira, quien ofició de portavoz residen en la localidad chubutense de Cholila. En nuestra ciudad residen otros dos hijos de Guadalupe, hermanos de Mely. Hace más de 40 años Guadalupe entregó en adopción a su hija recién nacida; hoy, la buscan.

“Tanto mis hermanos como mi madre y yo estamos esperanzados en encontrar a nuestra hermana, recibimos muchos llamados”, señaló Mely en nuevo contacto con este medio.

Aunque a veces la tecnología no ayuda. “Tuvimos varios cortes de electricidad durante la semana, y también de tanto en tanto nos quedamos sin conexión a internet” dijo Mely Neira disculpándose por la demora en contestar mensajes vía WhatsApp a quienes se comunicaron con ella en estos días.

La historia de vida de Guadalupe Allanao tuvo gran repercusión. Varias mujeres se comunicaron diciendo haber sido entregadas en adopción al nacer y actualmente tienen entre 42 y 45 años, la franja etaria que posee la hija buscada por Guadalupe y sus hermanos.

Por ahora hermana e hija es una figura sin rostro. Ni siquiera una cara algo difusa. Nada. Guadalupe guardó el nacimiento y adopción de su hija como un doloroso secreto durante décadas. No hace mucho tiempo atrás les contó a sus tres hijos que siendo apenas adolescente había tenido a una bebé a quien tuvo que dar en adopción por su falta de recursos.

“Mi madre tuvo a la bebé en el sanatorio o clínica Rivadavia, por aquellos tiempos atendidos por los doctores Tejo y Podestá. Mi madre trabajaba como empleada doméstica, tenía una vida muy precaria y es por eso que ella decide dar en adopción a la bebé recién nacida. No se sabe si la adoptó una familia de bien o si fue la familia del padre quien la adoptó, no tenemos ningún dato de su nombre, nada. Además no fue registrada por mi madre. “Ella tiene un gran peso psicológico, lo mantuvo en silencio por muchos años, queremos conocerla, saber qué ha sido de su vida, además de la necesidad de nuestra madre por encontrarla y pedirle perdón. Guardamos la esperanza de que esa hermana mayor que nunca conocimos, se encuentre todavía en Comodoro Rivadavia o haya personas que sepan de su existencia y puedan ayudarnos en nuestra búsqueda” relató Mely en comunicación desde Cholila. Recientemente Mely envió una fotografía con la esperanza que la imagen pudiera servir para que alguien pudiera sentirse reflejada en la historia y en los rasgos de su marde. “Es una fotografía tomada hace unos 16 años, somos mi mamá y yo” refirió Mely desde Cholila.

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Izquierda: El hombre del centro pudo conocer a dos de sus hermanos con la ayuda de “Estoy buscándote”.
Derecha: Marcelo fue dado en adopción y 40 años después se reencontró con su familia biológica.

Un encuentro

José “Pepe” Campos ha tenido una vida quizás como nadie, o como la de muy pocos. El destino quiso que Diario Crónica formara parte de un capítulo especial de su particular historia familiar colmada de pérdidas, pero también de reencuentros y de abrazos.

Tres décadas atrás fue el protagonista de una búsqueda que ahora recuerda con agradecimiento. Hoy mejor que nunca, con tanta modernidad informativa, podría caber la frase acuñada en la historia del periodismo gráfico, aquella que reza: “No hay nada más viejo que el diario de ayer”. Pero ese axioma, como toda verdad relativa, no puede aplicarse cuando la noticia de ayer –y de un ayer que cumple 27 años- es una historia de vida, de reencuentros y de amores familiares que no se permiten el olvido.

Hace pocos días Pepe Campos se comunicó con la redacción de Diario Crónica solo para agradecer al medio haber sido parte activa de su reecuentro con familiares. Encontrar a su familia casi tres décadas después le cambió la vida.

Alrededor de 1968, en plena juventud, siguiendo sus sueños de convertirse en actor, Pepe viajó a probar fortuna a Buenos Aires. El viaje no fue lo que esperaba y después de varias cartas –de aquellas que se escribían a mano y demoraban varios días en llegar a destino- “la gran ciudad” lo devoró… Se perdió entre la gente, en la vorágine de vivir de otra manera y perdió contacto con su familia. Siguió su vida separado de sus padres, sus hermanos, sus sobrinos, de los aromas de su antigua casa “casi trepada en los altos de un barrio Pietrobelli con calles de tierra”, según recordaba.

Aquel Comodoro Rivadavia terminó creyendo que “Pepe” había muerto en un enfrentamiento armado, dentro de un repetido cuadro de gobiernos militares argentinos. Su familia lo buscó por mucho tiempo hasta que finalmente, voceros militares confirmaron erroneamente a la familia Campos que Pepe era una de las víctimas fatales de aquellos momentos de luchas internas mientras revistaba “en la Aeronáutica”.

No era cierto que Pepe había muerto, él había formado “familia chica” en Mar del Plata junto a su esposa, Ana María Segovia, donde nacieron sus seis hijos. Nunca supo que su familia lo buscó durante muchos años.

Sin embargo el 12 de junio de 1993, Pepe volvió a caminar por la calle 13 de Diciembre buscando la casita de sus viejos, su infancia perdida. Pero todo había cambiado. Pidiendo ayuda llegó hasta la redacción de este diario que publicó sus historia, como la de tantos otros, esperando un desenlace feliz.

Los lectores se convirtieron en multiplicadores de la historia y en el nexo entre el hombre que volvió con antiguos recuerdos y aquella familia que lo creía muerto. La alegría llegó multiplicada por muchos y encarnada en hermanos, tíos, sobrinos, personificada en su madre y padre. El protagonista de esta búsqueda pudo entonces ensamblar su presente y pasado, construyendo un nuevo presente de familia ampliada. Desde la misma ciudad que Leonardo Guzmán busca a los familiares de Guadalupe Allanao llega el llamado de Pepe. Cerca de cumplir 71 años, mantiene el recuerdo y el agradecimiento por aquellos momentos en los que, lejos de los tweets o el Whatsapp, las letras escritas en las páginas de un diario lograron el reencuentro.

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