La vida después de un trasplante: Historia de una joven que luchó y no se dio por vencida

La vida después de un trasplante: Historia de una joven que luchó y no se dio por vencida
Omar y Julieta, los protagonistas de esta historia.

Julieta Sáez recibió un trasplante de riñón el 13 de junio del 2013. Ese día, Omar Sáez, el hombre que veintidós años atrás le había dado la vida se puso la capa de superhéroe y le salvó la vida. Meses antes de la operación, la joven debía dializarse día por medio, de lo contrario, su vida corría un alto riesgo, ya que la diálisis es algo fundamental para aquellas personas con problemas renales. Siete años después de la operación, la vida de la joven abogada comodorense cambió rotundamente. Ella lo reconoce y afirma que los cambios fueron muy notorios: “ahora dispongo de todo mi tiempo y puedo hacer lo que quiera. Antes, día por medio tenía que estar enchufada a una máquina por cuatro horas”.

En el transcurso de esta semana, este diario realizó una amplia cobertura del conflicto que sostiene la empresa Diaverum con el Ministerio de Salud de la provincia y el Hospital Regional. Con el objetivo de generar conciencia en la sociedad respecto a la importancia que tiene la diálisis para los pacientes con problemas renales, Crónica entrevistó a una joven comodorense que hace siete años recibió un trasplante de riñón de su padre.

Julieta Sáez contó en detalle su historia, resaltó cuestiones médicas muy puntuales y habló sobre lo que fue su vida después del trasplante: “Yo siempre digo lo mismo. El 13 de junio de 2013, yo volví a nacer. Mi papá es un héroe”, destacó.

Lupus: una enfermedad incurable

Julieta padece lupus, una enfermedad autoinmune que es incurable. Esta enfermedad fue lo que comprometió seriamente los riñones de la joven, llegando a tener solo un doce por ciento de función renal. “El lupus se comporta de tal forma que las células de tu propio cuerpo se empiezan a desconocer. Tus glóbulos blancos aumentan y pretenden defenderte de cualquier virus o bacteria que te afecte. Lo que sucede es que los glóbulos se confunden y empiezan a atacar a las células sanas de tu propio cuerpo.

En mi caso, empezaron a atacar mis pulmones y riñones, entre otras cosas. Lo que tiene el riñón es que, por lo general, el daño es irreversible. Tener una falla renal implica una disminución en la aptitud del órgano. Yo llegué a tener un doce por ciento de función renal. Cuando llegué a esa instancia me hicieron una fístula y empecé a hacer diálisis”, contó la joven abogada comodorense.

El lupus es una enfermedad que se caracteriza por tener “brotes” o episodios. Cuando le diagnosticaron la patología, a Sáez le dijeron que iba a tener dos, tres o cuatro brotes como máximo. Los mismos se darían de forma muy seguida y luego el lupus aminoraría su intensidad. A los quince años, la enfermedad golpeó por primera vez a Julieta. El lupus se manifestó en forma clara hasta los diecisiete, momento en el que los episodios cesaron. A los veintidós años, la joven recibió un trasplante de riñón de su padre, Omar Sáez, que en un principio no sabía si iba a poder donarle el órgano a su hija.

“Mis riñones quedaron complicados desde el primer ataque. Cuando tuve el primer episodio, quedaron funcionando a menos del cincuenta por ciento. A partir de ese momento, mi función renal fue disminuyendo cada vez más. En un momento me estanqué en treinta y dos por ciento, pero con los años mi cuadro empeoró. Fue ahí cuando tuve que empezar a hacer diálisis”, recordó la entrevistada.

Omar, el héroe de Juli

Julieta pasó un año entero dializándose con la empresa Diaverum en Comodoro. Doce meses en los que, cada día por medio, tenía que estar enchufada por cuatro horas a una máquina. En el medio, otra patología atacó a la joven que en 2013 recibió un riñón de parte de su padre. A raíz de su problema renal, padeció anemia crónica. Cinco meses después de empezar diálisis, la abogada comenzó los trámites en su obra social para hacerse los estudios de compatibilidad con su papá. Al tiempo llegó la buena noticia: el trasplante era factible y su papá podía donarle un riñón.

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“Hay gente que se ha dializado por más de diez años, incluso hasta quince. Uno puede llevar una vida normal haciendo diálisis, pero es algo complicado desde el punto de vista emocional. Podés tener una vida larga con este procedimiento, esa máquina a la que te enchufan por cuatro horas sustituye tus riñones. También tiene consecuencias, así como te saca lo malo, también te quita muchas cosas buenas, por ejemplo, nutrientes. Por eso siempre estás vacunándote o tomando vitaminas”, resaltó Sáez en otro tramo de la entrevista con este diario.

Desde que su riñón quedó afectado por el primer ataque de lupus, Julieta padeció anemia crónica, otra enfermedad que la acompañó durante un largo tiempo. En 2012, cinco meses después de haber empezado diálisis, la joven abogada que obtuvo su título en julio de 2019 en la UNPSJB empezó las gestiones para hacer los estudios de compatibilidad con su padre, para determinar si eran compatibles en un trasplante de riñón. “La doctora me dijo que tenía que empezar a hacer estos estudios. Me citó a mí y a mi familia a una reunión y charlamos el tema. La idea era entrar en la lista de espera del INCUCAI o que mis padres me donaran un riñón. Me hice los estudios y al mes nos confirmaron que éramos compatibles. El 13 de junio me trasplanté en el Hospital Británico”, rememoró la entrevistada.

La vida después de un trasplante: Historia de una joven que luchó y no se dio por vencida
El pasado 14 de junio, Julieta celebró un año más de vida y cumplió tres décadas. Gracias a su padre, hoy tiene una vida normal.

“Mis amigos nunca tuvieron mucha idea de lo que me pasaba”

Julieta es una chica muy apegada a su familia y amigos, y eso es algo que demuestra constantemente. En sus redes sociales publica fotos con su mamá y sus hermanos y también con sus amigos de siempre, esos que la acompañaron a lo largo de todos estos años. A pesar de esto, durante la época en la que estuvo más afectada por sus problemas renales, mantuvo los detalles puntuales más reservados para su familia y los médicos. “En ese momento yo estaba muy amparada por mi familia. Mis amigos nunca tuvieron mucha idea de lo que a mí me pasaba, porque a mí no me gustaba hablar de mi enfermedad. No era algo que yo hablara con ellos. Con el correr del tiempo les fui contando sobre el tema, pero en líneas generales, siempre fui muy reservada con esto” expresó.

“En su momento, yo trataba de no sufrir tanto este problema, pero la verdad es que yo era chica. A los veintiún años tuve que entender la idea de que, si yo no me sentaba cuatro horas en un sillón a mirar televisión con un grupo de gente que no conocía, podía morirme. Tuve que entender por qué estaba en ese lugar. Me hice cargo de mi salud desde muy chica, siempre me ocupé de preguntar absolutamente todo. Fue una experiencia dura. En esa época estuve muy triste”, señaló la joven.

Un cambio rotundo y una vida nueva

El 13 de junio de 2013, Julieta Sáez ingresó finalmente al quirófano con su padre. Los médicos hicieron una operación muy compleja y le concedieron a la joven una nueva vida. Después de ese día, Sáez comenzó una etapa nueva, llena de logros personales y felicidad plena por el hecho de saber que, después de siete años, todo había vuelto a la normalidad.

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“Haber sido trasplantada me permitió disponer de todo mi tiempo, ya no tenía que estar enchufada a una máquina permanentemente. Esas cuatro horas, ahora podía pasarlas en mi casa o en otro lugar. Podía dormir, estudiar o salir con mis amigos. Mi piel y mis ojos volvieron a la normalidad. Digo esto porque la piel y los ojos cambian de color cuando uno hace diálisis. Durante el año que me tuve que someter a ese procedimiento bajé mucho mi rendimiento en la universidad, todo el tiempo estaba cansada, siempre quería dormir. Después de la operación no podía ir a la universidad porque era paciente de riesgo, estaba tomando inmunosupresores en dosis muy altas. Eso significaba que podía contagiarme un resfrío y que eso derivara en una neumonía. Con el tiempo fui volviendo a la normalidad”, recordó la joven abogada.

La vida después de un trasplante: Historia de una joven que luchó y no se dio por vencida
Los problemas renales interfirieron en el rendimiento de Julieta en la universidad. Después de batallar intensamente, el 29 de julio de 2019 se recibió de abogada.

“Mi papá es un héroe”

Igual que Superman, el famoso superhéroe que tantos chicos en el mundo idolatran, Omar Sáez se puso una capa y corrió al rescate de su hija. Gracias a él, hoy Julieta tiene una vida común y corriente, igual que el resto de la gente. “Mi papá es un grande, un valiente, un hombre que a sus cincuenta y dos años decidió someterse a una cirugía y a un régimen para bajar de peso. Antes de la operación le advirtieron que el procedimiento no era posible porque él tenía el hígado graso, tenía que bajar sí o sí de peso. Hizo dieta y ejercicio y en solo dos meses bajó doce kilos. Yo siempre digo lo mismo. El 13 de junio de 2013, yo volví a nacer. Mi papá es un héroe”, destacó la entrevistada.

“La gente tiene que informarse”

Para concluir la entrevista con este diario, la joven brindó una última reflexión y se refirió al trasplante de órganos, un tema muy debatido en el último tiempo en Argentina. Con la sanción de la Ley Justina, en nuestro país, todas las personas mayores de edad se convierten automáticamente en donantes de órganos, a menos que pidan expresamente no serlo. En este sentido, Sáez, que fue operada con éxito en 2013 en el Hospital Británico, pidió más conciencia a la población acerca de lo que es la donación de órganos y resaltó la importancia de informarse sobre el tema.

“La gente tiene que informarse sobre lo que significa ser donante, sobre lo que significa someterse a un operación de trasplante, de cómo le cambia la vida esto a una persona que espera una operación de este tipo. Hay muy pocas probabilidades de ser donante, por eso todo aquel que pueda donar debería hacerlo, debería sentirse comprometido con esto. A partir de la Ley Justina se desató una polémica muy fuerte en Argentina. La gente decía que los iban a dejar morir en los hospitales para que donaran sus órganos. Eso es falta de información, falta de empatía con el otro. Donar significa dar vida a otra persona. Yo después de recibir el trasplante empecé a estudiar de nuevo y tuve un rendimiento del cien por cien en la facultad. También empecé clases de baile. Quería estar ocupada las veinticuatro horas del día. Me sentía bien, ya no estaba cansada. Haber sido trasplantada me cambió la vida”, concluyó la joven.

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