Antonella Tiglio y su recorrido hasta Olas del Sur

Antonella Tiglio y su recorrido hasta Olas del Sur

Manteniendo siempre un perfil muy bajo, la profesora Antonella Tiglio en diálogo con Crónica cuenta los detalles de cómo fueron sus inicios en el patín. Luego de su arribo a Comodoro Rivadavia y siendo alumna pasó a dar clases a sus propias compañeras, cuando apenas eran unas 15 chicas entrenando en el Club Huergo. Hoy resalta a los 7 clubes o escuelas que están en la ciudad con muchos proyectos para la Asociación, pero asegura que la pandemia “nos arruinó y ahora solo habrá que esperar”.

El romance con el patín comenzó en la Unión Vecinal de Villa Adelina en San Isidro. “Mi carrera deportiva comienza básicamente en Buenos Aires. Un día fuimos con mis padres a mi club de barrio, ellos querían que hiciera natación. Y en la grilla de actividades salía patín, le dije a mi papá, yo quiero patinar. No tenía ni idea que era un patín sinceramente. Mis papas como que se sorprendieron porque nunca había visto patín ni nada. Un señor del club me dijo que justo se estaba haciendo un torneo. Mis padres me acompañaron y fuimos a ver, ahí me deslumbró. Al día siguiente comencé y nunca más dejé”, cuenta Antonella Tiglio.

Antonella Tiglio y su recorrido hasta Olas del Sur

Disfrutando de la nieve en Comodoro

Con el correr del tiempo, a los 14 años, Antonella vino a vivir con sus padres a Comodoro Rivadavia. A su papá Juan, por trabajar en la Prefectura Naval Argentina le habían dado el pase a la capital del petróleo. “Aquí hago mi carrera más fuerte. Nos vinimos como familia al sur, yo no tenía ni idea dónde íbamos, pensaba que era Bariloche. El primer año la pasamos muy mal, llegamos en el 2001/2002, había caído una gran nevada en Comodoro. No conocíamos la nieve, fue un año tremendo pero muy lindo. Ahí arranca mi hermana a patinar, yo estaba media negada, no quería saber mucho de volver a empezar, ni entrenar. No me gustaba la ciudad, estaba muy adolescente”.

“Mi hermana comenzó a entrenar en el Club Huergo, en el salón dorado. Era una escuela de patín muy chiquita, dentro de las actividades municipales. Había una sola profe, en ese entonces era Natalia Eichel, mi hermana mi insistió para que volviera. Yo, estaba acostumbrada a Buenos Aires, competencias gigantes, muchas chicas y mucha exigencia. Mucha competencia todo el tiempo, aquí el deporte recién comenzaba, no se había hecho gala, ni torneos. A mitad de año comencé yo y mi papá siempre nos acompañó activamente en el deporte, era juez de patín. Se metió de lleno, mis padres siempre fueron de meterse en la comisión de padres del club y apoyarnos en el deporte”, asegura Antonella Tiglio.

Juan Tiglio como dirigente del patín provincial

En Comodoro tuvo continuidad en los estudios en el Instituto María Auxiliadora donde terminó el secundario. “Yo quería seguir en la misma escuela en Comodoro. Y terminé en el IMA. En Buenos Aires competía, había un filtro muy grande para llegar a una selección provincial. Aquí despacio se fue armando la Escuela, comenzamos a tener contacto con otros clubes de la provincia. No había una asociación armada, mi papá encontró su rol dirigencial, el quería que Chubut tuviera una asociación. Y que las patinadoras tuvieran las mismas oportunidades que en Buenos Aires, pero en el sur. Así comenzó el camino, viajando a torneos muy chiquitos, en Trelew, en cordillera. Viajamos una vez con el contingente de los Juegos Evita, el deporte no se manejaba como hoy. Éramos la única Escuela de Patín de Comodoro, unas 15 pibas, el empuje de los padres, la profe nos llevaba a competir y nos iba muy bien”.

“Ahí arrancó mi carrera deportiva fuerte en Comodoro. A los 15 años, mi profe me decía de ir a un torneo provincial para ver cómo estábamos, no era ir a ganar. Fuimos era un zonal en Rio Negro, había clasificación al nacional a Buenos Aires. Logramos llegar al Nacional quedé 7º, para lo que era Chubut era un montón. Fue un logro personal, representaba a mi provincia, ya la tomaba como mía y eso era muchísimo. Todo fue llegar a pulmón, sin respaldo de nadie. Y no lo digo por echarlo en cara, solo que era un deporte minoritario, corría el año 2004/2005”, asegura la profesora Tiglio.

De alumna de patín a profesora

Luego de eso la profesora se embarazó y no pudo seguir con las clases en el Club Huergo. Mientras Escuela comenzaba a expandirse. “Yo era la más grande de las patinadoras, mi padre me dijo si no me interesaba dar clases, sino era como que el deporte se iba a morir ahí. No sé si fue como un legado o qué, pero acepté dar clases. La verdad no sabía dónde me metía. Mi papá era el que se peleaba con la gente del municipal para conseguir ayuda. Y la Asociación se conformó en el 2007, antes era una comisión de padres, pero recuerdo que lo acompañaban otros padres en esa pelea con la Dirección de Deportes. Nosotros entrenábamos en el salón dorado, con las columnas en el medio, le poníamos colchonetas para no matarnos cuando hacíamos las coreografías”.

“Hoy eso no se podría hacer, el deporte se manejaba de otra forma, ahora el deporte ha crecido muchísimo. Nadie en su sano juicio permitiría hoy que el patín vaya al salón dorado con 6 columnas en el medio y una tarima. Yo, seguía dando las clases de patín. Me puse a trabajar de administrativa en un comercio una vez que terminé el secundario. No sabía muy bien cuál era mi rumbo, parecía que tampoco quería darme cuenta. Un día “Pajarito” (Rodrigo) Cosignani me dice Anto, porque no probas hacer colonia de vacaciones, algo diferente a dar clases de patín. Con miedo dije que si, entré en colonia de vacaciones y me di cuenta que lo mío era la docencia, la educación física, el deporte social. Me anoté después en el profesorado de educación física haciendo mi carrera en Comodoro”, asegura Antonella Tiglio.

Antonella Tiglio y su recorrido hasta Olas del Sur

“Seguimos en la Escuela 211 en los mismos horarios”

La Escuela Olas del Sur nace como una consecuencia del Club Huergo. “Cuando le cambian el piso, el que tiene ahora Huergo, la Escuela como que se dividió en dos partes. Anduvimos deambulando por otros gimnasios, en Laprida muchos años, luego pasamos al Municipal Nº 2. Un día llega “Pajarito” Cosignani, y me cuenta que le habían ofrecido una Escuela, la Nº 211, para coordinar. Y me dice, quiero que el patín venga conmigo. Ahí nos fuimos con handball y patín, los dos solos y muertos de frío, pero con todo un horario para nosotros. Los horarios los tenemos hasta el día de la fecha. En realidad éramos escuela municipal, pero pensé que teníamos que tener una identidad y nació Olas del Sur”.

“Siempre las instalaciones fueron municipales, pero nunca me interesó lucrar con el deporte. Mi misión es mostrarle a cualquier niño que puede patinar, sin importar el patín que tenga, tampoco importa si cree que no tiene talento. Jamás cobré una cuota por dar clases, prefiero no tener para el colectivo pero no cobrarle a un alumno. Muchos dirán que soy una tonta, pero siento que mi misión es esa y la mantengo”, dice Antonella.

“La referente la construimos entre todos”

Consultada si se cree un poco pionera del deporte del patín en Comodoro, o por lo menos parte de esa historia. La profesora Antonella Tiglio, asegura: “No me la creo nada, ningún poco. Creo que a la referente la construimos entre todos. Sí creo que estuve entre las bases del patín, y que unas compañeras mías eran más chicas y no vivenciaron esas transición. Yo, un día pasé de ser compañera a profe de mis amigas. Nadie me dijo lo que perdería en el camino, tampoco me arrepiento. Hoy, cada año surge una escuelita nueva, entre todas celebramos eso”.

“Hoy tenemos como 7 clubes o escuelas, en un momento éramos solo una. Cada una tiene sus características, una misión diferente, y la gente tiene posibilidades de elegir, entrenar con quien se sienta más contenta. Este año 2020, nos decíamos ponernos a trabajar con la asociación, rearmar la comisión directiva, sumar a otras disciplinas como el slalom y el roller derby. Incluirlos a ellos en la asociación. Hoy tenemos una jueza de Chubut, es la única y es de Comodoro, Gilda Velázquez. Y justo nos agarró la pandemia que nos arruinó”, asegura Tiglio.

Mi papá manejó 2.500 km  y yo patiné solo 1’ 30

El pasado 16 de marzo cuando comenzó la cuarentena el patín se prepara para viajar ese fin de semana a un Nacional. “Como proyecto para este año estaba acomodar todo el papelerío de la Asociación. Se continuará el año que viene, tuvimos reuniones previas.

Desde la Confederación se han dado clases, capacitaciones, es algo positivo que nos deja la pandemia, aprender de otra manera, otras herramientas. Hoy no queda otra que esperar, el 22 de junio estuvimos a punto de comenzar, luego volvimos a fase dos y se nos arruinó todo. Los protocolos están y será cuestión de esperar un poco más. La capacidad la tenemos para llevar adelante un protocolo de Covid-19 que es lo más importante, más allá de la técnica”.

Por último, la profesora Antonella Tiglio rescata como parte muy importante de su vida y en especial en el patín. “El hecho de entrar a una pista y saber que tus padres están ahí afuera, acompañando, es genial. Hoy, a mi mamá le digo tenemos torneo y se viene de Buenos Aires, le encanta el mundo del patín. Se instala acá, ama a mis alumnas y las trata como si fueran sus hijas; en más de una oportunidad se quedaba hasta las 4 de la mañana bordándome el traje y luego a las 7 se despertaba para ir a trabajar. Y de mi papá recuerdo, que cuando no teníamos apoyo, viajaba a un Nacional y él manejaba cerca de 2500 kilómetros para verme patinar 1’ 30”. Pero ese poco tiempo de patinar definió donde estoy hoy en mi vida”, finalizó.

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