El arte del engaño

El arte del engaño

Hacer creer a alguien lo que no es verdad no necesariamente tiene que ser visto como lo incorrecto. A veces, lo que importa es la intencionalidad del que miente. Como por ejemplo este padre que, en su día, recuerda su mejor mentira para ver feliz a su hija.

(Por Facundo Paredes) Cristina fue engañada durante muchos años por su esposo. Ella sabía que él estaba con “otra mujer”, pero no se imaginaba lo que hacía. Veinte años después, el esposo y la “otra mujer” se ríen de aquella complicidad y cuentan cómo fue el plan que diseñaron para que Cristina sea víctima de la mentira.

El esposo de Cristina es Hugo Toty Zappia, el sinónimo de la preparación física de Comodoro Rivadavia. Y la otra mujer es Carolina Zappia, la hija menor de la familia, que juega al fútbol en Deportivo Portugués.

Cuando Toty era el director de El Semillero, la escuela de fútbol masculino del Club Atlético Huracán, llevaba a Carolina a los entrenamientos para que ella lo acompañara. O eso era lo que le decía a su esposa, ya que a Cristina nunca le gustó que Carolina juegue al fútbol.

“Toty hacía su actividad con los chicos y yo agarraba la pelota y me iba a otra parte. Cuando veía que mi papá explicaba algo, me iba a los conitos que usaba para hacer los ejercicios y repetía lo mismo que los chicos”, cuenta Carolina.

El arte del engaño

-Para muchos es raro que una mujer juegue al fútbol. Sin embargo, vos la apoyaste desde el primer minuto.

-Toty: Yo le decía a mi hija: “mientras te vea sonreír con una pelota, yo te llevo a entrenar”. Yo la veía que era feliz y que sonreía, cómo le voy a quitar eso.

-¿Y qué le decías a tu esposa?

T: Que Caro me acompañaba. Nada más -risas-.

-¿Se enteró alguna vez?

-T: Sí, ya se entregó…

-Carolina: Por ahí tenemos discusiones con mi mamá. Por ejemplo, a ella le molesta que yo juegue al futsal en el Gimnasio Municipal Nº3, porque jugamos a la noche y es tarde, o cuando vengo lastimada. Yo me río cuando me dice: “a vos te parece bonito que una mujer esté así, mirá tus piernas”.

Toty y Carolina toman con gracia esa anécdota y, aunque no estén de acuerdo, entienden el pensamiento de Cristina, porque detrás de cada idea existe un contexto.

Así lo describió, por ejemplo, The English Game (Un juego de caballeros), la serie de Netflix que se estrenó en marzo y que cuenta el origen del fútbol. En el primer capítulo Margaret Alma le dice a su pareja: “creo que puedo dar mi opinión”. Arthur Kinnaird, su esposo, le responde: “no creo que entiendas de fútbol”. Kinnaird es el protagonista principal de la serie. Fue director de la Football Association (FA) y, según varios periodistas, la primera estrella que tuvo el deporte que se juega con los pies.

Más allá de que sea una serie y dudemos de su guión, ¿es descabellado pensar que las mujeres no podían opinar ni en las raíces del fútbol? El título habla por sí solo. Por suerte -o mejor dicho, por evolución-, la cabeza del mundo cambia poco a poco y predomina la lucha por la igualdad en todos los ámbitos.

El arte del engaño

Toty es Toty

Nadie lo llama por su nombre, la ciudad lo conoce como Toty. Y no es una exageración. Toty es profesor de educación física y trabajó en Laprida, Próspero Palazzo, Huracán, Jorge Newbery, Petroquímica, Deportivo Portugués, Club Atlético Rada Tilly y Deportivo Roca. Pasó por ocho clubes de fútbol, un tercio de las instituciones que integran la Liga de Fútbol de Comodoro Rivadavia.

Asimismo, fue el preparador físico de Gimnasia y Esgrima en la Liga Nacional de Básquet (1990- 1992). Actualmente, trabaja en las divisiones infantiles de Chenque Rugby Club, con nenes de 7 a 12 años.

El currículum vitae de Toty es extenso (el documento original es un PDF con cinco hojas A4), pero aún le falta agregar que fue un adelantado de la época: nunca criticó y siempre apoyó a las mujeres que juegan al fútbol, la pasión de sus dos hijas, Carolina (27) y Sabrina (32).

-¿Por qué le decís Toty y no papá?

C: Mi papá fue mi profesor de educación física en el Domingo Savio y una vez la directora del colegio me retó porque yo le decía papá. Me dijo que le diga profe Toty. Y ahí quedó…

T: Igual estaba bueno. Nadie sabía que ella era mi hija, porque me decía Toty -risas-.

-¿Sabrina también es futbolera?

T: Olvidate, a las dos les encanta el fútbol.

C: La diferencia es que a Sabri le gusta más el juego y la estrategia. En cambio, a mí me gusta jugarlo. Ella agarró la pelota ahora, conmigo, cuando yo la sumé en los partidos que jugábamos en Buenos Aires con mis amigas. Me acuerdo que le costaba y a mí no, porque yo empecé a patear la pelota a los 7 años. Sabri es defensora y yo soy delantera.

T: Sabrina es más prolija que Carolina. Caro se destaca por la habilidad y velocidad. La otra se defiende mejor.

C: Yo le digo que se parece al “Cata” Díaz.

A ambos les brillan los ojos cuando hablan de fútbol. Hasta tienen la misma risa “pulgosa”. Pero no todo es diversión. Luego de los partidos que juega Carolina para Portugués, Toty, como buen padre y con el ojo de entrenador, le corrige los errores a su hija.

C: ¿Un día sabés lo que hizo? Agarró un papel y empezó a contar, en el medio del partido, todos los pases que mis compañeras me hacían a mí. Me dijo que el equipo jugaba para mí y que, en ese partido, que fue contra Caleta Córdova, me dieron 80 pases. De esos 80, Toty me dijo que en solo 10 pases hice una buena jugada.

T: Agarraban la pelota y se la daban a ella. La mayoría de la veces de esos 80 pases, Carolina decidió mal. Si te hacen 80 pases tenés que ganar el partido. 1 a 1 salieron. Fue un partido horrible.

C: Y cuando juego bien, él me dice que jugué mal. Me tira muy abajo -risas-.

T: Lo que pasa es que le digo que, en algunas ocasiones, en vez de pegarle al arco podría tirar un centro atrás y es gol. Yo le digo que deje de vender humo, porque a veces se pone a tirar jueguitos.

C: A mí me gusta tirar jugadas de sombreros y todas esas cosas.

T: Es biri biri, está con la pelotita así, gira, la pone acá, la pone allá, la pone en la cabeza y después le erra. Tiene que practicar los pases y cómo patear al arco. Muy vende humo.

Dos pares de botines Nike y una camiseta de Boca Juniors. Esa es la imagen que tiene Toty en su perfil de WhatsApp. Hace seis años que usa la misma foto ¿Por qué? Porque son los primeros botines de Carolina. Se los compró en Buenos Aires, cuando estudiaba Recursos Humanos, carrera en la que se recibió.

C: Yo estaba loca con los Tiempo (modelo de botines), por eso le mandé la foto.

T: No la saqué nunca, me puse re feliz. Al fin se había comprados unos botines.

Carolina atravesó un período sin fútbol. Varios momentos la obligaron a que pare, momentáneamente, la pelota. El primero fue una oportunidad única e irrepetible.

Dante Mírcoli, multicampeón con Independiente (Nacional 1967, Metropolitanos 1970 y 1971, y Copa Libertadores 1972), la vio a Carolina en el patio de su casa del barrio Pueyrredón haciendo jueguitos y la quiso incorporar al “Rojo” de Avellaneda. Carolina tenía 14 años. Lo recuerda perfectamente.

“Fue en el 2007. El ‘Tano’ (Mírcoli) dirigía a Estrella Norte de Caleta Olivia, por eso estaba acá, en la zona. Ese día me puse mal, no paraba de llorar. Yo quería ser jugadora de fútbol. Ni siquiera me imporataba terminar el colegio. Mi mamá me dijo que tenía que terminar el secundario y estudiar una carrera. Yo le decía que amo el fútbol y quería dedicarme solo a eso. Y que mi mamá me haya dicho que no me vaya a Buenos Aires… tampoco mucha decisión podía tomar, porque solo tenía 14 años. Mírcoli me quería llevar, podía terminar el colegio allá y tenía residencia”, cuenta, detalladamente, Carolina, como si hubiese sido ayer.

El arte del engaño

“Si le cuesta hasta a un papá con un varón, imaginate con una nena. No, no, no. Encima no existía el fútbol femenino en esos tiempos”, agrega Toty.

El segundo golpe para la actual delantera del “Lusitano” fue el bullying que sufrió en el colegio salesiano Domingo Savio por ser la única mujer que jugaba al fútbol.

Y, el tercero, el disgusto de su mamá por la práctica de la actividad.

“Me retaba cada vez que jugaba a la pelota, me decía que era un deporte de hombres y que haga uno de mujer. Jugué al hockey en Chenque, pero duré un año porque no me gustaba, aunque me destacaba por la velocidad”, argumenta Carolina.

Sin embargo, luego de cuatro años, descubrió otro mundo: el avance del fútbol femenino en Buenos Aires. “Lo primero que hice fue buscar una escuela para seguir aprendiendo, sentía que, como había dejado de jugar, estaba dura. Encontré varias escuelas de fútbol femenino. Habían tres muy importantes en Capital Federal.

De Taquito se llamaba la que me quedaba más cerca, era como un semillero. El director técnico se ocupaba de llevar a las jugadoras a distintos clubes. Era fútbol 7, no 11 como acá. Pagabas una cuota y te daban indumentaria, era genial. Entrenábamos todos los días, te enseñaban a patear y a parar la pelota, y nos dividían por edad. Ahí conocí a las chicas que se convirtieron en mis mejores amigas. Con ese grupo participamos de torneos de verano en Mar del Plata y Miramar y salimos campeonas”, cuenta la futbolista. Cuando Carolina relata cómo fue el reencuentro con una cancha, Toty se calla y escucha, sin antes preguntar cómo era el estilo de juego que se desarrollaba en Buenos Aires.

C: Es distinto. Es un fútbol más limpio, te dejan jugar. Allá no se puede barrer (tirarse al suelo para quitarle la pelota a la rival) y barrer es lo que más me gusta. Me destacaba porque jugué desde chica y se notaba la diferencia a la hora de marcar… “Toty”: Potrero… C: de presionar… T: Potrero. C: Los hombres, acá en la cancha del barrio, donde ahora está la escuela Adventista, se olvidaban de que yo era mujer. Por ahí mis amigos veían que me pegaban y me defendían.

Les decían a los otros, del equipo contrario, que se calmen porque yo era una mujer. Y ellos decían que no parecía -risas- T: Ibas al hueso. Mirá vos lo que me vengo a enterar… claro, eras una nena -más risas-.

Toty dejó el fútbol hace cuatro años, pero declara que tiene ganas de volver, aunque ahora está comprometido y muy cómodo en El Trébol. En esta cuarentena obligatoria para evitar la propagación del coronavirus, Toty siguió ejerciendo su profesión con Carolina. Le armó una rutina de entrenamiento para que su hija menor gane más músculos, debido a que Carolina es una mujer muy flaca y débil a la hora de chocar con las rivales del fútbol comodorense.

-¿Miran fútbol?

-C: Sí, siempre. Miramos mucho fútbol argentino. Igual a mí me gusta mirarlo más con Sabri. Él mira más el ascenso.

T: El ascenso es otro fútbol. Capaz que el partido se define en el minuto cuarenta y siete…

C: Yo no miro el ascenso. Él igual ve el fútbol de otra manera. A mí no me importa si Boca juega bien o mal. Aguante Boca le digo. En cambio él siempre se queja de cómo jugaron tal partido. A veces Toty se pone a mirar a River y yo le pregunto: ¿qué onda? ¿sos gallina?

T: -risas- Hay que analizar el partido. Yo cuando veo a River se me enoja, se pasa…

-¿Osea que la final de la Copa Libertadores que se jugó en Madrid no la miraron juntos?

-T: No, no, no. Ella lo fue a mirar a otro lado.

-C: Me fui a la casa de un amigo, porque Toty decía a cada rato que iba a ganar River. Ya me había cansado, estaba re caliente.

-¿Cómo lo describirías a Toty?

-C: Una basura… (risas). La verdad es que un buen padre y también un buen compañero. A pesar de todos los obstáculos en el fútbol, él siempre me bancó y me sigue bancando hoy con 27 años. Él sabe todo lo que implica que una mujer juegue al fútbol, supongo que a lo largo de todo este camino se bancó las críticas que recibió por su hija. Por eso admiro su pasión por el deporte y le agradezco que me lo haya transmitido. Quiero seguir sus pasos, porque me estoy capacitando en esto, y poder ayudar a otros chicos y chicas.

Roberto Perfumo, el mariscal del fútbol argentino, dijo que el fútbol es el arte del engaño. Toty lo entendió a la perfección y lo llevó a la práctica. ¿Quién iba a pensar que por una mentira que dijo hace 20 años, hoy pueda disfrutar una verdadera conexión con sus hijas?

Laprida del Oeste, el inicio de todo

“Toty” Zappia transitó por varios clubes de Comodoro Rivadavia, pero no duda a la hora de elegir un maestro y una institución. ¿El maestro? “Taso” Nicolau, quien lo ayudó en Petroquímica a realizar su tesis para la especialización de trabajos físicos con los niños. Laprida del Oeste fue su primer trabajo en un equipo de fútbol y lo que aprendió en el “Far West” no se lo olvidará jamás. “Me abrieron el camino para que pueda transitar mi profesión. Eran todos jugadores del barrio, pero tenían un plus por ser hinchas de Laprida. La mayoría trabajaba en el petróleo, donde hacían un desgaste importante. Sin embargo, cuando llegaba la hora de entrenar, dejaban todo en la cancha”, expresa Toty.

Comentar
- Publicidad -