Cómo hablar con los niños acerca de la muerte

Cómo hablar con los niños acerca de la muerte

Solemos pensar que es necesario proteger a los niños del dolor y ante la muerte de un ser querido recurrimos a eufemismos como “se fue al cielo”, “ahora está en una estrellita”.

Lo cierto es que nadie sabe lo que ocurre cuando morimos y nos resulta difícil enfrentar nuestros límites humanos; “no lo sabemos todo, hay preguntas para las que no tenemos respuesta”.

No hay nada más perjudicial que la ambigüedad y el ocultamiento y los niños tienen derecho a vivir los hechos de la vida, a sentir, despedirse y participar de los rituales. No conocemos el “después”, pero ya no lo veremos y no va a volver. Cualquier realidad es mejor que el engaño, será doloroso y lloraremos pero es parte de la vida.

Si un niño pregunta es porque está preparado para escuchar la respuesta, es porque quiere saber y son los padres quienes deberían satisfacer su curiosidad. Lo que no puede ser nombrado no puede ser pensado ni digerido y esto hace más daño que la verdad.

Un niño necesita tener claro que la muerte es una situación definitiva, que de la muerte no se vuelve, que es doloroso, que extrañaremos y que hará falta llorar muchas veces porque es el modo de despedirnos, pero que al final aceptaremos la ausencia y recordaremos al que se ha ido con todo el amor que le tuvimos y nos tuvo.

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Igualmente debe quedar claro que la muerte es universal y que todos moriremos, aunque falte mucho tiempo para que esto ocurra. Que no es culpa de nadie, ni castigo, sino parte de la vida. Morimos por diversas causas, no siempre por enfermedad y estar enfermo no siempre conduce a la muerte.

Es necesario que los sentimientos, por más dolorosos que sean, se “ventilen”, se expresen y el mejor modo de que el niño lo comprenda es permitiéndonos nosotros mostrar nuestro dolor y hasta nuestro enojo frente a la partida. Si los padres “habilitan” estas expresiones, van a resultar naturales también para el niño, quien se permitirá expresar sus sentimientos y preguntas con libertad.

Dejemos de lado la idea de “tengo que mostrarme fuerte, que no me vean llorar porque se puede asustar o sentirse mal”. Es todo lo contrario, mostrar lo que sentimos es fortaleza, debilidad es ocultarlos por temor a la reacción de otros. El mensaje que enviamos con esta actitud es “tenés que mostrarte siempre fuerte, no podés venirte abajo”. Los sentimientos que no se pueden mostrar se estancan y más adelante dan lugar a síntomas.

Dibujar, llorar, hablar, jugar lo ocurrido, son expresiones saludables que permiten que el duelo se desarrolle y transcurra con naturalidad. Recordar al fallecido, relatar anécdotas, contar historias, responder las preguntas que los chicos traigan sobre la vida y obras del que se fue, es tan necesario como saludable y ayuda a asimilar el dolor.

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En un momento como el que todos estamos viviendo con la pandemia, es importante saber cómo hablarle a nuestros hijos si alguien cercano o conocido se viera  afectado por el virus.

Por la Licenciada Diana Beatriz Ponce

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