La pelota siempre al Diez

La pelota siempre al Diez
Osvaldo Santana, es todo un referente del Club Jorge Newbery.

Osvaldo Santana no nació en Comodoro, pero representa mucho en la historia de Jorge Newbery, uno de los clubes más populares de nuestra ciudad. Mendocino de Las Heras, Osvaldo llegó al sur en 1982 para ser uno de los refuerzos del Lobo para un torneo Regional.

“Los primeros días me preguntaba qué hacía en una ciudad tan al sur y con tanto frío. Ahora cada vez que me voy por trabajo o vacaciones, extraño esta tierra”.

Las 35 horas de viaje desde Mendoza se hicieron interminables. La guerra de Malvinas aún estaba fresca en el sur argentino y en ese contexto, Osvaldo Santana llegó a nuestra ciudad. Era septiembre, pero hacía mucho frío. Bajó del colectivo y el aire sureño bien fresco le impactó en el rostro. Entrecerró los ojos pero ya estaba en el baile y había que bailar.

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Uno de los recordados equipo de Jorge Newbery, donde Santana ya era capitán.

Osvaldo Santana es uno de los emblemas del fútbol comodorense. Es como mencionar al “Papa” Alvarez en Huracán, “Bamby” Martínez en Palazzo, Delio Carrizo en Petroquímica, “Pupo” Agüero en Ferro, Carlos Amado en la C.A.I., etc.

Se ganó el lugar adentro de la cancha, por esa marca distintiva que lo diferenciaba de muchos. Desde el primer partido en el Torneo Regional en 1983, se adueñó del interés del hincha “aeronauta”. “Debutamos contra un equipo de Las Heras, de Santa Cruz, estaba en el banco de suplentes. El técnico era “Coco” Bersán y el partido estaba 0-0 cuando faltaban 30 minutos. Entro y me toca hacer tres goles, fue el inicio del cariño de la gente”.

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Santana también estuvo integrando el plantel de Maxi Masters del “Lobo”, junto a varios ex compañeros.

El arribo de Osvaldo Santana a Comodoro tuvo una historia particular. “Llegué en septiembre de 1982, apenas había escuchado de la ciudad porque con la Guerra de Malvinas, Comodoro era un lugar que se repetía en los noticieros. Cuando llegué hacía un frío tremendo.

El viaje fue larguísimo y cuanto más duraba, más frío hacía. Cuando bajé del micro, lo primero que pensé es ¿qué hago acá?. Tenía ganas de volverme. Hoy agradezco mucho no haberme ido. Comodoro es mi ciudad, acá nacieron mis hijos, hice mi vida, me dio trabajo, amigos, todo lo que se puede pedir”.

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Llegó a Newbery desde Mendoza a través de la gestión de dos periodistas deportivos, Ramón Rosa Saldaño y Braulio Ruiz. “Don Braulio fue dirigente y también hincha del club, él hizo las gestiones con Ramón Saldaño.

Yo estaba en campamentos de YPF en Mendoza, jugaba fútbol medio intermitente, después de haber pasado por las inferiores de Gimnasia de Mendoza y Godoy Cruz. Me habían prometido algo en Godoy Cruz, no cumplieron y no fui a jugar más. Conseguí un trabajo en Malargüe, en el Petróleo y empecé a jugar la liga local con Deportivo YPF. Ahí conozco a Saldaño que me pregunta si me gustaría jugar en Comodoro. Acepté, lo tomé casi como una aventura y al final fue la decisión más importante de mi vida”.

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Osvaldo Santana llegó de Mendoza para reforzar al “aeronauta” en el Torneo Regional en 1983.

Era 1983 y Newbery debía jugar el Regional de ese año. “Siempre pasó aquello de la adaptación de los que llegaban de afuera. Era difícil porque éramos bien rentados, mientras que otros muchachos lo hacían por una cuestión más de hobby pero con un sentido profesional muy fuerte. Me ayudó mucho en la adaptación un tipo muy bueno conmigo como el “Pica” Miranda. Junto a “Pimpino” Henríquez me ayudaron mucho para integrarme.

Después, por mi personalidad, me fui haciendo de muchos amigos, compañeros de la cancha pasaron a ser parte familiar en mi vida. Es enorme la cantidad de amigos que tengo gracias al fútbol”.

Ya cerquita de las seis décadas, Santana sigue con la casaca del Lobo en el pecho. Juega en los Veteranos, en Maxi Masters. “Es un encuentro que ahora perdimos por esto del Coronavirus, pero ya vamos a volver a juntarnos.

Obvio que se extraña mucho porque es jugar siempre con los amigos de la vida, con los que luchaste por una camiseta en varias ciudades. Es repasar la vida deportiva cada fin de semana y ni te cuento cuando te encontrás con otro muchacho de aquella época”.

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Además de Jorge Newbery también jugó en Huracán, Petroquímica y Talleres Juniors en nuestra ciudad. Fue refuerzo en torneos Regionales de Estrella Norte de Caleta Olivia y Germinal de Rawson, pero su corazón siempre fue “aeronauta”. “Es lo que siento, soy de Newbery hasta el final. Mis hijos también sienten como yo y eso hace más fuerte este amor incondicional por estos colores que llevo en el alma”.

“La pelota me dejó conocer gente tremenda”

Osvaldo no olvida un punto neurálgico de aquellos tiempos. Porque llegar a una ciudad desconocida requiere de respaldo para la adaptación.

_ “Lalo Uribe fue una persona muy especial para mí y para muchos de los que jugábamos al fútbol en todos los clubes de la ciudad. Te ayudaba en todo, te curaba de lesiones, te aconsejaba. Si no tenías para comer te ponía un plato en la mesa. Hasta prestaba plata a quienes lo necesitaban. Un ser muy especial para todos. Y no hablo sólo de la gente de Jorge Newbery, club con el que estaba más cerca, sino de todos los clubes. Ni hablar del futbol de salón. Un tipo impresionante, jamás ví a otro igual”.

_ “Era llegar a su consultorio y encontrar a toda la gente del futbol, pero no sólo de los que se iban a atender por alguna lesión, sino que era una concentración de jugadores. Tomar mates y charlar, así ocupábamos el tiempo”.

_ “Contábamos cosas que había pasado cada fin de semana. ‘Lalo’ sabía no sólo de la vida adentro de la cancha, era el psicólogo que toda persona necesitaba en momentos bravos de la vida personal. Un gran recuerdo del Gordito Uribe”.

_ “Hice amigos en todos los clubes. Muchos de los que enfrentaba en Huracán son amigos. Y así con varios muchachos de clubes rivales. El fútbol lo vivíamos de otra manera. Jugábamos con el alma, pero afuera de la cancha teníamos una relación bárbara”.

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