Las ballenas francas del Norte están al borde de la extinción

Las ballenas francas del Norte están al borde de la extinción

Un estudio revela que las ballenas francas del Atlántico Norte se encuentran en peor estado corporal que las del Hemisferio Sur. El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) difundió una investigación realizada por un equipo internacional de científicos que revela que el estado corporal de las ballenas francas del Atlántico Norte, en peligro de extinción, es inferior al de las ballenas francas australes de la Argentina, Australia y Nueva Zelanda.

Los alarmantes resultados de esta investigación, liderada por el Dr. Fredrik Christiansen de la Universidad Aarhus de Dinamarca, fueron publicados en la revista especializada Marine Ecology Progress Series. Este estudio se llevó adelante a través de un trabajo colaborativo entre 18 investigadores de 12 instituciones en cinco países. Entre los coautores de esta publicación se encuentran el argentino Dr. Mariano Sironi director Científico del ICB y la Médica Veterinaria Marcela Uhart de la Universidad de California, Davis, ambos co-directores del Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral en la Argentina.

Para cuantificar cuán “delgadas y poco saludables” están las ballenas francas, el Dr. Christiansen y el equipo internacional de científicos, investigaron la condición corporal de las ballenas francas del Atlántico Norte (Eubalaena glacialis) y la compararon con individuos de tres poblaciones de ballenas francas australes (Eubalaena australis) en la Argentina, Australia y Nueva Zelanda, que están en aumento.

El Dr. Christiansen, autor principal del estudio, explicó que “la buena condición corporal y abundantes reservas de grasa son cruciales para la reproducción de las grandes ballenas, incluyendo las ballenas francas, ya que dependen de estas reservas de energía durante la época de cría, cuando se encuentran principalmente en ayunas. Las reservas de grasa son especialmente importantes para las madres, que necesitan esa energía extra para sostener el crecimiento de sus crías durante la lactancia”. Este estudio representa la evaluación de la condición corporal de ballenas más completa del mundo y pudo realizarse gracias a la colaboración científica internacional.

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Para su realización se usaron drones y un método llamado fotogrametría aérea para medir el largo y el ancho corporal de individuos de ballena franca en las cuatro regiones del mundo. A partir de las fotografías aéreas se estimó el volumen de las ballenas, del cual luego se derivó un índice de condición corporal o “gordura” relativa. Los registros de las ballenas francas en la Argentina fueron realizados por el equipo del ICB y el Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca en Península Valdés.

Los análisis demostraron que las ballenas francas del Atlántico Norte, incluyendo juveniles, adultos no reproductores y madres, se encuentran en una condición corporal mucho peor que las ballenas de las tres poblaciones del hemisferio Sur en la Argentina, Australia y Nueva Zelanda. Este hallazgo es muy preocupante y explica por qué muchas ballenas francas del Atlántico Norte están muriendo y no están teniendo suficientes crías para permitir la recuperación de la población. El mal estado corporal también podría afectar el crecimiento de los individuos y retrasar la madurez sexual de los juveniles.

Las ballenas francas del Norte están al borde de la extinción

Cómo salvarlas?

Además, en la última década la abundancia y distribución del krill y los copépodos, sus principales presas, han cambiado drásticamente, dejando a las ballenas del Atlántico Norte con escaso alimento. Como consecuencia, las ballenas hembras están delgadas y poco saludables y tienen menos crías, lo cual a su vez contribuye a la declinación de esta especie.

La mayoría de las poblaciones de ballenas francas australes se han recuperado, desde que se prohibió su cacería comercial el siglo pasado. Actualmente, se estima que hay entre 10.000 y 15.000 ballenas francas en el Hemisferio Sur. Lamentablemente, no ocurre lo mismo con las ballenas francas del Atlántico Norte, que se distribuyen principalmente en la costa este de América del norte. Sólo quedan unos 410 individuos, y la especie está al borde de la extinción.

El motivo de esta alarmante declinación poblacional en el Norte es el gran número de ballenas que mueren cada año por colisiones con barcos y por enmallamientos en artes de pesca. A esto se suma que muchas de las ballenas que se enmallan no mueren enseguida, sino que arrastran las artes de pesca durante meses, gastando enormes cantidades de energía y debilitándose progresivamente.

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El Dr. Michael Moore de Woods Hole Oceanographic Institution y coautor del trabajo, alerta que para revertir estos efectos, se debe “reducir la velocidad del tráfico marítimo y redireccionarlo fuera del hábitat de las ballenas francas, utilizar artes de pesca sin anclajes fijos, y minimizar la contaminación sonora en el mar”. El Dr. Mariano Sironi sostiene que las ballenas francas son una especie centinela de la salud de los océanos.

“Los resultados de esta investigación nos están alertando, y el mensaje es fuerte: el mar que alguna vez fue un hogar seguro para las ballenas, hoy es una amenaza. Debemos actuar ahora para proteger su hogar, el hogar de todos”. “Tenemos la tranquilidad de que las ballenas francas australes se encuentran muy bien. Por ello debemos continuar protegiéndolas y aprendiendo de estas poblaciones saludables, generando conocimiento que permita aportar a la recuperación de sus parientes del hemisferio Norte. Es muy gratificante ver que los científicos del mundo se han reunido para propulsar urgentes acciones de conservación. La apremiante situación de la ballena franca del Atlántico Norte es un gran llamado de atención para todos” sostuvo la Dra. Marcela Uhart.

En Chubut: El componente argentino de esta investigación fue realizado en Península Valdés, contando con permisos de la Dirección de Fauna y Flora Silvestre y de la Subsecretaría de Conservación y Áreas Protegidas de Chubut. Este proyecto colaborativo entre investigadores, además de contribuir al conocimiento para proteger a una especie en peligro de extinción, demuestra que es posible estudiarlas a partir de técnicas no invasivas utilizando las nuevas tecnologías disponibles.

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