“Hay que hackear el sistema educativo”

(Por Juan Carlos Guazzone) La cuarentena obligó a las escuelas a cambiar del aula presencial al aula virtual de un día para el otro ¿Cambiará el sistema educativo después de la pandemia? Laura Lewin, consultora de las más importantes instituciones educativas del país, analiza los desafíos que atraviesa la escuela hoy.

-¿Cómo ves la manera en que se dio esta transición del aula presencial al virtual? ¿Te sorprendió?

-A mí me da pena, me hubiese encantado que todo esto se diera de una forma más estructurada y planificada, porque no se puede pasar de la noche a la mañana sin pasar por el amanecer. Se dio de una manera rápida y eso nos obligó a dar una respuesta a esta situación.

Pero creo que ahora es momento de emprolijar, de buscar una mirada pedagógica. A veces en la vida necesitamos que las cosas se den así, ahora el desafío es no volver atrás. Por ejemplo, si antes en el aula a los chicos de primaria le dábamos un esqueleto para que saquen una flecha y pongan el nombre del hueso correspondiente, ahora, sabiendo que hay aplicaciones que te muestran un cuerpo humano en 3D, no podemos volver atrás. Entonces, esas son las cosas que debemos empezar a rescatar de todo esto.

-¿Qué tan lejos estamos de generar ese emprolijamiento?

-Hoy vamos del cien por ciento presencial al cien por ciento virtual, que nos obliga la pandemia. Falta pararnos en un punto medio, que combine lo presencial con lo virtual. Creo que el que mejor pueda capitalizar toda esta instancia estará en mejor condiciones de hacerlo.

Pero el primer error es pensar que el aula tradicional se puede llevar a una pantalla. Por eso debemos tratar de evitar en esta enseñanza virtual es evitar la unidireccionalidad, es decir, que el docente mande un contenido, actividad o una consigna, porque esto no hace que el alumno construya aprendizaje, lo que queremos es una bidireccionalidad, en donde el docente trabaja con el alumno y el alumno con el docente. Y desde ahí generar la multidireccionalidad logrando la interacción entre todos los alumnos.

Eso es una de las cosas más importantes que debemos tener en cuenta a la hora de trabajar en el aula virtual. Una clase presencial no es una clase virtual a través de una pantalla, buscamos el diálogo, el vernos cara a cara, el intercambio y ese es uno de los pasos que a los docentes más les está costando.

-¿Quedarán aprendizajes cuando se vuelva al aula?

-Creo que hay muchos que van a capitalizar estos recursos que aprendieron ya que vieron buenos resultados y otros volverán a su zona de confort. Ahí dependemos de buenos directivos que puedan hacer una epopeya con todo esto y puedan seguir entusiasmando a los docentes a trabajar en el contexto que les toca vivir y adaptar la forma de enseñanza a los nuevos tiempos. Esta crisis desnuda nuestra alma, debemos cambiar la mirada que existe sobre la educación.

El sistema quiere que apruebes, los alumnos quieren aprobar, lo padres y docentes también lo quieren, y ¿dónde quedó el aprender? El coronavirus nos da esta posibilidad de volver a la aventura del saber, de brindarle autonomía a los jóvenes para aprender y que vean a la educación con nuevos ojos.

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-A la hora de generar este proceso de enseñanza que mencionás ¿Tiene el docente libertad para hacerlo o el mismo sistema impide lograrlo?

-Ese es un gran problema, hay directivos que le piden a los docentes que les enseñen a pensar a los alumnos, pero no los deja pensar a ellos. El sistema educativo en Argentina es muy verticalista y eso hace que dependamos de los altos mandos. Por eso es importante que el docente siga aprendiendo y se siga empoderando para que sea quien tome las mejores decisiones para sus alumnos

-¿Qué lugar le das a los padres en este proceso?

-Creo que cada uno debe saber el lugar que ocupa. El padre no puede ocupar el lugar del docente, pero sí lo puede acompañar como un socio, siendo un guía que está disponible en caso de existir dudas y demás. Pero no respirándole en la nuca, hay que darle a los jóvenes el espacio para que cometan errores, que se sientan libres y puedan desplegar todo su potencial creativo.

-¿Qué tan lejos estamos de poder generar una transformación del sistema educativo?

-Cuando hablamos de transformar la educación ¿de qué hablamos? De trabajar en distintos espacios de intervención, desde el clima en la escuela, el clima en el aula, de la autoestima de los alumnos y que no se interfiera con el aprendizaje de los compañeros. Es decir, punto uno: hay que generar aulas sanas, un lugar donde se naturalice y desdramatice el cometer errores, entendiendo que cometer errores es parte del proceso de aprendizaje.

Punto dos: para que esta transformación suceda debemos entender cómo es el alumno de hoy, entender los múltiples estímulos como las redes sociales, la televisión, Netflix, que hacen que se imposibilite el hecho de que puedan estar cuatro horas escuchando a un docente de forma pasiva. Por eso hay que entender cómo aprenden.

Punto tres: hay que entender cómo es el docente de este siglo, son profesionales que deben haber incorporado el uso de la tecnología en el aula y que sepa cómo pasar de lo digital a lo presencial de forma aceitada, que tiene que tener recursos y que pueda correrse del centro de la escena para que el alumno se coloque en ese lugar. Es decir, hay un montón de espacios de intervención que vienen a un primerísimo plano cuando pensamos en transformar la educación.

¿Y qué pensás de la forma en que se enseña?

-Lo que hay que cambiar urgente es lo del concepto de clase magistral, en donde un docente se para en el aula y le manda información a los alumnos. Es mucho más útil trabajar con aprendizajes activos, en donde el alumno va autogestionando su propio aprendizaje, pudiendo elegir, tomar decisiones y tener mayor responsabilidad sobre lo aprendido. Esto de, tal vez, poder ver un video en casa, que el docente asigne una actividad con algún dispositivo móvil, que las clases sean de impacto de 30 minutos para corroborar el entendimiento de la actividad. De ahí se puede trabajar en estaciones, dividir en grupos, en donde uno trabaje en la realización de maquetas, otro grupo puede investigar y el otro realizar podcast.

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Después de eso se puede trabajar en un proyecto individual, en donde cada alumno elija algún punto para desarrollar dentro del proyecto que esta trabajando y cuente con el seguimiento continuo de un tutor o del docente. Y, luego, una evaluación en donde se integre todo lo aprendido. Por último, complementarlo con un portfolio digital que las empresas puedan consultar a la hora de buscar colaboradores para su primer trabajo. Es decir una cosa más virtual, en donde se ponga al alumno en el centro la escena y no estar parados frente al pizarrón, como si educar fuese dar información a los chicos y llenar un jarro.

-En su último informe, el Foro Económico Mundial proyectó que el 65% de los trabajos que tendrán los más jóvenes en el futuro, todavía no existen y que esta reinvención del mercado exige en los jóvenes competencias como la creatividad y el pensamiento crítico ¿Qué pensás de esto?

-Creo que es un buen momento para que el docente se de cuenta que ya manejar conocimiento no te hace inteligente, porque el conocimiento lo tenés a un click de distancia en la computadora o en el celular. Entonces más que conocimiento a los jóvenes hay que darles habilidades para que sepan qué hacer con ese conocimiento. Cuando mi hija de diez años crezca, yo no quiero que sepa qué hacer, sino que piense qué hacer; entonces enseñarle a pensar a los chicos es unas de las habilidades más importantes que se deben enseñar.

El problema es que muchas escuelas aún no enseñan a pensar, sino que les enseñan a no pensar, educando a través de preguntas fácticas (de una sola respuesta), que solo se basan en recordar datos. Más que respuestas para memorizar, debemos dar situaciones para resolver y ahí es donde se va a generar el aprendizaje y se van a ir desarrollando sus capacidades críticas: la cooperación, la empa- tía, la flexibilidad. Es decir, debemos empezar a trabajar por habilidades, porque no sabemos cuáles van a ser las demandas del mercado laboral de acá a diez años o cuáles van a ser las carreras populares.

Seguir enseñando contenido puede llevar a seguir incorporando contenido y llevarlos a un mundo donde no los van a necesitar. Hoy vemos cómo te puede cambiar la vida en un día. Por eso debemos poner el foco en el aprendizaje por habilidades, evaluar que los chicos piensan , comprenden y pueden crear. El alumno de hoy es una persona prosumidora, alguien que además de consumir, produce contenido. Permitámosle desarrollar y crear todo esto que están aprendiendo.

-¿Cómo se hace todo esto en un ámbito tan vertical como la escuela?

– Para que todo esto ocurra es fundamental que se pueda hackear el sistema educativo desafiarlo. Tenemos un sistema arbitrario, fuera de tiempo y espacio. Los docentes y directivos deben hacer lo que sienten que es mejor para que ese aprendizaje se genere.

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