Psicoanálisis vs. otras terapias psicológicas

Ante tantas líneas teóricas que hoy pululan por el ámbito psi, me parece necesario aclarar qué diferencia al psicoanálisis de otras corrientes.

Por años se diferenció a la “psicología profunda” de otras líneas y solíamos explicar que no es lo mismo renovar la pintura que cambiar las cañerías, aludiendo a que lo rápido no es necesariamente lo mejor y que para lograr cambios profundos hace falta tiempo y esfuerzo.

El gran descubrimiento de Freud fue la existencia de un psiquismo inconsciente. Esta idea fue en un principio muy rechazada por tratarse de una herida a nuestro narcisismo: hay mucho de nosotros mismos que no conocemos, la conciencia es solo una pequeña parte de lo psíquico y nuestra memoria está plagada de lagunas. Estas lagunas se producen porque existen recuerdos dolorosos y sentimientos desagradables que reprimimos porque no nos gusta encontrarnos con ellos. No nos gusta por ej. vernos vengativos, rencorosos, manipuladores, egoístas, resentidos… humanos. Nuestra moral encuentra que estos sentimientos son rechazables y entonces los hunde, los reprime. Así se va creando un “otro yo” al que desconocemos como propio, un yo inconsciente.

Sin embargo estos deseos y sentimientos no se han borrado (nada se borra totalmente en lo psíquico), solo están hundidos y siempre pulsan por salir. Al no permitírselo, se muestran deformados y se nos presentan como síntomas. Por ej. angustia, pánico, dolores físicos, síntomas somáticos.

El psicoanalista está entrenado para leer el inconsciente y guiar al paciente en la tarea de levantar las represiones y encontrarse con eso rechazado, único camino para liberarse de los síntomas. El trabajo del paciente es tenderse en el diván y “asociar libremente”. La asociación libre es la técnica que utilizamos y que consiste en hablar de lo que le surja sin elegir un tema sino sintiéndose libre para hablar de todo, aunque le parezca impropio, inadecuado o desagradable.

El uso del diván favorece esa entrega a “dejarse fluir”, sin controlar lo que el inconsciente quiere hablar.

El psicoanalista no da tareas porque no trabaja con la voluntad conciente, entendiendo que un síntoma no se puede manejar con la voluntad y que la cura pasa por “hacer consciente lo inconsciente”, enfrentar lo que, por morales, ocultamos y darnos la oportunidad de aceptarnos con lo malo y lo bueno que todos tenemos, liberándonos de culpas.

No somos responsables de lo que sentimos, solo de lo que hacemos con lo que sentimos. No es igual “tener ganas de matar a alguien” que ejecutarlo. A veces somos jueces demasiado severos con nosotros mismos, y otras somos demasiado tolerantes con nuestros defectos.

El término medio pasa por aceptarnos como humanos, con defectos y virtudes y no temer encontarnos con el lado oscuro, que todos tenemos.

Lic. Diana Ponce

MP 0040

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