Chelo Rodríguez, el investigador de las olas

Chelo Rodríguez, el investigador de las olas

Nació en una ciudad sin playa, pero es el mejor amigo de las toninas y de los lobos marinos chubutenses. Su curiosidad lo llevó a surfear y también a documentar. Una verdadera historia bajo cero.

“Una Ola” se llama el challenge de los surfistas en tiempos de aislamiento por el coronavirus. Se trata de publicar un video barrenando en las historias de Instagram y, luego, nominar a tus amigos para que ellos continúen con el desafío viral. Algo así como el reto futbolero que consta de hacer diez jueguitos con un papel higiénico en el que participó Messi, Sergio Ramos, Roberto Carlos y Francesco Totti.

El presidente Alberto Fernández declaró en la noche del jueves la cuarentena total hasta el 31 de marzo para evitar la propagación de la pandemia mundial. Por ende, el ser humano, quien se encuentra en el ojo de la tormenta, se las ingenió -y se las ingenia- para pasar el rato dentro de su casa: entretenimiento en las redes sociales, lecturas, videojuegos, ejercicios físicos, YouTube o Netflix.

Chelo Rodríguez, el investigador de las olas

“No sé qué hacer ya. Hace tres días que estoy encerrado en mi casa entrenando y trabajando en la medida que se pueda avanzar, pero es complejo el tema”, cuenta Marcelo Rodríguez. “Chelo”, como la mayoría le dice, volvió hace poco a Mar del Plata y, por fortuna, regresó antes de que el COVID-19 sea un real peligro en Argentina.

Uruguay, Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, República Dominica, Guatemala, Puerto Rico, México, Estados Unidos, España, Francia, Inglaterra, Portugal, China e Indonesia son algunos de los países donde surfeó. Lo curioso, es que el referente del surf chubutense nació en una ciudad sin mar y comenzó en la disciplina porque en un verano vio unos chicos arriba de la tabla, por eso, viajó 30 kilómetros constantemente por ruta 7 y 25 para dominar el océano con sus pies.

¿Cuáles fueron tus primeras olas?

Yo soy de Trelew, pero mis inicios fueron en Playa Unión, bastante antes de que se construyan las últimas dos escolleras, que permitieron que el puerto sea más grande y puedan entrar barcos más grandes. Surfeábamos al costado de la antigua escollerita, era chiquita, al lado del Río Chubut. Ahí había excelentes olas, rompían todos los días. De hecho, las condiciones de Playa, en ese momento, eran muchos mejores que ahora. Arranqué a los 12 años de la mano de Juan Cañadas, quien tenía la primera escuela de surf de la Patagonia. Después fui avanzando en el deporte y empecé a competir en Mar del Plata.

¿Cuándo pasó a ser tu estilo de vida?

Me fui transformando en un surfista profesional cuando terminé la carrera. Soy periodista deportivo. Luego de los estudios, decidí dedicarme 100% al surf y poco a poco fui consiguiendo sponsors, mejorando mis contratos y meterme de lleno a la competencia. Hice el circuito latinoamericano y mundial un montón de tiempo, en ese momento las condiciones del país eran otras y creo que me ayudó un montón, no sólo a mí, sino a todos los surfistas de tener una carrera deportiva. Encima, en esa época, el circuito latinoamericano estaba en su esplendor.

¿Ejerciste la profesión como periodista?

Hice algunos laburos para algunos diarios chicos de Mar del Plata como el Atlántico, algo relacionado con el surf. Estudié periodismo en Deportea en Mardel, donde estoy radicado ya hace 15 años. Me recibí en 2006. Después trabajé para una revista de Costa Rica que se distribuía por toda Latinoamérica que se llamaba Siete Mares. Creo que la carrera me ayudó un montón a desenvolverme con las marcas, frente a las cámaras y en las notas. Eso, sin dudas, fue lo más importante.

Chelo Rodríguez, el investigador de las olas

Pero antes de mudarse a La Perla del Atlántico, Chelo domó olas bien sureñas, acompañadas de jornadas que llegan hasta 5 grados bajo cero. Playa Unión, el principal balneario de Rawson, es el lugar ideal para surfear en Chubut. Su oleaje es el más peligroso durante el año, pero a la vez es el que monta un espectáculo cuando se producen las grandes marejadas. Lo contrario a las tranquilas aguas que tiene, por ejemplo, Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn, Rada Tilly o Puerto Pirámides. Sin embargo, hay un tesoro en la provincia que tiene puntas de piedra bajo el mar que generan buenos picos de olas. Esa perla (o point, como dicen los surfistas) se llama Cabo Raso, tierra de lobos marinos y puro ripio. Según Wikipedia, sólo hay un habitante en la localidad ubicada sobre la ribera del Mar Argentino.

¿Cómo describirías a Cabo Raso?

Es un lugar que está buenísimo. Hay buenas olas y rompe con diferentes condiciones. Ahora se está transformando en un atractivo bastante grande… bah, no sé si grande, pero hay un montón de gente que va seguido sólo por las olas. No está tan desolado como estaba antes. Es un lugar que me gusta mucho y creo que es una gemita que tenemos en la Patagonia.

¿Qué tiene que tener una buena ola?

Es difícil de describir, porque hay millones de condiciones que son excelentes. Depende de lo que le guste más a uno, puede haber surfista que le guste más correr olas con tubo o correr con más maniobras, también hay surfistas que les gusta una mezcla de las dos. Creo que la ola ideal depende del momento. Yo prefiero que las olas sean con tubo y luego hacer maniobras.

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¿Cuál es la esencia del surf?

Es bastante amplia. Es un deporte milenario con una tradición muy antigua y es uno de los únicos deportes que no necesita de la competencia para subsistir. No necesitás 11 contra 11 pateando una pelota para ver quien la mete más veces en el arco contrario. La industria del surf va a seguir funcionando por más que mañana no haya más campeonatos. Lo que más me gusta del surf es compartir buenas olas con amigos, es lo que más disfruto.

Cerca de las 6 de la mañana suena el despertador. Chelo se levanta y lee el diario, el ritual periodístico no lo pierde. Mira por internet la dirección de las olas y el viento que va a haber. Como conoce Mar del Plata de pie a cabeza, ya sabe que playa funciona con cada uno de los factores climáticos y, por las dudas, tiene una lista alternativa con tres o cuatro costas acordes a la marea de ese día. Cuando no conoce el camino del swell (en español mar de fondo) porque está fuera del país, le pregunta a un ciudadano local. Un trabajo artesanal de investigación. Las cinco W del periodismo.

Su profesión y el amor a su región lo llevó a emprender. A fines del 2019 estrenó “Australes”, un documental de surf de aguas frías y olas remotas por el sur de Chile. Chelo viajó junto a Lucas Santamaría y Jerónimo Ané, dos colegas de tablas, a playas recónditas que siquiera Google Maps puede detectar. “Con la enorme falta de información que hay sobre la zona, hubo que prender los mapas satelitales y todos los conocimientos de viento y marea para encontrar las distintas puntas que trajeran felicidad tubular”, detalla la descripción del material audiovisual.

Chelo Rodríguez, el investigador de las olas

¿Cómo nació Australes?

Nació en base a las ganas y a la necesidad de saber que hay un montón de olas inexploradas y lugares que no se ven habitualmente. En Buchupureo hicimos base y, a partir de ahí, partimos en la búsqueda. Justamente, la búsqueda es la parte más linda del viaje, porque cuando encontrás olas y la surfeás con tus amigos es algo increíble. Es un proyecto que salió increíble y que tiene que tener una segunda parte, por eso arrancamos con la idea de hacer Australes 2. Esta vez también lo vamos a realizar en la Patagonia, pero del lado de Argentina. Sería una muy buena segunda parte, esperemos que se vayan dando y cerrando cosas para empezar a filmar a partir de abril.

¿Chubut forma parte de la segunda parte?

Sí, en la provincia hay un montón de olas que todavía no se han surfeado. La idea del documental es llegar a lugares nuevos bajo un clima hostil y tratar de surfearlas solos, y si las surfeamos por primera vez mucho mejor. Obviamente, no vamos a divulgar exactamente los lugares para preservarlos por la gente que no tiene la misma idea que nosotros, que es respetar a los locales y mantener el lugar como estaba antes de que nosotros lleguemos. Hay que respetar al autóctono.

¿Con estos proyectos te acercás al retiro de la profesionalidad?

Estamos en camino. Un poco porque la parte deportiva está siendo bastante compleja, no solo para mí, sino para todos los atletas, competir afuera y tener un sueldo que te permita vivir bien. Es bastante difícil la parte económica. Por lo cual ya hace dos años que estoy haciendo sólo el circuito nacional, de hecho, el año pasado fui subcampeón argentino. Pero sí, sin dudas que está relativamente cerca, sigo haciendo las etapas del circuito argentino porque me divierto, la paso bien con la gente que va a los campeonatos, me rencuentro con amigos y si se puede ganar mucho mejor, pero sino lo tomo como un momento divertido y no como algo que tengo que ganar si o si, que era como me lo tomaba antes. Ahora sigo surfeando en Playa Grande, en Mar del Plata, el lugar que más victorias tuve en mi carrera.

Acostumbrado a los flashes de la elite del surf, Chelo Rodríguez decidió, hace dos años, ir por otro tubo celeste. Sin dudas que dejó un enorme legado, debido a que fue Campeón Argentino y Latinoamericano, capitán de la Selección Nacional y hasta fue uno de los deportistas que llevó la antorcha olímpica de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018.

Ahora, su dirección es la desconexión de la competencia y la conexión con la naturaleza. Como buen patagónico, ya no reniega del frío y acepta el grado bajo cero, porque el fin de la aventura es encontrar olas “buenasas” y surfearlas con amigos.

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