Cinco amigos de cuatro países unidos en un viaje a Malvinas

Ratificada la presencia “multipaíses” en las islas Malvinas, organizada por el argentino Héctor Freyre, con la sola intención de integrar al continente con el archipiélago y de rendir tributo a los soldados argentinos caídos durante la guerra de 1982, durante la tarde de ayer llegaron a esta ciudad dos aviones y un helicóptero que, con adaptaciones técnicas especiales, cubrieron los casi 900 kilómetros existentes entre Puerto Argentino y Comodoro Rivadavia.

Las aeronaves estuvieron comandadas por el piloto argentino Héctor Freyre y el alemán Gunter Schuster, los uruguayos Juan Cabrera y Fabián Scavone y el chileno Melvyn Becerra, unidos en una “navegueta” que llegó hasta Malvinas y además de un recorrido por Puerto Argentino -sobre el que destacaron la muy buena atención de los lugareños- llegaron hasta el cementerio donde descansan los soldados caídos durante la contienda con Inglaterra.

La visita, pese a la intención integradora, apenas es valorada por los hombres del aire como una acción reivindicadora de la libertad americana sino que, quizás sin llegar a medir la importancia o la trascendencia de un viaje espectacular -pleno de aventuras y sueños- Freyre califica como “un viaje más, un viaje logrado gracias a la ruta abierta sobre el mar por otros hombres que ya han marcado el recorrido en años anteriores y, si lo hicimos nosotros, lo puede hacer cualquiera”.

Destacando la predisposición y excelente atención de todos quienes recepcionaron a los navegantes, incluidos los encargados del aeropuerto de Puerto Argentino, los navegantes comparten la emoción de haber recorrido los históricos espacios en los que estuvieron emplazadas las baterías antiaéreas que defendieron los jóvenes argentinos, un oxidado cañón o la emotividad de observar, ahora con nombres y apellidos, aquella tumbas vistas hace años atrás en las que solo se identificaba el espacio de un “unknown argentinian”, un argentino desconocido.

El regreso

El viaje programado entre los cinco “amigos del aire” duró entre cinco y siete horas, tiempos distintos para un mismo trayecto por las diferentes velocidades de los aviones utilizados -un Mooney, matrícula LV-JRA- comandado por el argentino Héctor Freyre y el alemán Gunter Schuster -los dos residentes en Martínez, provincia de Buenos Aires- y un Cessna -matrícula CX-JEC- comandado por los uruguayos Juan Cabrera y Fabián Scavone -residentes en Montevideo- mientras que también marcó diferencias el vuelo del helicóptero Robinson R44, matrícula CC-PXH, a cargo del piloto Melvyn Becerra, oriundo de Santiago de Chile.

De regreso a sus destinos finales, cada navegante lleva una historia de vida nueva; una nueva vivencia emotiva tras el recorrido por un excampo de batalla, por una tierra que -aun sin intención de reivindicación- sigue siendo nombrada por esos hombres como “Malvinas argentinas”.

El Aeroclub Comodoro Rivadavia como reconocido anfitrión

Próximos a cumplir su 85 aniversario, el Aeroclub Comodoro Rivadavia se ha convertido en anfitrión y base principal de numerosas “naveguetas”, como señala Héctor Freyre quien, pese al cansancio y apenas descendido de su Mooney luego de volar desde las islas Malvinas, vuelve a reconocer la importancia de que esta ciudad cuente con un aeroclub; “un espacio de unión local y regional, una herramienta que tantas veces ha salvado vidas; un espacio de amistad en el que llegamos con toda confianza a saludar y a descansar un poco tras un largo vuelo”.

Con Luis Oller como anfitrión, los navegantes de esta experiencia que no es para nada común pero que para ellos “no deja de ser un vuelo más”, siguen recordando la emotividad de haber llegado a las islas, de visitar diferentes lugares, de reconocer una paisajística “parecida, pero muy diferente a la Patagonia argentina” y aparece nuevamente la emotividad de una cruz, de unas placas de bronce y de nombres argentinos en un lejano cementerio. Parece un vuelo más pero no lo ha sido.

Aun cuando cada uno de los pilotos intenta minimizar un viaje que alguien calificó de “epopeya” pero que para ellos apenas es “un viajecito de cuatro o cinco horas”, los recuerdos comienzan a demostrar emoción en la voz o una remera que dice “Navegueteando por las islas Malvinas”, le dan otro color y un sentimiento interno que, lejos de intentar venderse como una patriada o, precisamente, una epopeya, tiene un significado que quizás por humildad no ponen en valor pero que, de hecho, tiene un valor especial por el sentimiento que le ponen a cada palabra que surge de la memoria.

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