Pilar Sordo, Mujeres de hoy

Pilar Sordo

(Por Daniela Zamit) Los movimientos como “Me too” o “Ni una menos” abrieron la puerta a una discusión que no tenía lugar. Las corrientes feministas se visibilizaron, tomaron las calles, los medios y los debates públicos ¿Pero cómo alcanzan estos discursos a la diversidad de mujeres? Pilar Sordo llega a Comodoro a presentar su conferencia “Mujeres de hoy”, una invitación a pensar juntos, hombres y mujeres por igual, en una nueva manera de vincularnos para “vivir en un mundo más equitativo, más digno, más igualitario”.

Pilar Sordo es psicóloga y escritora chilena. Durante sus más de 30 años de trayectoria convirtió vivencias en investigaciones que luego plasmó en nueve libros, cientos de talleres y conferencias. Ella misma se define como una “curiosa patológica” y a sus investigaciones las denomina “caminatas o aventuras”. Es clarísima para transmitir sus experiencias e ideas, aguda en sus reflexiones, cálida y tiene un gran sentido del humor. Desde hace casi diez años viaja por toda América Latina compartiendo sus “caminatas” e invitando a caminar. En sus conferencias, en las que mezcla en dosis perfectas datos duros surgidos de sus estudios de campo con algo de stand up, Pilar invita a pensar. El 19 de marzo llega a Comodoro para presentar “Mujeres de hoy”.

– ¿De qué se trata Mujeres de hoy?

-Se trata de contar una investigación que no es solo para mujeres. Se llama así porque nosotras hemos visibilizado el cambio pero es una investigación que incluye a los hombres y es necesario que ellos vayan para poder vivir este viaje. Es una investigación que parte porque yo me empiezo a preguntar cuánto de los discursos públicos, ya sean mediáticos o por marchas, le llegaban a una mujer común y corriente que en este minuto puede estar cocinando en su casa con su marido y sus dos hijos. Y la verdad es que me empiezo a dar cuenta que no llega demasiado y eso va a depender, por supuesto, estrictamente de la edad que tenga. A mayor edad la lejanía con los conceptos es mayor; a menor edad, la sensación de que esos conceptos pueden cambiar mi vida cotidiana es más cercana. Entonces yo diseño un viaje que es un viaje en tren donde para subirse a ese tren hay que vivir dos condiciones: la primera es el disfrute de ese viaje y, la segunda, que es un viaje que se vive sin juicios, no me puedo estar regañando en cada vagón, cada vagón es un concepto de desarrollo personal que termina en ver cómo podemos desarrollar la mejor versión de nosotros mismos. Es un viaje que no tiene edad, que no tiene condición económica, de hecho el viaje termina con la historia de la mujer y el hombre más viejos de la investigación -ella de 86 y él de 81- una historia maravillosa. Es una conferencia muy divertida pero que tiene mucha información, la gente lleva cuadernos, lleva celulares cargados para anotar, porque en realidad el verdadero viaje lo van a hacer cuando termine la conferencia.

-Más allá de las edades creés que los movimientos femeninos logran unir a la diversidad de mujeres en la búsqueda de una conquista en común?

-Yo creo que hacen el intento de unir en edades y distintos aspectos, pero los mensajes no llegan igual dependiendo de la edad. A mayor edad la gente se alegran por hijas, hijos o por nietos y nietas de que van a poder vivir realidades distintas a lo largo de la vida. A menor edad se hacen más protagónicos los cambios pero eso todavía no logra llegar a las cabezas ni a las formas de vincularnos con los demás. Ahí se siguen estableciendo estructuras de poder y violencia, se sigue entendiendo el amor conectado con el sufrimiento, seguimos teniendo relaciones vinculares basadas en la carencia, en la necesidad, en el control y en el apego; seguimos con enemistades femeninas y no responsabilizando a los hombres, sino que culpándonos nosotras de la gran cantidad de problemas afectivos de la humanidad producto de toda la educación patriarcal y judeocristiana de por siglos.

-Viajás por toda América Latina ¿Cuáles son las diferencias, si es que existen, entre los movimientos femeninos en el continente?

-Yo creo que hay países dentro de América Latina que están más conscientes de estos cambios y otros un poco menos. Lo otro que se nota es la intensidad, la fuerza con la que se ejercen esos cambios o la necesidad de esos derechos. Creo que Centroamérica recién se está despertando a movimientos más activos en relación a las demandas de derechos sociales.

Sin embargo creo que tanto en los países con mayor intensidad -como pueden ser la Argentina o Chile- como en los de menos intensidad -como pueden ser Honduras o Guatemala- falta todavía consciencia interior del cambio de las normas. Creo que hay más consciencia social del ejercicio de los derechos pero eso no se ha traducido en cambiar la definición de amor, no se ha traducido a romper circuitos de violencia, no se ha traducido en los esquemas de la intimidad de los vínculos, que es donde el patriarcado todavía sigue ejerciendo mucho poder y modificando sin duda en forma no sana los vínculos necesarios entre los distintos géneros.

Pilar Sordo llega a Comodoro a presentar su conferencia “Mujeres de hoy”

-Muchos hombres se suman a la lucha de las mujeres porque entienden que nos lleva a una sociedad mejor. Para quienes no lo ven ¿qué ganan los hombres y la sociedad con la búsqueda de la equidad?

-Lo que pasa es que el patriarcado y el sistema judeocristiano la verdad es que nos liquidó a todos. A los hombres les impidió tomar contacto con sus emociones por siglos, les impidió ser padres por siglos, los obligó a competir por siglos, les enseñó que su identidad estaba basada en lo sexual y en lo económico y que eso tenía que ver con el ejercicio de la violencia, por lo tanto los hombres que se están incorporando a esto de una u otra manera están entendiendo que ellos también ganan dentro de esta historia y que en la medida que se redefina un nuevo concepto de masculinidad, en la medida que nazca una masculinidad basada en las emociones, basada en distintas circunstancias, va a ser mucho más fácil trabajar el cambio.

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También desde lo femenino, porque lo femenino también tiene que entender que la forma de vincularnos ya no puede ser la misma, que el poder ya no puede ser lo mismo, que el compartir funciones tiene que ser lo que mande y no el ayudar en determinadas funciones que se asumen de una u otra parte como causante. Por lo tanto creo que este sistema patriarcal y judeocristiano, en alianza de alguna manera, nos ha hecho daño a todos por lo tanto todos tenemos que participar en la deconstrucción y la redefinición de roles.

-¿Cómo somos las mujeres en la actualidad?

-Somos más íntegras, más valientes, más coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Creo que tenemos menos miedos, que somos más conscientes de nuestros derechos y potencialidades, que podemos ejercer para cumplir nuestros sueños. Creo que nos falta mucha solidaridad entre nosotras todavía, que todavía el patriarcado muestra secuelas en nuestras cabezas muy complicadas en términos de envidias, rabias y competencias mal entendidas entre mujeres, porque ancestralmente nos enseñaron a odiarnos entre nosotras. Creo que todavía cargamos con demasiadas responsabilidades dentro de los procesos sociales por eso yo creo que el feminismo tiene que ser con los hombres y no sin ellos, sino es otra vez hacernos cargo nosotras de los procesos de cambio cultural ya nos hicimos cargo de la anticoncepción, nos hicimos cargo de un montón de cosas, creo que ahora corresponde que trabajemos todos juntos.

-Los desafíos como mujeres en la sociedad son muchos ¿cuáles te parecen los más importantes?

-Los mayores desafíos de la mujer hoy día están en la cabeza de nostras primero, en seguir sacándonos miedos y culpas, en ver que no tenemos barreras, que tenemos que trabajar por nuestros sueños, preguntarnos por nuestros sueños, llevarlos a cabo. Después de solucionar toda nuestra relación con el cuerpo, la relación con nuestra pareja interna, cubrir nuestros enemigos internos, eliminar mandatos, desarrollar nuestra mejor versión. Estos son todos los vagones del tren del viaje de la conferencia, tenemos que salir a la calle a vivir en un mundo más equitativo, más digno, más igualitario, pero desde una abundancia interna y no desde una carencia, no desde que a nosotras nos hace falta algo, sino desde la exigencia desde la abundancia de nuestro trabajo interior.

-¿De los cambios que movilizan las nuevas generaciones cuáles son los que tienen a tu criterio mayor valor?

-Yo creo que uno de los cambios que más valoro es el hacerse cargo, el entender la coresponsabilidad en las cuestiones domésticas, en la distribución de las funciones en la casa, en la educación de los hijos e hijas, en el no ejercicio del poder para establecer relaciones vinculares, en el desarrollo individual pleno cubierto, donde se comparte con el otro y no que el otro “me vaya a hacer feliz” o “el otro vaya a hacer que yo me sienta segura o protegida”. En los atisbos, que todavía me parecen bajos, que se dan de la educación al amor propio, de entender que nadie me va a querer como me quiero yo, que nadie me va a cuidar como me cuido yo, que nadie me va a mimar ni a proteger como me protejo yo y cuando eso se entiende se va a buscar pareja desde la abundancia y no desde la carencia. Creo que esas son las cosas que en este minuto sí pueden cambiar vincularmente las relaciones con otras personas y mi forma de ver el mundo.

-¿Cuáles son los mandatos de la sociedad patriarcal más difíciles de desarticular?

-Primero el mandato de suponer que el deseo sexual de los hombres es incontrolable. Creo que ese es uno de los mandatos más complicados y la contraparte es que nosotras no tendríamos deseo sexual. Para poder sostener ese mandato patriarcal de que el deseo de los hombres es incontrolable, lo que hizo este sistema patriarcal es enseñarnos a odiarnos entre nosotras y además a culparnos entre nosotras donde los hombres nunca tenían o no tienen nunca responsabilidad de nada y las culpables somos nosotras. Donde mejor se ejemplifica esta unión entre este sistema de planteamiento de que el deseo sexual de los hombres es incontrolable y lo que nos enseñaron a odiarnos entre nosotras es cuando un hombre le es infiel a una mujer y la rabia de esa mujer se va con la otra mujer y no con el hombre que es el que mantuvo el contrato y el que lo rompió y que de alguna manera es el responsable de la traición. Ese es el mejor ejemplo de lo que estoy tratando de describir.

Otro de los modelos patriarcales es el tema del poder, de cómo se distribuye el poder dentro de la pareja. El otro, que es una mezcla entre lo judeocristiano y lo patriarcal, es la conexión entre el amor y el sufrimiento, donde se prueba que se ama en la medida que se sufre por el otro. Este mandato es la base de la violencia de género y mientras ambos no cambien el ejercicio del poder y la vivencia de que el amor se prueba sufriendo, nos van a seguir matando. Esos yo diría que son los mandatos patriarcales más fuertes. Hoy día hay que entender que el deseo sexual del hombre es controlable, igual como lo ha sido el de la mujer por siglos, por lo tanto da lo mismo cómo yo me vista o por dónde ande; la responsabilidad es masculina, frente a esto hay que desexualizar la relación hombre-mujer.

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-¿Desexualizar a hombres y mujeres?

-Hay que desexualizar a la sociedad, desexualizar a hombres y mujeres para ser vistos como personas en los espacios donde no hay consenso, como el trabajo, el gimnasio, la calle, los medios de transporte público, etcétera. En los espacios en los que hay un funcionamiento social, en los que no necesito que se me vea como mujer, ni el hombre como hombre, sino como seres humanos y que desde allí mostremos nuestras mismas capacidades, talentos, virtudes para enfrentar el día a día. La sexualización tiene que quedar para los espacios de consenso compartido y mutuos donde hay espacio para el erotismo, la seducción y todo lo que fuera necesario. Dejar la sexualización para cuando yo quiero ser vista como mujer, cuando yo permito que me vean como mujer y quiero ver al otro como hombre cuando me permite que lo vea como hombre. Esto en el caso de una relación heterosexual, en el caso de una relación homosexual es exactamente lo mismo.

-¿Cuán “rentable” es la baja autoestima para la sociedad patriarcal?

-Una de las ligazones que hizo el sistema judeocristiano más el patriarcal es habernos convencido mayoritariamente a las mujeres en una falsa humildad que tiene que ver mucho con una baja autoestima, con no priorizarnos, con no aprender a priorizarnos ni a desarrollar amor propio. Eso es muy rentable porque es la base para que hayan relaciones de poder y para que yo sienta que el otro tiene control sobre mí y eso está muy ligado a que el amor esté asociado a esta definición de amor tan patológica que tenemos en donde, entre Disney lo judeocristiano, lo patriarcal, Televisa, Venevisión, etcétera, nos convencieron de que el amor tenía que ver con el sufrimiento y yo probaba que amaba en la medida en que era capaz de aguantar, de soportar y pasar las mil y una aventuras en pro de lo que se llama “el amor de la vida” sin entender que el amor de mi vida soy yo y eso está afuera de la educación emocional de las niñas y de las adolescentes, mucho menos de las mujeres adultas.

-¿Cuál es la diferencia entre apego y amor?

-La diferencia entre amor y apego es que el amor sano no tiene apego. El amor que nosotros tenemos definido está basado en el apego, en el control, en la necesidad y en la carencia. Yo elijo alguien protector porque yo no me sé proteger, yo elijo alguien divertido porque lo más probable es que yo no me sepa entretener a mí misma. Ahora si yo me sé entretener a mí misma voy a querer a alguien entretenido para compartir la diversión, no para que me entretenga, no para que me diga que soy linda porque yo ya sé que soy linda, porque eso lo trabajé teniendo una pareja interna sólida que es el gran concepto de esta investigación. A mayor pareja interna, menor apego, menos sensación de soledad, menor establecimiento de relaciones por carencia.

-¿Cuánto le falta al Estado acompañar los cambios que los nuevos roles de la mujeres configuran en las familias?

– Al Estado le falta mucho, porque el Estado es un Estado patriarcal, tiene miradas masculinas, tiene entrenada a gente en Salud desde lo masculino, en la Justicia desde lo masculino… por lo tanto al Estado le falta a gritos el aporte desde lo femenino, desde la igualdad de derechos, desde el compartir funciones, desde la distribución por paridad, para que haya mujeres en igualdad de condiciones que los hombres, que tengan las mismas condiciones para llegar y sino las tienen hay que establecer espacios de paridad para que eso se empiece a producir. Faltan sobre todo miradas y concepciones sobre qué es la familia, sobre quién está a cargo, cómo se comparten las responsabilidades y desde ahí crear las políticas públicas necesarias para que eso se pueda ejercer con toda tranquilidad y ambos tengamos deberes y ambos tengamos derechos en relación a ese funcionamiento.

-¿Después del patriarcado a qué modelo evolucionamos?

-Espero que evolucionemos a un modelo integrado de hombres y mujeres con los mismos derechos, las mismas emociones, las mismas posibildiades, oportunidades, donde podamos desarrollar todas nuestras potencialidades, todos nuestros sueños con igualdad de espacios para poder tener una sociedad más justa, más digna, más alegre más liviana en el ejercicio de nuestras responsabilidades cotidianas. No sé cómo se va a llamar ese movimiento pero creo que evidentemente va a ser distinto al patriarcado sin duda y por eso se entiende que el feminismo no es el antónimo del machismo sino que es un movimiento distinto que debiera incluir a los hombres en una nueva forma de mirar a la sociedad que los incluya a ellos y que no pasemos a ser el antónimo porque sino vamos a caer en lo mismo pero al revés, creo que todos tenemos que deconstruir para estar más pleno,s más en paz, entender que no vinimos a este mundo a sufrir sino a vivir en plenitud y para eso hay que desarrollar todos nuestros talentos con la misma capacidad o la misma igualdad de oportunidades.

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