José “Pichi” Saldivia cumple 31 años cuidando instalaciones y el césped del Estadio Municipal

El “Pichi” Saldivia cumple hoy 31 años cuidando el Estadio Municipal; y a lo largo de estos años cosechó grandes vivencias y anécdotas.

Muchas de las miles de personas que se lo han cruzado o suelen verlo en sus incursiones por instalaciones del coqueto Estadio Municipal de Km. 3 lo conocen por su apodo, “Pichi”. Pero sus compañeros de trabajo y amigos personales saben que se llama José Mauricio Saldivia, que tiene 61 años y según recuerda a Crónica, ingresó un 2 de marzo de 1989 cuando lo llevó su entrañable y por entonces jefe, Rubén “El flaco” González.

Se trata del cuidador de uno de los campos de fútbol más ponderados por futbolistas profesionales que han arribado desde principios de la década del 90, cuando la CAI jugara en la Segunda División del fútbol argentino (Nacional B).

“Estuve trabajando un año contratado hasta que entré a planta permanente” rememora el hombre mientras toma y comparte mates en la “covacha” que se encuentra debajo de la tribuna del estadio y que treinta y tantos años atrás era de chapas y se multiplicaban las goteras los días de lluvia y que hoy cuenta con ciertas comodidades que supieron ganar con el “Flaco” González, como tener gas y que pongan una cocina a la que se agregaría una heladera, una mesada y que al fondo en una de las paredes, conservara el reloj de aquel entonces.

Y le afloran los recuerdos como esas charlas con el entonces DT de la CAI Marcelo Fuentes de quien guarda los mejores recuerdos ya que, incluso, lo ayudaba a poner las redes en los arcos, compartía mates y charlas. Y otros recuerdos como fotografías que quedaron de las figuras musicales que visitaron el lugar con recitales por aniversarios de la ciudad.

O aquella vez que el entonces presidente de la Argentina Carlos Saúl Menem llegó en helicóptero que aterrizó en medio del campo de juego y le dio un gran abrazo. O aquella vez que sus amigos y compañeros del lugar, “Mingo” García y Cerdá se salvaron milagrosamente de una explosión por pérdida de gas que destruyó parta de las instalaciones… y el trabajo diario de este anónimo hombre que vive apenas unas cuadras más arriba, en el barrio Sismográfica, con Celia su compañera de vida con la cual no tuvieron hijos, pero los une toda una vida pese a que él nació en su Puerto Montt chileno y ella llegó de Buenos Aires.

“Toda una vida, me queda poco para jubilarme, tengo la categoría 20 y espero sumar una más antes de eso, por ahora, hay que seguir…”. Ahí se terminó la breve charla, con su recorrido por los alrededores de la pista de atletismo, para buscar la pintura para el próximo partido y, si por las dudas llueve, mezclar esa pintura blanca con cal para que no se borren tan fácilmente las rayas de de la cancha de fútbol que cuida. Así de simple.

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