La historia de un inmigrante portugués que edificó su proyecto de vida en Comodoro

José María Amado tiene 83 años y llegó a la ciudad en 1948, cuando apenas era un niño. Su padre había venido antes con la esperanza de encontrar un mejor futuro para la familia. Agradecido, cuenta que en Argentina nunca lo hicieron sentir distinto por ser portugués. Fue presidente de la Asociación Portuguesa y de la Federación de Comunidades Extranjeras. Hoy es cónsul honorario de Portugal y un ejemplo de vida para las nuevas generaciones.

Estudió medicina en La Plata durante su juventud y ejerció durante gran parte de su vida como médico clínico. Además, estudió radiología en el Hospital Regional, en una época en la cual en el nosocomio enseñaban la carrera. Hace diez años se jubiló y comenzó otra vida.

Tal vez por una especie de “costumbrismo” entre los médicos, tardó bastante en jubilarse. Muchos dicen que aquellos que estudian para salvar vidas tienen una pasión indescriptible por su profesión, y por eso no es raro ver a gente mayor que debería estar jubilada ejerciendo. Pero esto es solo una suposición. José María Amado es uno de esos personajes históricos de la ciudad que guarda una historia de sacrificio y entrega. Es tan solo un hombre, pero al igual que todos los de su generación, es especial. Porque este médico clínico oriundo de Portugal forma parte de la historia grande de Comodoro Rivadavia.

“Llegué a Comodoro en 1948. Nací en Portugal, en la región de Algarve. Vine porque mi padre había inmigrado a Comodoro unos años antes. En Europa se vivía una época muy difícil, en ese entonces era el tiempo de la post-guerra, la Segunda Guerra Mundial había terminado en 1946. Había muchas necesidades económicas y la gente buscaba lugares para progresar. En ese entonces, solían emigrar a lugares como Canadá, Estados Unidos, Brasil y también Argentina. Mi padre se estableció acá y después vine yo con mi madre y mi hermana. Yo tenía doce años”, recordó Amado al comienzo de la entrevista.

El hombre que luego se convertiría en médico había estudiado hasta cuarto año de primaria en Portugal. Ya en Comodoro, retomó sus estudios en la Escuela 119. Luego, cursó sus estudios secundarios en el histórico Perito Moreno, para después estudiar medicina en La Plata. “Después de recibirme, me vine a trabajar a mi ciudad. Hice la residencia de médico clínico también en La Plata. Empecé a trabajar en el hospital vecinal que estaba en Urquiza y Viamonte, en donde ahora está la Casa del Niño. Años después se inauguró el Hospital Regional, yo proseguí mi carrera ahí. Hice clínica médica durante un tiempo y después me dediqué a radiología. Estudié ahí mismo, en el hospital. Además trabajé en el sanatorio La Española. Y así fue transcurriendo mi carrera, hasta que me jubilé hace diez años en el hospital, como trabajador de la provincia”.

Europa y la post-guerra

Luego de la Segunda Guerra Mundial (1939 a 1945), muchos europeos decidieron buscar nuevos rumbos. El contexto económico que vino luego del conflicto bélico no ayudaba, la situación no era buena. Muchos fueron los que pasaron por esta situación de incertidumbre, momentos en donde el futuro se mostraba incierto y tomar decisiones importantes era todo un riesgo. Porque al emigrar a otro país, las posibilidades no eran demasiadas: el triunfo era una, pero el fracaso también asomaba como algo posible.

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José María Amado recuerda esa época con un dejo de alegría en sus ojos. “Yo tenía doce años en ese momento. Mucho de lo que puedo contarte lo leí en libros. Casi no tengo recuerdos de esa época. Sí puedo decir que yo viví una infancia feliz. Yo jugaba con los otros chicos, no pensaba en la guerra. Si tenía hambre buscaba para comer, ni siquiera recuerdo haber pasado hambre. Llevaba una vida normal para esa edad. No era yo quien sufría las consecuencias de la post-guerra, quizá fue mi padre el que más las vivió. Una inmigración en ese momento significaba toda una tragedia. Inmigrar no es como salir de paseo, tampoco como tener un pasatiempo, no son vacaciones. Hay que ponerse en el lugar de un inmigrante. Miremos el caso de mi padre, juntó las monedas para pagarse un pasaje en barco, para viajar durante más de veinte días y llegar a un lugar que no conocía”, resaltó el médico clínico y radiólogo.

En la misma línea, el expresidente de la Asociación Portuguesa de Comodoro resaltó que, en ese entonces, para un inmigrante llegar a una tierra que no era la suya era complicado por varios motivos. “Mi padre llegó a Argentina y tuvo que encontrar el lugar adecuado para trabajar. No era fácil, porque tampoco había demasiado trabajo. A muchos los mandaban al norte, a trabajar en las cosechas, pero esos eran trabajos temporarios. Era una vida muy sacrificada. Después, con el tiempo las cosas se fueron amoldando, pero en un principio no fue nada fácil. No veo a la inmigración con buenos ojos, incluso hoy en día cuando veo a los argentinos irse de su país. A mí no me parece bien, inmigrar significa alejarse de las raíces, y uno no puede vivir sin sus raíces. A la larga o a la corta, alguna evidencia adversa aparece. Pero esto es solo mi forma de ver las cosas”, reflexionó Amado.

“Nunca me sentí distinto al resto en Argentina”

Al hablar de cómo fue su experiencia al llegar a un lugar nuevo, en donde no conocía a nadie y todo parecía indicar que el camino sería difícil, sonrió y dijo que en ningún momento se sintió diferente a los demás. “Siempre me sentí igual al resto, nunca distinto, y esa es una de las cosas que le debo a la Argentina. Nunca hicieron una diferenciación conmigo, eso es algo que agradezco infinitamente. Me siento agradecido por el acogimiento que me brindaron. En Comodoro hice mi vida, formé mi familia, mis hijos nacieron acá. Comodoro es mi lugar en el mundo. Algunos comodorenses estudiaron sus carreras afuera y no volvieron nunca a esta ciudad, yo sin embargo decidí volver, porque tengo amor por mis raíces. Mi desprendimiento de la ciudad fue temporario. Después de estudiar volví acá, sigo acá y no creo que me vaya”, indicó el doctor Amado.

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Los inmigrantes y la cultura del trabajo

En Argentina, siempre se habló de una forma de vida particular íntimamente ligada a los europeos que pasaron a la historia grande del país. Quizá hoy la idea de la “cultura del trabajo” entró en desuso y ya no está tan vigente, pero en la cabeza de aquellos que vinieron buscando un mejor futuro al continente americano, sigue teniendo validez y es una idea muy respetada. José María Amado fue uno de tantos que abrazó esta cultura y la mantuvo viva hasta el día de hoy, inculcándola a sus hijos y nietos.

“Los inmigrantes europeos contribuyeron al fortalecimiento económico de Argentina. Esto pasó con muchas comunidades extranjeras, no solo con los portugueses. La comunidad europea contribuyó al crecimiento del país, eso nadie lo niega. La vida del hombre no es una cuestión inmóvil, es un suceso permanente de nuevos contextos, ideas e iniciativas. Evidentemente, el sujeto no tiene más remedio que asemejarse o acostumbrarse a convivir en ese contexto. La gente antes tenía otra visión sobre el trabajo, antes uno estaba obligado a tener esa visión distinta. Los que venían desde Europa, de ese contexto difícil, tenían una verdadera devoción por la cultura del trabajo.

En ese entonces, trabajar era una necesidad, la gente había sufrido mucho por no tener trabajo, entonces le daban un valor muy especial a esto. Pienso que esto fue cambiando con el tiempo. El sujeto no tiene más remedio que moverse a ese compás”.

Consul Honorarium

Una persona que tiene este título es la encargada de velar por los derechos de los ciudadanos de otro país en otra jurisdicción. José María Amado es Cónsul Honorario de Portugal en Comodoro, un cargo que ocupa con mucho orgullo. También fue presidente de la Asociación Portuguesa y de la Federación de Comunidades Extranjeras.

“Por ahora es la ocupación que tengo. Al margen del consulado, en este momento soy un miembro más de la Asociación Portuguesa, no tengo ninguna función ni obligación importante. Me he sentido muy integrado a la comunidad portuguesa, me siento parte integrante de ellos”, destacó el médico.

Amado contó una anécdota sobre la Asociación Portuguesa y la Federación de Comunidades Extranjeras. Quizá muchos se han preguntado alguna vez cómo fue que nació la Fedecomex. Aquí una síntesis de los comienzos de la organización: “un día, estando en la Asociación Portuguesa, cuando yo era el presidente, convocamos a los referentes de otras comunidades que conocíamos. Españoles, búlgaros, italianos, griegos, franceses. Nos reunimos en nuestra secretaría y convenimos entre todos en juntarnos y hacer una comisión especial en donde estuviéramos todos. Había hechos que eran comunes para todos nosotros. Si cada uno hacía su fiesta por su lado, la cosa no tomaba mucha jerarquía. Esa fue la idea madre con la que nació la Federación de Comunidades Extranjeras (Fedecomex). La comunidad portuguesa tuvo mucho que ver con esto, creo que fue un gran mérito nuestro”, concluyó el histórico médico clínico de Comodoro Rivadavia.

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