“Hay que hacer una acción contra-cultural y volver a mirar al mundo”

Con una perspectiva comprometida y contemporánea, la doctora en educación Inés Dussel brinda claves para educar la mirada en una época donde las plataformas digitales marcan las dinámicas de atención.

Inés Dussel es doctora en Educación e investigadora titular del Departamento de Investigaciones Educativas-Centro de Investigación y de Estudios Avanzados de México. Fue directora del Área Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y publicó diversos libros y artículos sobre educación.

Inés tiene una mirada sensible y contemporánea sobre cómo educar la mirada, lejos de fatalismos apocalípticos y sin tecnicismos, explica con claridad cómo afrontar la educación en tiempos donde las plataformas digitales parecen dominar el tiempo y la atención. Hablamos sobre estos desafíos, con un anclaje latinoamericano, profundo y terrenal a la vez.

-Hace mucho que venís investigando la cultura visual, desde mucho antes de esta explosión de las redes ¿Te imaginabas la magnitud del presente digital?

-La verdad que no, no se tenía en mente que fuera a cambiar tan rápido. Creo que eso nos pasó un poco a todos, era algo que pudieron ver más los que estaban trabajando en el ámbito de la tecnología, sobre todo en el sector privado. El mundo académico y educativo lo fue viendo desde atrás. Apenas se vio el desarrollo acelerado, los que estábamos trabajando en esos temas, más allá de que no pudimos preverlos, nos dimos cuenta que efectivamente iba por ahí y que había que ir alineándose -ya sea desde la crítica, desde tomar distancia- y poder reflexionar sobre un cambio que aparecía como arrollador.

Las empresas privadas tecnológicas siguen siendo grandes impulsores de estos cambios. y eso genera muchas preguntas: ¿cómo se están regulando? ¿cuáles son las orientaciones de estos cambios? ¿hay debates éticos, políticos, pedagógicos sobre hacia dónde van? hay que avanzar en debates públicos y formas de regulación en este momento en el que está muy álgida la discusión sobre la privacidad de datos, el avance de los trolls, el bullying, el acoso por redes sociales y la radicalización hacia la extrema derecha por medio de las redes.

-¿Crees que estamos preparados para la sobre-estimulación visual a la que estamos expuestos?

-Desde mi perspectiva, histórica, pedagógica, política y cultural, mi pregunta sería, ¿qué hacemos como sociedad con esta sobre-estimulación? ¿qué es lo que produce? ¿qué efectos políticos, éticos, culturales tiene esto? eso me preocupa, me preocupa que estamos discutiendo poco de esto. Vamos atrás de las innovaciones tecnológicas que hacen las empresas y no tenemos mucha posibilidad de voz sobre eso.

Los efectos que produce me parece que son complicados en varios aspectos… mayores niveles de ansiedad mayor dependencia hacia la opinión de los demás, menos capacidad de tomar distancia de esos circuitos de rechazo o aprobación, una búsqueda de gratificación inmediata, eso tiene consecuencias en las personalidades y en formas de interacción entre seres humanos. Hay que mirar, revisar y ver si podemos contra balancearlas con otras dinámicas

-¿Y cómo se contra balancea? ¿cómo se educa la mirada en este contexto?

-Para mí hay que enseñar, frente a esta velocidad de las cosas, a detenerse a mirar. Y tener otras imágenes en el repertorio. Por ejemplo, frente al ideal de belleza corporal que puede aparecer en la publicidad o reproducirse en instagram, educar en otras imágenes. Otro ejemplo es el humor, lo que más miran los chicos y jóvenes en Youtube son videos “graciosos”, el buscador está definiendo qué es el humor. Las cosas que aparecen son crueles, ridículas. Sería buenísimo que la escuela tome estos temas y los trabaje, enseñe otros modos de humor con preguntas éticas respecto a de qué me río. ¿me río del otro o con el otro? La escuela podría trabajar tomando las formas que los chicos valoran, tratar de enseñarles a mirar, enriquecer el repertorio cultural, visual, ético respecto a las formas del humor.

-¿Qué es un régimen escópico y cómo definirías el régimen visual en el que estamos inmersos en la Argentina?

-Un régimen escópico es una serie de reglas explícitas o implícitas sobre qué y cómo mirar. Son ciertas normas y construcciones, como por ejemplo los límites del pudor o la obscenidad de cada época. Esto cambia con mucha rapidez a veces.  La forma de vestimenta es un buen ejemplo sobre cómo cambian estos regímenes, influidos por reglas de civilidad y costumbres, pautas familiares, religiosas, la industria, la publicidad, la moda.

Nuestro régimen actual opera no por la censura -como otros regímenes- sino por el mostrar todo. Se muestra tanto que se torna invisible, nos volvemos un poco indiferentes. Por ejemplo, se muestran tantos refugiados, que nos volvemos insensibles. Opera más por acumulación o hiper-visibilidad que por la censura. También es un régimen que tiende a favorecer imágenes espectaculares, de shock, antes que aquellas que piden detenerse, ver los detalles y las sutilezas. Se tiende más a la literalidad y a explicitar, es un régimen más obsceno.

-¿Esta explosión de la pulsión escópica, de la pulsión por mirar y ser mirados, cuáles crees que son las consecuencias tanto positivas como negativas?

-Ahí hay varias cosas para pensar. No sé si esta explosión se vive igual en distintos contextos. Tenemos que estar atentos a cómo se configura en el contexto argentino. Hay una cuestión de la imagen que ha sido y es muy fuerte y se le da mucho poder a la mirada de los demás,  y las tecnologías exacerban esta voluntad de mirar y ser mirado.

Retomando una idea de Foucault “Cada nueva libertad genera nuevas sujeciones” ahora tenemos mucha más libertad para mirar y ser mirados pero este genera nuevas sujeciones sobre las que hay que estar atentos

Las imágenes que circulan por muchos lados, crean, por ejemplo, la difusión de un ideal o clase media aspiracional, todos vemos cómo viven los ricos y esto genera una aspiración mucho más fuerte. Eso puede tener una fuerza igualadora pero también un nivel de sufrimiento y de violencia mucho mayor.

El ámbito de la sexualidad también se está transformando con las nuevas tecnologías. Este aspecto voyeurístico y hasta obsceno de este régimen escópico , esta pulsión a mirar y ser mirado genera varias cuestiones que a nivel de la sexualidad son un poco problemáticas. Por ejemplo la industria pornográfica como nuevo ideal de la sexualidad y el cuerpo. No lo digo desde un lugar moralista, sino porque hay ahí una versión muy ideal de qué cuerpo hay que tener, que es lo que hay que mostrar y más que libertad se ven sujeciones muy fuertes. Una mirada muy masculina sobre el cuerpo femenino, una idealización del cuerpo perfecto y que partes hay que mostrar, qué partes son eróticas. La intimidad se vuelve extimidad, algo muy público.

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Esta cuestión de mirar y ser mirado, y que todo deba mirarse también tiene cambios en relación a las prácticas de conocimiento y de saber que tenemos. Desde hace un siglo se viene construyendo una posición de sujeto que conoce como sujeto omnisciente que todo lo puede ver y saber, que es en un punto muy arrogante y bastante erróneo. Nadie tiene por qué conocer ni saber todo. Eso en términos de conocimiento es una posición engañosa y éticamente problemática, porque refuerza un lugar de los seres humanos como casi dioses.

-¿Este hombre que quiere saber todo es una de las consecuencias más negativas que encontrás?

-Sí. Hay un caso muy sintomático de estas nuevas condiciones. Hay una charla Ted de un vicepresidente de una empresa de tecnología, en la que él explica la necesidad de superar con la inteligencia artificial las propias limitaciones de nuestra cognición poniendo el siguiente ejemplo: “yo voy por la calle, me encuentro con una persona extremadamente inteligente que me hace una pregunta difícil y yo no sé qué responderle. Imaginen si yo tuviera a mi disposición no solo los miles de millones de neuronas que tengo en mi cerebro, sino un chip con el que me puedo conectar a la inmensidad de información disponible en la inteligencia artificial y cuando el me pregunte, yo le pueda responder la respuesta inteligente que desearía tener”. Entonces cuenta que están avanzando en esta producción de chips que se pueden implantar en el cerebro para acceder a cogniciones superiores. La anécdota en sí para mi es escalofriante. ¿Qué pasa ahí con la subjetividad humana?. Estamos cada vez más maquínicos, más robotizados. La especie humana cambia y seguiremos cambiando. Este señor no soporta no tener la respuesta a una pregunta, yo me pregunto ¿por qué es tan grave? ¿por qué no escuchar a otros que tienen otras respuestas? ¿por qué necesito tener la cognición superior? Es una utopía casi de pesadilla en estos desarrollos que no soportan la finitud humana. Las limitaciones propias de nuestra especie también nos hacen humanos. Esta parte ética y política de “seres superiores” es muy complicada. Esta es la gente que está en este momento produciendo los avances más importantes en inteligencia artificial y no lo están consultado con nadie más que con su comité directivo de las empresas. Cuando queramos ponernos a conversar ya lo van a estar vendiendo. Urge tener conversaciones públicas y estatales sobre estos temas.

-¿Hay diferencias entre las maneras de relacionarse, aprender y amar entre millenials, centennials y otras generaciones? ¿crees que el scrolleo sistemático afecta el autoestima?

-El tema de millennials y centennials encubre otras diferencias internas a las generaciones que son importantes y a veces explican más. Más que de generaciones, hablaría del acceso y la sobreexposición a las imágenes y las redes sociales, que desde ya afectan las maneras de relacionarse y amar. Hay que estar atento a eso y sería muy bueno también incluirlo en los contenidos a trabajar en las escuelas

Los chicos hoy crecen muy acostumbrados a la velocidad, a la inmediatez. Crecer con esto como único horizonte produce efectos. El mayor problema es estar muy pendiente de una aprobación de los demás. Genera inseguridad y una dependencia muy fuerte en la forma de construir identidad. Hay una necesidad de gratificación inmediata y menos capacidad de lidiar con las dificultades en el vínculo con los demás. Eso se ve en las formas en que aparecen hoy problemas entre los chicos. Estaría muy bien hacer un catálogo de los nuevos conflictos que aparecen a partir de las redes sociales, conflictos que tienen que ver con la propia imagen. Son problemas nuevos amplificados por un público muy grande.

-Hablando de amor, ¿cómo encarar una educación amorosa sin que se confunda con sentimentalismo o falta de rigurosidad?

-Es muy difícil, hay que trabajar mucho en la formación docente porque efectivamente, la cuestión afectiva está muy tomada por discursos new age, un sentimentalismo o moralismo muy fuerte. Hay que trabajarlo con más pluralismo y respeto con respecto a las dimensiones íntimas y afectivas que se juegan. Hay que construir una posición ética, sabiendo que estamos trabajando en una dimensión muy personal y tenemos que hacerlo con una responsabilidad pedagógica en la formación de las nuevas generaciones que se apoye en el amor que le tenemos a las nuevas generaciones y al mundo. tomo la definición de Hannah Arendt “la educación es un acto de amor a las nuevas generaciones y al mundo”.

-¿Y cómo estimular el pensamiento crítico en un registro de post verdad como el actual?

-Es uno de los grandes problemas. Desde las disciplinas escolares se podría trabajar muchísimo más. Una forma es la construcción de argumentos con una lógica científica versus el régimen de la opinión donde digo lo que se me ocurre, lo que me gusta o no me gusta. No pienso en la verdad como una verdad única o revelada, la verdad es un acuerdo provisorio, cada uno construye su propia aproximación a la verdad, que es en diálogo con los otros. Educar en esos criterios es fundamental y también mostrar el valor y las ventajas que tiene eso frente a una post verdad donde hay mucha manipulación y gana el que tiene más acceso a medios poderosos para moldear la opinión de los demás. Eso es muy peligroso para la democracia, tenemos que ponernos a trabajar en eso de manera urgente (www.cultura.gob.ar).

TRES CLAVES PARA EL DOCENTE DE HOY

1- Contra la inmediatez: usar la conectividad con sensatez. Enseñar a detenerse a mirar, la escuela tiene que ser un espacio-tiempo que permita una cierta distancia crítica, una desconexión y una mirada reflexiva. Los chicos agradecen tener espacios y tiempos más tranquilos porque puede descansar contra algo que les genera ansiedad.

2-Contra la estandarización de lo viral: Ampliar el repertorio visual. Darle lugar a diversidad de imágenes que traigan otras perspectivas y estéticas. Pensar en las bibliotecas escolares como espacios de la biblio-diversidad.

3- Contra el fenómeno selfie: volver a mirar al mundo. La mirada es cada vez más hacia adentro, mirarse más a uno mismo que a los demás es tener menos preguntas sobre el mundo. Hay que hacer una acción contra-cultural, volver a plantear interés sobre mirar al mundo, y plantear  preguntas sobre él a través de la literatura, la sociología, los estudios culturales, la historia.

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