Ivana Svoboda, cóctel creativo

Bartender, sommelier, emprendedora y rapera patagónica. También conocida como Ivana Katana, creció en Diadema, se formó en Buenos Aires y volvió para llevar la coctelería local al próximo nivel.

(Por Flor Nieto) Nació en Comodoro. Diadema, su barrio de toda la vida. Creció libre, recorriendo cerros y calles, nadando a mar abierto. Se mudó a Buenos Aires para estudiar Gastronomía y descubrió la Coctelería. Trabajó con los mejores, volvió y creó Lima Coctelería. A la par desarrolló una nueva dimensión con nombre propio, Ivana Katana. En 2016 editó su primer EP con cuatro canciones. En 2018, los singles “Próspero”, “No Te Vayas” y “Suerte Maldita”. Tocó en el Aniversario de la ciudad, en la edición local de Feminoise, en el Socio Fundadores acompañando a Cosecha Especial y portales especializados del género MC la destacan como promesa de la nueva camada nacional. Ivana hace de todo y se destaca. Hoy repasamos su historia, su música, su trabajo y filosofía.

Diadema tiene algo…

La mística del barrio, de tener tanta libertad, tanto contacto con la naturaleza, estar lejos del centro. Yo creo que es eso. Vivís en una comunidad aparte con sus reglas, su dialéctica, su juego y eso creo que lo enriquece a uno. Le da cierta mística. Imaginate que no teníamos tele. Somos de la generación en la que para comunicarte por teléfono tenías que llamar a la central y decir: “Por favor comuniqueme con la casa de Rodríguez” y te enganchaban. No había tanto acceso a la tecnología. Creatividad a full y todo el tiempo, creo que eso lo hace especial y las personas que nacen ahí tienen ese toque distinto. Hay algo, sí.

Después te fuiste a estudiar…

Después me fui a estudiar Gastronomía a Buenos Aires. Siempre me gustó cocinar. La gastronomía me llevó a conocer el mundo de las bebidas. Primero la coctelería y después los vinos. Si bien va todo de la mano me incliné por las bebidas después de trabajar en cocina y sufrirla bastante -risas-.

¿Y qué encontrás en la coctelería?

Me gusta esta libertad de crear, de hacer mezclas, de investigar, ver qué funciona con qué. Va de la mano de la cocina, hacer almíbares, infusiones, macerados, es alquimia todo el tiempo. Me parece alucinante, me encanta.

Hiciste la carta de Zavad…

Estuvo bueno. Está bueno porque creo que abrió las puertas al mundo de la coctelería que en Comodoro estaba un poco atrasado. En Buenos Aires la coctelería pegó hace 15 años, hay bares por todos lados, todo el tiempo están abriendo. A nivel mundial está posicionado pero en Comodoro faltaba, a veces llega todo más tarde. Este bar se animó a romper un poco con los tragos clásicos e ir más allá, la gente lo súper aceptó. La cultura de coctelería está creciendo.

Además crece con Lima…

En Lima nos dedicamos a hacer tragos para barras de eventos. También asesoramos bares, capacitamos gente, hacemos cursos, talleres, todo lo que tenga que ver con coctelería y ahora de a poco estamos agregando vinos. Además soy sommelier. La cerveza recontra pegó en todos lados, la coctelería está pegando y faltan los vinos ahora. Creo que está bueno ir por ese lado. Hace poco también asesoramos un bar en Caleta Olivia, el primer bar con coctelería de autor apostando fuerte a la gastronomía. En el 2011/2012 llegué de Buenos Aires e hicimos un club de coctelería con House, tapeos, el primero. De a poco fue creciendo, en ese momento estaba todo muy verde, ahora está aceptado y la gente lo pide.

Y persistir…

Fue súper difícil. Me pasó de estar trabajando en los mejores bares de Buenos Aires con los referentes del momento, Inés de los Santos, Javier Sosa, en Astrid & Gastón, Club M, Isabel, estaba en la vanguardia de la coctelería, volví y me enteré que todavía acá lo más pedido era Daikiri, Fernet y Gancia. Fue un poco frustrante al principio. No se entendía. Sobre todo en los eventos, a veces querían tomar barato, mucho y no les importaba la calidad, eso pasaba. Ahí me incliné a la vinoteca y ahora puedo decir que ya no es así como en el 2012. Le busqué la vuelta porque esto es lo que me gusta, es lo que sé hacer. Si no había bares en los que podía trabajar y no se apostaba por eso, hacer el camino para llegar a la gente porque hay público. Hay que mostrar, hacer que prueben para que se animen. Hay muchos prejuicios: “El whisky es para hombre, el Daikiri es para minas” esas cosas que no tienen sentido. La bebida es para todos. Fue todo un aprendizaje que estuvo bueno y ahora estoy viendo sus frutos cuando te llaman para asesorar bares, para mí Zavad fue un despegar grande. También buscarle la identidad, acá se toma el Bon o Bon, es de acá y no se toma en otro lugar del mundo, entonces hice el Ferrero y así buscando adaptar la coctelería porque tampoco podés irte por las nubes. Empezar por sabores conocidos para después subir la apuesta.

¿Nos contás la historia de Lima?

Primero empecé con una vinoteca que se llamaba Lima en el 2005. Estuvimos tres años, después la cerré y siguió el proyecto no como vinoteca sino como empresa dedicada a barra de eventos y capacitaciones. Siempre hicimos ferias, siempre capacitamos, no sé cuántos alumnos hemos tenido pero estamos expandiendo un poco la cultura. Siempre intentando innovar con cursos, siempre hacemos el de coctelería clásica, ahora hicimos el de Navidad, el de Coctelería Patagónica, con productos locales y destilados de la zona, así hay un montón de cosas para hacer. Es un desafío personal todo el tiempo estar creando, inventando, buscando bebidas, productores de la zona. Es infinito, es investigación, curiosidad, eso es lo divertido. También valorar lo que uno tiene en vez de estar mirando hacia afuera o tomar gin de Londres y acá están haciendo mucho. Hay vodka, hay licores, hay bitters, ahora está el boom de los vermouths. Aparecen un montón de botellas nuevas, accesibles. Hay un montón de cosas que quizás tenemos en el patio pero que nunca nos animamos a probar o hacer algo con eso, lavanda, rosa mosqueta, flores comestibles. Es un viaje de ida. Cuando empezás a tomar bien y a entender por dónde va el equilibrio, el sabor, no volvés hacia atrás, siempre querés más e ir mejorando, ampliar el paladar con sabores, texturas, está interesante y está interesante que pase. Podés tener un preferido, yo lo tengo.

¿Cuál?

Me gusta mucho el Gimlet que es a base de gin, jugo de limas y almíbar. El Negroni también y el Sidecar, esos están mano a mano -risas-.

¿Cómo es el proceso de crear un trago?

Primero tener en cuenta qué es lo que quiere la gente y darle el estilo que uno tiene, ver qué productos se consiguen durante todo el año, crear para cada trago una identidad. Que tomar un trago sea viajar en el tiempo a un lugar, a un momento. Todo, la decoración, el nombre, el sabor, tiene que estar todo en equilibrio para que sea algo memorable. Eso es lo bueno de la coctelería, de los vinos, de la gastronomía en sí, más allá de tomarte un trago estás viviendo un momento. Si estuvo bueno, lo recordás, siempre. Está re bueno esto que está pasando, que la gente se anime a probar, a salir de lo clásico. Sobre todo las mujeres, el público femenino es el que va mucho más por los tragos. No sé por qué, quizás porque somos más curiosas, o prestamos más atención a los detalles, al pétalo, al hielo, todo. No sé, pero me sorprende eso.

¿Nos contás la historia de Ivana Katana?

Empecé en el 2005, 2006. Siempre escuché rap, me encantaba y me animé a hacerlo. Saqué el primer EP para el 2005-2006. Arranqué como un hobby, es otra de las facetas creativas que tengo. Está bueno, conocés mucha gente, viajás, me gusta, es adrenalínico, emocionante, está bueno escribir, es otra manera de expresarse. Ahí estamos. Ahora un poco en stand by pero son momentos que uno tiene. Siempre estoy tocando. También hice un par de videos. Es algo paralelo, mi vida no está enfocada en eso, es algo más para expresarse.

¿Te acordás del primer show?

Fue en Collage, súper under en ese momento. Toqué cinco temas y estaba súper nerviosa, tenía miedo de olvidarme las letras y todo lo que implica subirse a un escenario con un micrófono por primera vez. Lo hice bien, me fui animando, me fui soltando cada vez más. El segundo show fue en el Socios Fundadores, nos invitó Cosecha Especial, estaba lleno, ahí tenía mucho pánico -risas-. Después de tocar, ahí mismo, la adrenalina que sentís es impresionante. Después uno va perdiendo el miedo, se va relajando, lo disfrutás más. Al principio estás medio tenso, con miedo de equivocarte pero subís un par de veces y ya se te pasa. El año pasado también tocamos en el cumpleaños de Comodoro. Ahora se está viendo algo más, no sé si después de Feminoise que se empezaron a animar, pero hay un montón de chicas que están haciendo cosas. A veces es difícil subirse o conseguir el espacio para mostrar tu arte. Es un público súper masculino en el que el sonidista es hombre, el que te atiende en la puerta es hombre y a veces para una mujer sola es difícil pero bueno, hay que romper todo eso y atreverse.

Además tocaste en Feminoise…

Tengo una amiga que está en la organización y nos invitó. Nos juntamos entre varias artistas y colaboradores, armamos un colectivo, nos organizamos con artistas y feriantes. Fue todo a pulmón. Ya se organizaba por todas partes del mundo, ya tenía un nombre pero lo terminamos de armar acá y también se hizo en Caleta. Después también más allá del nombre y la fecha siguieron, hicieron Halógena, Fiesta Épica. Eso está bueno, sin importar lo que pase se puede hacer o rearmar. Autoconvocarse y hacer. La verdad que estuvo muy bueno. Bocha de gente, todas mujeres en el escenario, estuvo re bueno.

¿Cómo surgen las canciones?

Las canciones dependen mucho del estado de ánimo y de lo que quiera expresar. Pueden ir desde críticas políticas, sociales, a veces es más un sentimiento propio o estado anímico. Pueden ser de amor, de tristeza. La idea también es no siempre hablar de lo mismo pero bueno, hay días que estás mejor, hay días que estás peor, días que querés protestar, días que querés estar melancólico y va variando la letra. También depende de los beats, hay beatmakers que a veces me pasan beats y cuando escucho algo que me inspira digo: “Ah, acá puedo escribir”. O a veces empiezo a escribir sin tener nada en la cabeza. Por ahí va saliendo y fluye. Hay que tener tiempo, tranquilidad, ganas y a veces es difícil que se dé todo. También ahora estoy estudiando abogacía. Hay que tratar de dosificar y si lo hacés llegás. Me anoté este año de inquieta que soy -risas-. Me enganché bastante. Es volver a los 18 años, encima yo egresé de ahí del CUP. Además uno está más grande, te lo tomás distinto. Uno va decidido a hacerlo, a no perder tiempo, es más factible que lo empieces y termines. Todo suma, estudiar suma.

Coctelería, música, abogacía, emprendedorismo…

Son etapas, la coctelería me encanta pero ahora me estoy enganchando con los vinos -risas-. Ser tu propio jefe es genial pero también te da mucha incertidumbre, mucha. Por ahí tenés laburo dos o tres meses y se termina. Ahí tenés que estar súper fuerte, centrado y creativo para salir a buscarlo o generar. Son muy pocos los que te llaman o tocan la puerta, ahí tenés que estar muy bien parado y salir a pelearla. Vivís así. Te administrás distinto, en esta necesidad de buscar trabajo es ahí cuando surge la creatividad también, activás. Surge. Eso hace que estés todo el tiempo en movimiento, generando.

¿Hay algo sobre ser emprendedora que te hubiese gustado que te adelantaran antes de empezar? ¿Y artista?

Me hubiese gustado que me digan que es difícil pero que la satisfacción es enorme y creo que hay que animarse y confiar en que es posible. No tener miedo de la frustración, porque te puede ir mal. A mí me ha ido mal muchas veces pero seguí intentando y lo sigo haciendo todo el tiempo. Está bueno, es reconfortante. Es un desafío personal con uno mismo todo el tiempo y no podés decaer, no podés ir hacia atrás, una vez que encaraste tenés que bancarte todos los desafíos que vengan, cuando te va bien, cuando te va mal, cuando te critican, cuando te copian, hay de todo pero hay que seguir. Es súper difícil. Hay mucha competencia, hay gente maliciosa, hay que estar preparado o prepararse en el camino, mantenerse alejado de lo que no suma, no invertir la energía en cosas que no valen la pena. No dispersar energía. Es bastante solitario el camino, todo depende de vos. Para las mujeres artistas viene de la mano, romper con el tabú, con lo que digan del resto, con las críticas, con el creer que no se merecen subir a un escenario, hay que animarse a todo. Criticar siempre nos van a criticar y si lo sabemos ya está, no hay que preocuparse. Hay que apoyarse, apoyarnos entre nosotras. Animarse, una vez que te subís al escenario ya está, no te baja nadie -risas-.

“Tengo ganas de aprovechar estos tres meses sin universidad para hacer temas nuevos, si puedo un video, tengo ganas de hacer un libro, seguir con los vinos. El vino está muy abandonado y es una bebida fabulosa, tratar de llegar a la gente a través de cursos, eventos, degustaciones, que se animen a explorar los sentidos a través de la bebida y la gastronomía” adelanta. Podés probar sus creaciones en Zavad, seguir su emprendimiento buscando “Lima Coctelería” en las redes y escuchar su música en YouTube. Ivana Svoboda, Ivana Katana. Alquimia pura en constante movimiento.

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