Nadadores del Golfo: Cardumen de amigos

(Por Facundo Paredes) A Gabriela Córdoba le inyectaron tres dosis de adrenalina pura para que no se muriera. Sí. Tres. Pasaban las horas y no le encontraban solución. Último recurso. El corazón resistió y reaccionó. Tras este episodio, a Gabriela, conocida como la “Peque”, le hallaron nombre y apellido a su extraña enfermedad: angioedema hereditario (tipo 3).

Poco más de 300 personas tienen este padecimiento en la Argentina, que se caracteriza por una deficiencia de la proteína sanguínea inhibidor C1. Después del descubrimiento y diagnóstico, Gabriela salió a flote y comenzó otra vida. Ella lo denomina como un “extra bonus” y lo cuenta con tanta frialdad que te deja mudo. Como desde chica vivió en San Martín y Moreno, a tres cuadras del mar, la costanera de Comodoro Rivadavia era el patio de su casa. Por eso, en esta “segunda oportunidad” retomó su pasión: la natación. Se compró el traje de neoprene, lo colgó en su armario, lo miró por unas semanas, dudó, hasta que un día se cansó y se convirtió en la última incorporación de los Nadadores del Golfo, un grupo que comenzó de cero, conociéndose con el paso de las mareas, y terminó siendo una familia acuática que aventura en las aguas abiertas. Un cardumen de humanos y buenos amigos.

Ezequiel Muñoz es el presidente e ideólogo de Nadadores del Golfo. Es guardavidas, técnico y profesor de natación, es de Buenos Aires pero arribó a la ciudad del viento por cuestiones laborales. Su primer trabajo fue como guardavidas en la playa de KM4. Luego comenzó a dar clases de natación en la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) y desde el 2016 es el coordinador de la pileta “azurra”.

“El objetivo de una persona grande, entre 40 y 50 años, que empezaba a nadar desde el comienzo era que a fin de año se meta al mar. Muy pocos creían que era posible, pero lo hicimos. Realizamos una movida para que todos tengan su traje por primera vez. Así fue como nació, prácticamente se fue dando solo entre los alumnos y yo. María Laura Szymanski me dijo que tenía que explotar esto, porque había mucha gente. A lo primero, yo no quería saber nada, era mucha responsabilidad y recién estaba arrancando. Después busqué a mis allegados y armé un equipo de trabajo”, cuenta Ezequiel.

Nadadores del Golfo es Merlí en versión marino. Para el que no es amante de Netflix, Merlí es la -entre mayúsculas- serie española. Ezequiel ocupa el rol del profesor y en vez de enseñar filosofía, instruye sobre el mar. Él admite que a veces lo odian, lo quieren, pero que lo hace porque es un apasionado.

“La primera vez que me metí al mar fue con mi esposo, un compañero y Ezequiel. Vi la inmensidad y la cabeza me jugó un papel muy importante. Ezequiel me dio la confianza, me acompañó, él siempre está apoyándote, porque es avasallante. Te sentís muy pequeñito en algo gigante”, relata Andrea Cuello una de las nadadoras. “Al vencer ese miedo y lograr una meta, la sensación es indescriptible”, agrega.

El grupo surgió en enero de este año. Muchos fueron y son alumnos de Ezequiel, el punto de unión que conectó a uno por uno. Sus tareas se basan en promover la actividad, dar el empujón a quien nunca se animó a nadar en aguas abiertas, pero que siempre tuvo las ganas o no tiene compañía, y concientizar sobre el medio ambiente, cuidado y limpieza de playas. No se fijan en lo competitivo, sino más bien en el goce. La cúpula del team sostiene que es totalmente recreativo, pero que “el pack viene todo junto”, ya que quieren nadar en aguas limpias, entonces, además de su propia voluntad, ponen énfasis en el mantenimiento del espacio.

“Por otra parte, a nosotros nos gusta verle la cara a la gente cuando sale del agua. Es una satisfacción hermosa”, añade Leonardo, el marido de Andrea. “No deja de ser lo que nosotros sentimos”, esclarece la “Peque”. Es un espejo. Se retroalimentan. Los miembros del grupo afirman que es raro que una persona que se metió al mar, no quiera volver. Lo transmiten con tanta energía que hasta al que no le gusta o no sepa nadar le den ganas de explorar e imaginar braceada tras braceada en el medio del océano.

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El mar tiene otra energía y necesita también del conocimiento de otras técnicas. “Nadar en el mar es diferente,  en el mar no tenés puntos de referencias como en la pileta, los tenés que buscar vos. Además la sensación de nadar también es otra, es mucho más libre nadar en el mar, te sentís mucho más liberado nadando en el mar con respecto a la pileta que tenés que seguir una línea; en el mar lo único que seguís son las referencias fijas que te da el paisaje”, explica Ezequiel.

En la cresta de la ola

A fines de septiembre, cuando se llevó a cabo la “Expo Deportes 2019” que organizó la municipalidad, los Nadadores del Golfo, con Ezequiel en el timón, dieron una clínica junto a Cecilia Biagioli, una de las mejores nadadoras argentinas y múltiple medallista en panamericanos y sudamericanos, en la costanera de Comodoro. Si bien en la ciudad -por ser costera- hubo y hay actividad, este grupo levantó la ola que sacudió la rompiente. Fue tanto el crecimiento, que en el ambiente hay un grupo de WhatsApp llamado “Nadadores Unidos de la Patagonia” con más de 100 integrantes. Es decir, no es exclusivo para los comodorenses, hay personas de Caleta Olivia, Rada Tilly, entre otras localidades.

Pero… ¿por qué sucedió esto? “Hace siete meses, salía de trabajar de la CAI y me iba a la costanera a dar clases gratis. La gente venía y me quería pagar, pero yo les decía que no, porque tenía una visión a futuro. Sabía que iba a crecer y que en algún momento iba a pasar esto. Mucha gente se sumó y pasó de boca en boca. Yo daba, daba, daba y ahora vuelve lo que di por mucho tiempo. Actualmente trabajamos con socios, porque todos los que se meten a nadar con nosotros tienen un seguro de vida, respaldo por mí que soy guardavidas y por los chicos que hicieron cursos de salvamento, RCP (reanimación cardiopulmonar). En los eventos tenemos una ambulancia, prefectura y brindamos la seguridad que se necesita”, explica Ezequiel.

De igual modo, aunque el grupo se formalizó como asociación civil integrada por 11 nadadores amateur, no tiene un espacio físico. Se tienen que cambiar en los autos, no tienen baños ni lugar donde guardar sus pertenencias. Sin perder de vista el clima, debido a que algunos, como la “Peque”, por citar un ejemplo, nadan en todas las estaciones del año. Primavera, verano, otoño e invierno, más allá del calor y el frío.

“Una sede sería un sueño, pero ahora nos enfocamos en invitar e incentivar a muchos más. Queremos comenzar una escuelita de menores y enseñarles, aparte de lo técnico, a valorar lo que tienen, el acceso al mar, una playa limpia y que sean conscientes del medio ambiente. En un futuro, también, vamos a organizar travesías de diferentes modalidades”, señala Guillermo Reina, uno de los fundadores.

Lo que sí es seguro es que, a pesar de los pocos meses de vida, “Nadadores del Golfo” puso el ancla en la ciudad. Es una secta que tiene ganas de hacer. Se dieron cuenta que ni las bajas temperaturas ni las fuertes ráfagas de viento impiden su convivencia con el mar. Transitan 23 horas en la tierra, pero se liberan por 60 minutos fuera de ella. Quieren transmitirle al mundo que esa hora de desconexión no sólo es mojarse el cuerpo, porque detrás de la actividad existe un mar de aventuras y experiencias.


Bautismo acuático

A los ingresantes los bautizan con una braceada grupal hasta el “Minga”, el histórico velero de color amarillo que flota en los alrededores del puerto de Comodoro Rivadavia. Mientras los “bautizados” realizan el tramo, los demás miembros aplauden y festejan la bienvenida.

Tienen que tocar el barco y luego volver hasta la orilla. Es un ritual de la casa para que los nuevos nadadores se afiancen dentro del agua y disfruten de la actividad sin ningún tipo de temor, ya que las técnicas de pileta con respecto a las aguas abiertas son muy distintas.

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