La Unión Europea enarbola la bandera de la ambición en la Cumbre climática

La lucha contra la crisis climática es, bajo el prisma de la teoría de juegos, un juego cooperativo: las decisiones individuales son escasamente efectivas, porque hace tiempo que se sabe que las nubes de contaminación cruzan el océano Pacífico desde China hasta California, así que es necesario coaliciones de jugadores para ganar.

Sin embargo, en la Cumbre del Clima de Madrid tan solo la Unión Europea, de entre los grandes jugadores, enarbola la bandera de la ambición, de forma que las negociaciones se plantean como una transición que encarrile la reunión del año próximo en Glasgow.

COP25

En este sentido, el gran objetivo de la COP25 es que los países del Acuerdo de París -firmado en 2015 por 195 países, todos excepto Nicaragua y Siria, aunque Estados Unidos ha anunciado su retirada- se comprometan a acelerar la reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero en los planes, denominados contribuciones nacionales previstas (NDC, en sus siglas en inglés), que deben presentar en 2020, ya que se deben renovar cada cinco años y con mejoras respecto al anterior.

Hay otras metas relevantes, como las negociaciones en torno al desarrollo del artículo 6 del Acuerdo de París, que es el que debe establecer las normas de cooperación internacional y, en última instancia, fijar las reglas para crear un mercado global de emisiones de dióxido de carbono, y que fracasaron en la cumbre de Polonia de 2018. O avanzar en el artículo 9, que reconoce las ayudas de los países desarrollados a los países en desarrollo por la transición climática: aunque se pretende crear un fondo de 100.000 millones de dólares, las aportaciones, por ahora, son insuficientes. Pero la clave estará en los compromisos adquiridos a futuro.

Comentar
- Publicidad -