ARA San Juan: indagatoria clave a López Mazzeo

Almirante se defendió por el naufragio del submarino: “Las imputaciones son inconsistentes nadie sabe las causas del naufragio”.

El contralmirante retirado Luis Enrique López Mazzeo excomandante de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada prestó declaración indagatoria el lunes pasado. Estuvo desde las 11:00 hasta las 21:45 en la sede del tribunal federal de Caleta Olivia a cargo de Marta Yañez que lo imputó por el presunto delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público en ocasión del naufragio del submarino ARA San Juan.

El largo interrogatorio de la magistrada con participación del fiscal (Lucas Colla) se orientó a buscar hechos y dichos que demuestren que López Mazzeo, máxima autoridad operativa de la fuerza, pudo evitar la zarpada del San Juan antes del trágico suceso. Así planteada, la indagatoria lució como una hipótesis cuyos fundamentos; una colección de tareas de mantenimiento previas, sumado a informes del inspector general de la Armada correspondientes a 2016 y 2017 señalando novedades en sistemas y mecanismos, todos ellos resueltos; perdieron sustento y fuerza de prueba con el documento clave que firmó el propio comandante del submarino, capitán de fragata Pedro Fernández, antes de la fatídica navegación; la lista de prueba de 48 horas dando aceptación a la operatividad de la nave.

“Fueron ejecutadas sin registrar novedades de acuerdo a las declaraciones del teniente Juan Vianna quien finalmente no abordaría la nave” resaltó el indagado.

“No hubo ninguna obra pedida por el comandante del ARA San Juan que no se ejecutara por falta de presupuesto”, aseguró López Mazzeo ante el tribunal.

Esta imputación es “dudar de la profesionalidad y honestidad del personal especializado de la Armada, técnicos, ingenieros, suboficiales y oficiales que trabajaron en los Arsenales y Talleres navales en el acondicionamiento del buque, y muy especialmente del capitán Fernández y la tripulación del submarino, que verificaron cada reparación y puesta a punto elaborando el Índice del Estado del Material (ICEM) con una calificación de 4,25 sobre 5, habilitándolo para operar en el ejercicio naval en el cual participó”.

Los abogados Ricardo Saint Jean y María Laura Olea, defensores de López Mazzeo reclamaron en un escrito “Si no se le explica cuáles son los deberes omitidos provocantes de ese naufragio, ¿cómo se puede defender?”.

El abogado expresó: “No sabemos si fue una falla del material, una mala maniobra, una avería imprevista, no tenemos idea. Hay proyecciones o hipótesis, pero queda en el campo conjetural.

María Laura Olea dijo que “Toda la documentación y la información obtenida en el momento de zarpar, indicaba que el buque estaba en condiciones de operatividad, incluso las otorgadas por el comandante del submarino”.

El letrado Saint Jean completó; “Es imposible defenderse de una imputación cuando no se sabe las causas reales del siniestro”. Todo parece apuntar a una acusación de “Haber violado el deber de cuidado (de la nave) y con eso haber aumentado el riesgo y ocasionar la muerte de los tripulantes y la pérdida de la unidad”

“A pesar de que hay algunas hipótesis, todo queda en un plano de conjeturas”, aseguró el abogado a la prensa. Salió a la luz un dato que Ámbito Financiero publicó en su edición del 27 de noviembre de 2017. En una videoconferencia celebrada el 22 de noviembre de 2017, López Mazzeo recibió de una alta autoridad de la Armada de los Estados Unidos, la confirmación de la explosión/implosión del submarino y la posición geográfica del suceso. En la indagatoria el contralmirante López Mazzeo señaló al almirante Marcelo Srur, exjefe de la Armada de ser un “cobarde y mentiroso” que “extendió la agonía” de los familiares de la tripulación del submarino “en forma inaudita” al no comunicar rápidamente que la nave había implosionado y el lugar donde había sido el naufragio. Se sabe que esa misma información, en sobre cerrado, también fue recibida por el ministro de Defensa, Oscar Aguad en la mañana del 23 de noviembre.

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López Mazzeo entregó un escrito central de su defensa que dice: “Fue la Armada Argentina, a través del suscripto, quien recibió la primera noticia del momento en que se produjo el evento hidroacústico que habría significado la implosión de la nave. Y fue el suscripto, en declaración testimonial, quien le indicó al Tribunal, en base a la tarea profesional del personal que conformaba su Estado Mayor durante la búsqueda, quien le señaló el lugar en donde creíamos que podría encontrarse hundida la nave. Fue el sitio en el cual -finalmente- fue hallada por el “Seabed Constructor”.

“Nuestra Armada y los expertos de todo el mundo ignoran las causas del naufragio del ARA San Juan. Pero aquí se nos indaga por haberlo causado”.

Si no sabemos ni podemos saber cuáles fueron las causas que produjeron el naufragio del ARA San Juan, ¿cómo puede establecerse que existió un delito y, peor aún, ¿cómo este me puede ser reprochado a mí o a cualquier otro personal de la Armada?

Y resalta: “Por comunicaciones del submarino que se encuentran documentadas y las declaraciones del Estado Mayor de esa Fuerza, sabemos que el San Juan sufrió una avería descripta como “ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n° 3, que ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barras de baterías de proa, que quedaron fuera de servicio. Pero sabemos que esa no fue la causa del naufragio, ya que reportó la avería sin daños para la navegación ni el personal, y que más tarde comunicó:

(i) Que estaban en inmersión a plano de periscopio, (ii) propulsando con circuito dividido, (iii) circuito de popa, (iv) con rumbo 015° y 5 nudos de velocidad en dirección a la Base de Mar del Plata, (vi) y que luego irían a plano 40 para entrar en el tanque de baterías Nº 3 y evaluar los daños.

Desde el mensaje que comunicó el principio de incendio hasta el evento hidroacústico que demostraría la implosión de la nave a 468 metros de profundidad, pasaron doce horas.

Desde aquel primer mensaje, todas las comunicaciones del submarino indicaron que la avería había sido controlada al punto de decidir sumergirse y navegar con rumbo a Mar del Plata. En ningún momento el Capitán Fernández solicita ayuda al Comando de la Fuerza de Submarinos ni declara emergencia.

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