Esta vez siente que puede ser…

Próspero Palazzo le ganó dos a cero a Talleres Juniors y se quedó con el Torneo Final de la categoría “B”. Ahora, el Aguilucho deberá jugar una final con Caleta Córdova para determinar el primer ascenso. El Aguilucho percibe que esta vez puede darse, que esta vez puede ser. Lo huele en el aire, lo sondea en vivencias que le tocó disfrutar en este segundo campeonato.

Palazzo que cree que esta vez puede ser el ascenso. “Porque lo merece la gente que sufrió con las finales que perdimos recientemente, porque este plantel también quiere revancha y porque necesitamos ascender para darnos una alegría nosotros y también a nuestras familias que siempre nos están respaldando”. La frase es de Emiliano Lúquez, quien junto a Andrés Vargas son -de algún modo- íconos de este Próspero Palazzo campeón.

El “rojinegro” sabe de golpes y frustraciones. De amarguras y sinsabores. Ahora quiere desatar la alegría de cambiar la categoría, de no sólo ser campeón de un torneo, sino de abrazar el ascenso, de pertenecer a la división superior. Eso desea el Aguilucho.

Y la buena vibra merodea por los aires que surca el Aguilucho. Porque en el movimiento típico de las aves -esa especie de planeo- mira la evolución en el predio, el modo que va cambiando la vista de una tierra que se transforma en el sueño de muchos.

A ese crecimiento de bases, lo acompaña esta etapa de alegrías deportivas que se trasuntan en la obtención de este segundo campeonato. Eso quiere el Aguilucho, que las excelentes noticias en materia de infraestructura tenga empatía con la deportiva y que la conjunción, ofrezca un brindis de fin de año como nunca antes.

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Ayer hizo lo que debía, ganar un partido de esos complicados, porque Talleres no se la hizo fácil en gran parte del desarrollo. Pero más allá del funcionamiento colectivo, Palazzo dispone de secuencias individuales que desnivelan en momentos precisos. En la primera llegada a fondo, penal del arquero Fernando Paredes a Andrés Vargas que después convirtió el zurdo Luciano Villafañez.

Y luego, en el segundo tiempo, cuando Talleres volvió a complicarlo, surgió el espíritu de lucha de José Sambueza para ganar con potencia, habilitar en una contra mortífera a Joaquín Villarroel y el goleador de instinto destructor, sacudió la red con un derechazo.

Allí se apoya la ilusión del Aguilucho. En lo curtido que está el temple después de los sufrimientos recientes, en la capacidad colectiva e individual de estos tiempos, en la aureola de bonanza que vive en el espíritu del club y sobre todo, en las ansias del grupo de jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, que quieren que se haga realidad el dicho aquel que menciona, “para saber gozar, primero hay que sufrir”.

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