Solicitan el arreglo y la instalación de semáforos sonoros en Comodoro Rivadavia

La iniciativa surge de Brenda Pilar Millar Gómez, una joven de 23 años que sufre de discapacidad visual desde su nacimiento. Actualmente se desempeña como estudiante de Comunicación Social en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) y al vivir en el barrio Stella Maris, sus desafíos diarios se convierten en una odisea ante la falta de semáforos sonoros.

En diálogo con Crónica, Gómez recuerda que la lucha comenzó en el año 2016, luego de la primera instalación de semáforos sonoros en el ejido urbano de Comodoro Rivadavia, tras la sanción de la ordenanza 12.376/16, impulsada por el Concejo Deliberante.

“En ese proyecto básicamente se detalla que Comodoro debería ser una ciudad accesible, entonces se lanza ese proyecto, promulgado por el Concejo y lo primero que se hizo fue instalar semáforos sonoros en algunos puntos estratégicos de la ciudad”, relató.

“Se instalaron en agosto de 2016 y funcionaron solo 4 meses”.

Esos semáforos fueron colocados en las Escuelas 746 y 766 y en la institución educativa para personas con compromisos visuales Nº 515, los cuales actualmente no funcionan. “A ellos se les suman otros semáforos en diversos puntos de la ciudad, en lo que es el casco céntrico, pero la realidad es que se instalaron en agosto de 2016 y funcionaron solo 4 meses”.

Asimismo, Gómez señala que luego de “pelear” para que estos elementos sean arreglados, algo que ocurrió tras varios meses, en marzo de 2017 dejaron de funcionar nuevamente. “Desde esa época hasta la actualidad no los han vuelto a arreglar. Mi lucha empezó como estudiante universitaria hace dos años y desde marzo de esa fecha vengo luchando para que instalen un semáforo sonoro en lo que es la calle José Ingenieros y Ruta Provincial Nº 1, frente a la Universidad”.

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En este sentido, manifestó que a pesar de llevar adelante una lucha constante y ardua, la misma se abre por distintos frentes, contando con un gratificante apoyo del Departamento de Licenciatura de Comunicación, quienes la han ayudado para que los semáforos se arreglen e instalen correctamente.

Odisea cotidiana

En otro punto de la entrevista, Gómez enfatiza que cruzar una calle en Comodoro Rivadavia no es nada fácil. “Hay lugares en los que hay gente que me puede cruzar, como otros no, pero de todas maneras me las ingenio. Me he llegado a guiar por los perros callejeros. Es una lucha que se hizo extensiva a un montón de lugares y decidí volver a retomarla para recibir las respuestas necesarias desde los propios funcionarios del Estado”.

Sesión en el Concejo Deliberante

Además, la joven puntualizó que tiene pendiente una sesión en el Concejo Deliberante, en la que le gustaría participar y brindar mayores detalles sobre el día a día de una persona con discapacidad visual y cómo todos los días inventan desafíos para manejarse en una ciudad que no es inclusiva.

“Quedarnos en nuestra casa no sirve y las herramientas de lucha hay que tomarlas y llevarlas a cabo desde un montón de maneras. Lo último en lo que pensé para volver a difundir el tema es preparar un spot radial”, agregó.

Llegar a horario a la cursada

Ya finalizando, Gómez expuso que para asistir a la UNPSJB debe salir de su hogar dos horas antes del comienzo de clases. “Para volver encuentro alguien con quien cruzar y tomo la línea 5 hasta el centro. De ahí me buscan mis familiares o espero otro colectivo, pero en el barrio en el que vivimos no tenemos muchas frecuencias de transporte y es una lotería viajar en este medio porque debemos adecuar nuestra vida a los colectivos”, concluyó.

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