Cuidado con los auriculares

cuidado con los auriculares

Ya sea como una forma de abstraerse, una moda, un pasatiempo o placer, el uso de los auriculares con música a muy alto volumen son algo tan frecuente que casi no lo notamos.

Vemos diariamente a miles de personas en transporte público, caminando, en una sala de espera, conectados a una radio, a una lista de música, etc. Nada tiene de malo excepto que en muchos casos, los decibeles están tan altos que permanentemente los oídos quedan por encima de la línea de riesgo.

El uso de auriculares no es nocivo si se controla el volumen de los mismos. Como generalmente se utilizan en exceso, los daños en el oído pueden ir apareciendo paulatinamente y al poco tiempo, convertirse en irreversibles.

Actualmente esta es la principal causa de hipoacusia en adolescentes. Al realizar la audiometría para comenzar la secundaria (niños entre 11 y 13 años) hemos advertido “escotomas” en sus audiogramas, es decir bajas en ciertas frecuencias que al preguntar sobre sus costumbres cotidianas, se relacionan directamente con hipoacusias inducidas por ruido.

Nunca es tarde para cuidar nuestros oídos

Se trata generalmente de pérdidas leves pero ese poco que el joven perdió, no lo recupera más y hacemos mayor hincapié en cuidar y proteger a todo el potencial auditivo que tiene, donde hablamos de millones de neuronas que están sanas y así deben seguir. Nunca es tarde para cuidar nuestros oídos y evitar daños mayores.

Cuando escuchamos música en un determinado ambiente, el sonido se propaga por el aire desde un parlante hasta nuestros oídos. Con el uso de los auriculares, al estar conectados a nuestras orejas, el sonido no puede dispersarse ni ser absorbido por, por ejemplo, acolchados, alfombras, cortinas, muebles, sino que queda hiperconcentrado a nuestros oídos.

En las últimas décadas, la tecnología logró que los aparatos (celulares prioritariamente) reproduzcan la música a intensidades que superan los niveles de riesgo. La mayoría tiene un máximo de 120 decibeles que equivale a colocarse a 30 metros de la turbina de un avión y que con solo quedarnos 20 minutos aproximadamente bastaría para provocar un daño en el oído interno.

Por suerte, estos, en los más jóvenes, tienen  mayor  elasticidad que en los adultos, ventaja que permite que a mayor intensidad y tiempo de exposición, el riesgo en los primeros sea menor. Pero sería necio, quedarnos con esta idea como justificación. Además, ya en estos tiempos, el acceso a la música, por la llegada de diferentes plataformas, es tan fácil y cómodo, que el abuso de auriculares hace rato que ya no es patrimonio de los adolescentes.

Programa preventivo audiológico

Un par de meses atrás, realizando audiometrías a trabajadores de una distribuidora, me encontré con dos personas de mediana edad con una hipoacusia que se correspondía a un operario de más de 35 años de actividad y sin haber tenido cuidados. Indagándolas, me comentan que bajan y acomodan cajones de bebidas (con el motor del camión encendido y golpeando los mismos entre sí y contra el piso) pero que las 8 horas que trabajan lo hacen permanentemente escuchando música. La zona de trabajo es a metros de nuestra ruta nacional número 3, donde el tránsito es permanente.  Estos hombres, de alrededor de 30 años, ya perciben una hipoacusia de grado moderado que no tiene solución.

He aquí la importancia del correcto y moderado uso de auriculares. Desde ya, en estos casos estaría faltando o fallando la presencia de un programa preventivo audiológico a nivel empresarial/laboral,  pero este ya sería otro capítulo.

Consecuencias: la hipoacusia en primer lugar, zumbidos, dolores de cabeza. Problemas laborales: se evidencian casos recientes de rechazos para ingresos a empresas, en menores de 25 años, por la presencia de hipoacusias (detectadas en el examen preocupacional).

Prevención:

Escuchar música a un volumen medio, no obstante  reducir el tiempo del uso de los auriculares, intercalando con algún parlante que tampoco deben excederse en su potencia. No utilizarlos en lugares muy ruidosos. Sería ideal no acompañar ciertas actividades deportivas con ellos. Sabemos que correr, caminar, andar en bici, aumenta la oxigenación de las células del oído interno, favoreciendo nuestra salud auditiva.

Es contradictorio anular esta ventaja “atormentando” a  nuestros oídos con altas intensidades, realizando el efecto contrario. Vaya aquí un llamado de atención para los gimnasios.

Para los padres: se sugiere especial atención cuando el sonido que emerge de los auriculares de sus hijos, puede ser escuchado por ellos mismos al colocarse a un metro o medio metro de distancia. Esto indica que posiblemente la intensidad esté por encima de los 85 decibeles (umbral de riesgo) si esto representa una rutina de más de dos horas por día, la lesión es casi un hecho.

Cualquiera sea la edad de la persona que disfrute de esta opción, frente a zumbidos, falta de percepción de sonidos agudos o sensación de oído tapado, debe consultar con un especialista para descartar una hipoacusia y porque no, recibir una charla acerca de los cuidados de nuestra audición y el uso adecuado de los auriculares.

Lic. María Eugenia Fernández. Fonoaudióloga. M.N. 5813 – M.P. 106

 

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