Acerca del colecho ¿es saludable?

Colecho

Colecho: ¡Es lindo dormir con los nenes, son tibios, y los queremos tanto! ¿Pero, es saludable?

NO. No solo no es saludable sino que es perjudicial para su adecuado desarrollo.

Por un lado, se priva al nene de tener su propio espacio y además se le enseña que el espacio de la madre y el del hijo se mezclan, que no son individuos separados sino una sola persona, que ambos están tan confundidos o fundidos como durante el embarazo. El acceso a la independencia queda de este modo obstruído, detenido en su desarrollo.

Si por una cuestión habitacional no existe la posibilidad de que el hijo tenga su propio espacio, al menos es importante que tenga su propia cama. La cama matrimonial es el lugar de la intimidad de la pareja, que el niño la comparta es fuente de confusión, en donde los roles no quedan claros. Es parte del crecimiento aceptar que la pareja tiene un espacio propio del que el niño queda excluído. La cama matrimonial es el lugar de la sexualidad. ¿Qué tiene que hacer un niño en ese espacio?

Una vez instalados resulta difícil sacarlos de la cama

El deseo de los niños de separar a los padres y ser amo y señor absoluto de la madre, es un universal. Los celos ante la unión percibida en la pareja son también universales. Los vemos tratando de ubicarse en el medio de ambos, de hacer escenitas cuando los padres se besan.

Esto es normal y parte de su crecimiento. Lo que no es normal es que los padres, en lugar de enseñarle con cariño que hay momentos para el hijo y otros para la pareja (especialmente la noche), se sometan a estos celos y “para que no se enoje, pobrecito”, le permitan dormir con ellos.

Una vez instalados resulta difícil sacarlos de la cama matrimonial. La principal dificultad es que a muchas madres les encanta dormir con ellos y los padres (que son quienes deberían defender su espacio como pareja), se ponen cómodos y aceptan la situación.

Se refugian en el “no se qué hacer”, no quiere dormir solo. Sería el momento de ayudarlos a aceptar la frustración, pero para lograrlo las mamis tienen primero que tolerar su propia frustración y resignar el placer de dormir con los hijos. Entendamos que la verdadera dificultad radica en los adultos, no en el niño.

La función de los padres es educar y no “ponerse cómodos”, “me gusta dormir con ellos” no es educar, es anteponer el propio placer a lo que un niño necesita. Es no ocuparse del hijo, es un modo de abandono.

La sobreprotección es inmadurez

Tener hijos implica una tarea, la tarea de prepararlos para la vida, de socializarlos y ayudarlos a que se independicen. Cuando un nene ya come, no necesita tomar teta. Prolongar la lactancia es satisfacer el deseo de la madre, no la necesidad del hijo.

Es función del padre reclamar a la madre para él y separarla del hijo en la medida en que este va creciendo. A veces hay largas cadenas de padres “mameros” que siguen ubicando a su madre en primer lugar, padres que al no cortar su propio cordón umbilical, no son capaces de hacer esa tarea por el hijo. Las madres entonces (quienes tal vez no se han separado tampoco bien de sus propias madres), se apegan por demás al hijo y no encuentran una ayuda en el esposo.

Para ser capaces de educar a un hijo, los padres tienen que poder renunciar a su rol como hijos-niños, dependientes de su familia de origen, y tomar en serio la tarea de armar la nueva familia enfrentando como adultos el matrimonio y la paternidad.

La moda del colecho y del destete prolongado, pone en evidencia que no es lo que está ocurriendo en nuestra sociedad. La sobreprotección es inmadurez y sin duda veremos sus consecuencias en los niños que sufren este tipo de abandono.

Lic. Diana Ponce MP 0040

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