El primer ministro etíope, Abiy Ahmed Ali, ganó el Nobel de la Paz

Los organizadores destacaron al político por su decisivo rol en la resolución del conflicto con la vecina Eritrea.

El Comité Noruego del Nobel concedió este viernes el Premio Nobel de la Paz al primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed Ali, “por sus esfuerzos para lograr la paz y la cooperación internacional, y en particular por su decisiva iniciativa para resolver el conflicto fronterizo con la vecina Eritrea”.

Abiy impulsó las negociaciones con el país vecino, contra el que Etiopía combatió entre 1998 y 2000. “En estrecha cooperación con Isaias Afwerki, el presidente de Eritrea, Abiy Ahmed rápidamente elaboró los principios de un acuerdo de paz para poner fin al largo estancamiento de ‘ni paz, ni guerra’ entre los dos países”, indican los organizadores.

Además, destacan que Abiy no se limitó a la resolución de los problemas de la política exterior. Así, los organizadores señalan que pasó sus primeros 100 días en el Gobierno “levantando el estado de emergencia del país, otorgando una amnistía a miles de presos políticos, deteniendo la censura de los medios, legalizando grupos prohibidos de la oposición, destituyendo a líderes militares y civiles sospechosos de corrupción y aumentando significativamente la influencia de las mujeres en la vida política y comunitaria etíope”.

Eritrea se separó de Etiopía en 1991 tras una guerra de independencia que se prolongó durante tres décadas. El conflicto bélico que se inició siete años después dejó casi 100.000 víctimas mortales, según el Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala. Las fuerzas eritreas lograron defender los territorios disputados, pero no se alcanzó un tratado de paz definitivo hasta el 9 de julio del año pasado, cuando Abiy e Isaias —presidente de Eritrea desde 1991— firmaron la Declaración Conjunta de la Paz y Amistad.

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En el año pasado, el prestigioso galardón fue concedido a la yazidí Nadia Murad, exesclava del Estado Islámico, por relatar al mundo los abusos sufridos por las mujeres cautivas del grupo terrorista, y al ginecólogo congolés Denis Mukwege, por sus esfuerzos para atajar la violencia sexual en los conflictos armados.

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